SANTOS JUAN Y PABLO,
Mártires
Honrad a todos, amad a los hermanos,
temed a Dios, honrad al rey.
(1 Pedro 2, 17)
- En Roma, en el monte Celio, los santos Mártires Juan y Pablo, hermanos, el primero de los cuales era mayordomo y el segundo secretario de la Virgen Constancia, hija del Emperador Constantino; y ambos, después, en tiempo de Juliano Apóstata, muertos por la espada, recibieron la palma del martirio.
- En Trento, san Vigilio, Obispo, el cual, esforzándose por extirpar completamente las reliquias de la idolatría, con una lluvia de piedras que por odio al nombre de Cristo le arrojaron aquellos hombres fieros y bárbaros, consumó el martirio.
- En Córdoba de España, san Pelayo, mártir, que a los trece años, por querer conservar su fe en Cristo y su castidad ante las costumbres deshonestas de Abd al-Rahmán III, califa de los musulmanes, consumó su martirio glorioso al ser despedazado con tenazas.
- En Nola, de la Campania, san Deodato, obispo, que sucedió a san Paulino de Nola.
- En una aldea de Poitiers, san Majencio, Presbítero y Confesor, esclarecido en milagros.
- En tesalónica, san David, Ermitaño, que pasó casi ochenta años recluido en una celda, fuera de los muros de la ciudad.
- En España, santa Perseveranda, Virgen.
- En Valenciennes, en Austrasia, santos Salvio, obispo, y su discípulo Superio, que llegaron a esta región procedentes de Arvernia, y que fueron asesinados bajo Winegardo, señor del lugar.
- En Gubbio en Umbría, san Rodolfo, obispo, que se hizo notar en la predicación y distribuyó con prodigalidad a los pobres todo aquello que consiguió sustraer de los gastos ligados a su persona.
- En Belley de Francia, san Antelmo, monje de la Gran Cartuja, que restauró los edificios destruidos por una gran nevada. Elegido prior, convocó el capítulo general, y designado obispo, se distinguió por su aplicación firme y decidida en la corrección de los clérigos y en la reforma de las costumbres.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.
SANTOS JUAN Y PABLO,
Mártires
San Juan y San Pablo eran hermanos. Constancia, hija de Constantino, en reconocimiento de sus leales servicios, les había legado una fortuna considerable de que se sirvieron para alimentar a los pobres de Jesucristo. El emperador Juliano los invitó a ir a su corte; pero respondieron que no querían tener trato con un príncipe que había renunciado a Jesucristo. Dioles el emperador un plazo de diez días para que se determinasen a adorar a Júpiter, lapso que aprovecharon para distribuir a los pobres los bienes que les quedaban. Cuando, al cabo de los diez días, Terenciano, capitán del cuerpo de guardias, vino a preguntarles qué decisión habían tomado, le respondieron que estaban dispuestos a dar la vida por el Dios que adoraban. Y fueron decapitados. El hijo de Terenciano fue librado del demonio que lo poseía, en la tumba de estos mártires. Este milagro convirtió a su padre.









