SAN MEDARDO,
Obispo
n. alrededor del año 456 en Picardía, Francia;
† 8 de junio del año 545 en Noyón, Francia
Patrono de los cautivos; prisioneros; enfermos mentales; campesinos; viñedos. Se lo invoca para pedir por buenas cosechas; buen tiempo; lluvias. Protector contra el mal tiempo; encarcelamiento; esterilidad; dolores de muela.
lo que el hombre sembrare, eso cosechará.
(Gálatas 6, 7-8)
- En Aix de Francia, san Maximino, que fue el primer Obispo de aquella ciudad, y de quien es tradición que había sido discípulo del Señor.
- El mismo día, santa Caliopa, Mártir, a quien, por confesar a Cristo, cercenaron los pechos, quemaron las carnes y revolcaron sobre tejuelas; y, al fin, decapitada, recibió la palma del martirio.
- En York de Inglaterra, san Guillermo, Obispo y Confesor, el cual, entre otros milagros que Dios obra en su sepulcro, ha resucitado tres muertos; el Papa Honorio III le puso en el catálogo de los Santos.
- En Soisons de Francia, el tránsito de san Medardo, Obispo de Noyón, cuya vida y preciosa muerte atestiguan sus gloriosos milagros.
- En Rúan, san Gildardo, Obispo, que fue hermano del mismo san Medardo; los cuales, en un mismo día nacieron, en un mismo día fueron consagrados Obispos, y un mismo día, llevados de esta vida, fueron juntos al cielo.
- En Sens, san Heraclio, Obispo.
- En Metz de Francia, san Clodulfo, Obispo.
- En el Piceno, san Severino, Obispo de Septémpeda.
- En Cerdeña, san Salustiano, Confesor.
- En Camerino, san Victorino, Confesor, que fue hermano del dicho san Severino, Obispo de Septémpeda.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.
SAN MEDARDO,
Obispo
San Medardo mostró, desde su infancia, una tierna compasión para con los pobres. Un día dio su traje a un pobre ciego; a menudo privábase de su comida para distribuirla a los necesitados. Fue obispo de Noyón en el año 530. No se limitó su celo a su diócesis: arrancó una parte de la diócesis de Tournay de la superstición e inmoralidad del paganismo. Suavizó las costumbres de los habitantes de Flandes, inspirándoles el amor de las máximas evangélicas. Llevando el rey Clotario su cuerpo, en sus hombros, para enterrarlo, viose que el cielo se entreabría para recibir el alma de San Medardo y para honrar la piedad del rey.











