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domingo, 19 de junio de 2022

R.P Leonardo Castellani: Parábola del Convite Regio

 




En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos esta parábola: “Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos. Y cuando fue la hora de la cena, envió uno de los siervos a decir a los convidados que viniesen, porque todo estaba aparejado: Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una granja y necesito ir a verla; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He comprado cinco yuntas de bueyes, y quiero ir a probarlas; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He tomado mujer, y por eso no puedo ir allá. Y volviendo el siervo, dio cuenta a su señor de todo esto. Entonces airado el padre de familias dijo a su siervo: Sal luego a las plazas, y a las calles de la ciudad y tráeme acá cuantos pobres, y lisiados, y ciegos, y cojos hallares. Y dijo el siervo: Señor, hecho está como lo mandaste y aún hay lugar. Y dijo el señor al siervo: Sal a los caminos, y a los cercados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa. Mas os digo, que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados gustará mi cena”. 
Lucas XIV, 16.



Otra vez tenemos aquí la Parábola del Convite Regio, de que hablé no hace mucho; en la forma cruda y amenazante con que está en San Mateo; y situada al final de la prédica de Cristo, antes del Sermón Parusíaco. Esta situación posterior de la Parábola junto a la diferencia del auditorio, es lo que explica la diferencia en la forma de la Parábola (el fondo es el mismo) en Mateo y en Lucas. El fondo es un rechazo de Dios.

La Parábola en Mateo tiene dos partes, una sobre el rechazo nacional del pueblo judío, otra sobre el rechazo singular de un individuo. Los motivos son diferentes: en el rechazo del pueblo judío, el rechazo es motivado porque ellos no oyeron a los Profetas; más aún, los mataron; en el rechazo de un individuo, es que no tiene la vestidura nupcial y está en la sala del Convite; o sea, hablando hoy, está dentro de la Iglesia pero no tiene la gracia santificante, "no está en gracia", como decimos. Es decir, que de los que se pierden, algunos rechazan la fe, no creen; y otros no rechazan la fe pero no viven conforme a la fe. O sea, como decían antes, ateísmo teórico y ateísmo práctico.

Los antiguos predicadores tomaban aquí el segundo caso del hombre particular que por no tener o no haber conservado la gracia es arrojado a las "tinieblas de afuera", o sea al Infierno: procuraban pues suscitar en los oyentes el temor de Dios. ¿Por qué? Porque hablaban a oyentes que tenían la fe, pero vivían mal, simplemente. Hoy día existe ese caso por supuesto; pero ha surgido un problema más grave, la fe. Estamos tentados en la fe, dudamos o luchamos. Una inmensa cantidad de hombres hoy día dice en puridad: "Ese Dios que Ustedes predican no nos interesa: no nos ayuda en nada" —o repiten crudamente la frase de Nietzsche: "Dios ha muerto", o ni siquiera nombran o recuerdan a Dios.

Yo no les predicaré aquí el temor de Dios tratando de atemorizarlos con los posibles castigos de la vida futura, como Bourdaloue, Ségneri, Luis de Granada y tantos otros predicadores antiguos. Hoy día lo que necesitamos no es tanto angustia, aunque sea angustia religiosa, sino más bien consuelo y sobre todo coraje. Tomo pues la primera parte, el destino del pueblo judío, profetizado aquí con terrible precisión por Cristo; que aunque parece una cosa pasada y por ende, sin interés actual, es una cosa actual.

Este destino del pueblo judío es la tragedia más grande de la historia; Cristo mismo lo dijo, comparándolo con el Diluvio y también con la situación de los últimos tiempos, o sea con la Gran Apostasía. El Cardenal Newman y antes que él el P. Lacunza la han retratado con elocuencia.

La tragedia del pueblo hebreo es en suma la siguiente: he aquí un pueblo que durante 2.000 años giró en torno de la esperanza del Mesías; y cuando viene el Mesías, lo desconoce, rechaza y mata. Toda la razón de ser dése pueblo "elegido" está en la esperanza del Gran Rey Salvador, Rey de parte de Dios; esa esperanza religiosa creó la literatura religiosa más importante del mundo; los Salmos, los Profetas, los Libros Sapienciales que actualmente usamos nosotros en el servicio divino, en el Misal, el Breviario, los Sacramentos —en toda la Liturgia. Y con toda esa esperanza, que inspiraba toda la vida del pueblo hebreo; y con todos esos libros ("Biblia" significa libros), tenían que caer en el error horrible de matar al Mesías, una especie de suicidio, que se podría decir "confundir a Dios con el Diablo": "los milagros que tú haces los haces por virtud del Diablo". La causa dése error horrible es una corrupción horrible, una corrupción de la religión, el fariseísmo. Dije antes que los judíos vivieron de la esperanza del Mesías durante 2.000 años; durante 4.000 en realidad, porque han seguido lo mismo, esperando todavía con obstinación al Mesías que ya vino.

Esta situación debe movernos a una gran compasión; pero también a un gran respeto, pues siguen siendo el pueblo elegido aunque castigado, dice San Pablo. Que debe movernos a la judaización del Cristianismo, lo cual vemos hoy día, es otra historia. Un cristiano que se judaiza deja de ser cristiano sin llegar a ser judío: es simplemente una corrupción, que no tiene nombre adecuado en ninguna lengua. Bueno, es una singular apostasía.

—Bueno, los judíos cayeron, que se embromen. No. Lo grave y lo actual del asunto es que así como los judíos erraron respecto a la Primera Venida, los cristianos pueden errar respecto a la Segunda Venida; y está predicho que van a errar —la Gran Apostasía: "nisi venerit Discessio primum", profetiza San Pablo: primero vendrá la Apostasía, antes de la Parusía. Y por eso el peligro actual, como dije antes, no es tanto la vida inmoral, que Ustedes no llevan, sino el peligro de flaquear en la fe. Pero si está predicho que todos van a flaquear en la fe, entonces ¿qué podemos hacer? —Está predicho que muchos van a flaquear en la fe; pero no está predicho que yo tenga que flaquear en la fe; eso depende de mí.

He leído el Nº 23 de una revista teológica "CONCILIUM" que sale en 4 ó 5 idiomas, español incluso, dirigida por Rahner, un teólogo agudo no muy seguro, dedicada toda ella (200 páginas) al problema del ateísmo. Dicen que el ateísmo es un fenómeno actual, que debemos analizar el ateísmo, que la Iglesia debe convertir a los ateos, que hay que buscar un camino nuevo hacia los ateos —todo lo cual es verdad. Pero dice también que muchos ateos son inculpables, lo cual negaba la antigua teología; que gran parte de la culpa del ateísmo la tenemos los católicos romanos, lo cual es cargarnos demasiado la romana; que hay que establecer un diálogo con los ateos, por el cual diálogo algunos destos teologazos ya han sido arrollados o contaminados. Todo eso lo refieren al Concilio, pero confesando que el Concilio no lo dijo. Lo que dijo el Concilio es que hay ateos culpables; y puede haber, por excepción, ateos inculpables; y pare Ud. de contar. Pero esa cuestión de si Ateo Fulano tiene culpa o no, pertenece a Dios, que es el único que penetra en el fondo de los corazones; para nosotros es una cuestión ociosa. Lo que nosotros sabemos cierto es que el ateísmo en sí mismo es un tremendo pecado contra Dios, un pecado de impiedad, el peor que se puede cometer; y que el hecho de que cunda hoy día es un hecho del Diablo, y no un hecho de la Ciencia, o la Civilización Moderna, o nosotros los católicos. Esas pueden ser causas incidentales, pero nunca la causa principal. Si vemos que un tipo mata a otro, podemos pensar que quizá no tiene culpa ante Dios; pero el homicidio queda homicidio.

Al salir de los intrincadísimos análisis y los intrincadísimos remedios de la última palabra de la Nueva Teología que es esta revista "CONCILIUM", lo que se nota más fuerte que un dedo en un ojo es que:

1º- No recuerdan nunca la Gran Apostasía.

2º- No tienen en cuenta la Segunda Venida.

3º- Tienen como un dogma inconcuso que la Iglesia y el Mundo tienen que ir adelante, ir adelante, ir adelante siempre, lo menos durante 17 millones de años; y eso no solamente es un error en la fe sino un disparate ante la razón. No valía la pena sustituir la esperanza en la Parusía, que es un dogma de fe, por semejante macanazo.

Por supuesto que estos teólogos no lo dicen en la forma brutal en que lo he puesto: son de mucho talento y aun dicen muchas cosas buenas; incluso yo diría que todo lo que dicen es bueno pero no es bueno el enfoque general: la "connotación", como dicen los lógicos. Y así ya que me he olvidado del precepto del Cura Brochero de poner un chiste en cada sermón, recordaré el cuento del marido que al llegar a casa dice a su mujer: "Ha aumentado el precio de los tapados de visón" y ella dice: "Sí, ya sé: ya sé que no me querés más".

En este sermón he hecho lo de la mujer del cuento. La Iglesia vieja, que es la mía, dice: "Sí, ya sé: ya sé que lo que dicen Uds. es un hecho; pero Uds. no me quieren más".




Fuente.  “Domingueras Predicas” Ed. Jauja, 1997, Pag. 263 y ss.






Sea todo a la mayor gloria de Dios.



domingo, 12 de junio de 2022

R.P. Leonardo Castellani: Festividad de la Santísima Trinidad

 



Domingo Primero después de Pentecostés[1]

La Santísima Trinidad (1967)


«Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» 
(Mt.28, 18-20)


El domingo pasado vimos la solemne inauguración de la Iglesia en Jerusalén. San Pedro enseñó conforme Cristo le había encargado: que Cristo era Dios, que Cristo había resucitado y que les era nece­sario el bautismo. Hoy vemos la misión de los Apóstoles enviados con pleno poder a fundar la Iglesia: “Como mi Padre me envió, así Yo os envío a vosotros”. Esto pasó primero, diez días antes de Pentecos­tés.

Éste es el Evangelio de la Ascensión; las últimas palabras que pronunció Cristo sobre la tierra: vale la pena considerarlas una por una.

“Id y enseñad a todas las gentes”. La misión de la Iglesia es ense­ñar, no es hacer política, fundar o derribar Gobiernos, ni siquiera “civilizar” como dicen ahora; aunque eso lo haya hecho alguna vez por añadidura. Un misionero se va a Alaska, se sienta en un trozo de hielo, y a los esquimales que vienen no les dice: “Ahora os voy a enseñar el inglés, os voy a hacer una escuela y un hospital”. Les dice simplemente: “Jesucristo es Dios”, y si acaso no les dice eso es porque no puede por el momento, porque no sabe la lengua esqui­mal.

“Enseñad todo lo que Yo os he mandado”. ¿Qué es lo que hay que enseñar? No las Matemáticas o la Astronomía, sino la Religión; y estrictamente la Revelación; y eso, no solamente para saber, sino para hacer: es una enseñanza práctica o pragmática. “Ahora que sabéis todas estas cosas, dichosos seréis si las ponéis por obra”.

En sus “Cartas de Celestino Sexto” Giovanni Papini se queja de que todas las órdenes religiosas se dediquen a fundar escuelas y a ense­ñar programas escolares de los Gobiernos. Tiene razón; pero eso se debe al actual laicismo de los Estados, incluso los llamados católicos, que ha obligado a la Iglesia a correr a la brecha del intento de descristianizar a los pueblos y a los hombres desde su infancia. Mejor sería desde luego que los sacerdotes enseñaran el Evangelio en vez de Literatura o Filosofía; aunque si saben Filosofía, eso no estorba, antes bien sirve para enseñar el Evangelio, con tal que se quede en segundo puesto. Quiero decir, en la predicación, de la cual Lutero echaba a la Filosofía. La Teología no es más que el Evangelio con Filosofía; pero la Filosofía no saca la cabeza, queda detrás o adentro.

Sería mejor, desde luego, que los jesuitas, por ejemplo, en vez de tener una Universidad donde enseñan incluso arte cinematográfico y métodos publicitarios de propaganda junto con un poco de Teología, enseñasen mucha Teología en una Facultad Teológica plantada en el centro de la Universidad de Buenos Aires, y dándole la unidad que ahora no tiene[2]; como era en las antiguas Universidades: la única Facultad de Teología del país (no hay teólogos para más) con todas las fuerzas y recursos coaligados de la Iglesia Argentina. ¿Una Uni­versidad del Gobierno o de los particulares? ¡De la Nación entera![3]

Éstos son sueños. Esto es lo que se debería haber procurado en vez de cuarenta pequeños simulacros de Universidad: pero no se procuró. ¿Qué vamos a hacer? No se consultó, creo yo, al sentido común. Yo no tengo la culpa, aunque quizás sí un poco, Dios sabe. El camino que se siguió no fue el mejor, ni siquiera el deseable. Va contra el sentido común: una Universidad debe componerse de sa­bios o tener por lo menos tres o cuatro sabios, uno dellos Rector. No hay tantos sabios en la Argentina para tantas Universidades; quizás ni siquiera para cuatro. Salen Universidades falsificadas, escuelas técnicas a lo más, fábricas de profesionales iguales o inferiores a las del Gobierno[4]. —Sí, pero al menos allí se enseña Catecismo. —¿No se podría enseñar Catecismo sin enseñar arte cinematográfico? —Pa­rece que ahora no, ¡oh Papini! —Bueno, paciencia, dice Papini.

¿Vendrá lo otro algún día? Lo que yo sé es que ahora está lejos. Tendrá que venir, si esto ha de ser una Nación católica y aun Nación a secas. No puede haber Nación sin buena Universidad[5]. A mí me da tristeza oír las discusiones sobre la Ley Universitaria, que dicen es “fascista”. Es una ley tímida, que quita por ahora algunos síntomas y algunos abusos intolerables, pero está lejos de fundar una Univer­sidad de la Nación; pues la Universidad actual debe ser refundada; con remiendos no hacemos nada, lo que ahora existe no soporta ni remiendos, la trama misma está vencida.

La Universidad debe dar los hombres dirigentes; y llevada por sabios, debe dar también sabios. Los hombres dirigentes de la Ar­gentina son de una mediocridad cruda, de educación inacabada o torcida. Hay un economista destos que ahora cortan el bacalao, el cual cuando habla comete errores de sintaxis y pronuncia mal el castellano. Espero ha aprendido mucha Economía en Estados Uni­dos; pero muchas otras cosas no sabe, algunas quizás más importan­tes que la Economía[6].

“Id y enseñad a todas las gentes la Religión, la Revelación, la ciencia salvífica, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Es la revelación explícita del misterio de la Trinidad que hoy celebramos; es también una enseñanza, la más importante de todas y la institución de la sacramentalidad de la Iglesia. Los Sacramentos son también enseñanza, pues son signos visibles de la gracia, y fuentes de la gracia invisible. Con ellos, la Iglesia continúa su enseñanza a los mortales, la cual continúa hasta la muerte y más allá: pues existe la Iglesia Purgante.

Hemos de aprender Religión toda la vida: con la práctica más que con los libros; aunque los libros no están de más: los buenos libros; pues hay muchos hoy día, incluso de Religión, que no son buenos. Los que hemos de enseñar Religión, tenemos obligación grave de oficio; y todos en realidad tienen obligación, pues han de enseñarla a sus hijos, o bien aprovecharse a sí mismos. Es la cosa más impor­tante que puede aprenderse.

Antaño los Reyes y Gobernantes sentían como una obligación el enseñar la Religión al pueblo, o almenos dejar que la Iglesia la en­señara; hoy día más bien lo impiden o almenos dejan que el pue­blo se confunda en este revoloteo de enseñanzas malas o vanas que nos envuelve. Así les va a ellos.

Éste es uno de los grandes crímenes nacionales. ¿Cómo nos va a ir bien? Tratemos de repararlo en todo lo posible —si nos es posi­ble[7].

R.P. Leonardo Castellani, tomado de “Domingueras Prédicas II”.


Visto en Stat Veritas


Notas

[1] Aquí y en la Homilía del Domingo de Sexagésima (pág. 67), Castellani afirma que no hay Nación independiente sin una alta vida cultural. En la Homilía de Navidad, considera la relación entre religión y cultura.
[2] “Y si para tener televisión los jesuítas han de pagar el precio de matar a los doctores sacros que tienen o pueden tener... mal negocio. Van a tener cómo decir cosas, pero no van a tener qué decir. Se van a quedar quizás con la tele, y van a perder la visión. Una orden religiosa se debe modernizar... Bien. Asentemos esta paradoja: para modernizarse una orden religiosa, debe ir para atrás; es decir, debe remontarse a sus fuentes, a sus primeros tiempos, a su Fundador; y buscar allí cuál fue la misión que le dio nacimiento, y cuáles los medios de ella; en vista de reformar los medios que fueren anacrónicos; y aferrarse y penetrarse más de la esencia de su tarea propia. Salirse de su lugar e invadir campo ajeno, siempre será un desorden” (Castellani, “Televisión Católica”, en “Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?”).
[3] “Santo Tomás ha probado (con raciocinios y con el ejemplo), que la Teología es, rigurosamente, ciencia altísima y muy difícil. De manera que aquí en la Argentina el problema sería: primero, volver a introducir la Teología en la Universidad; segundo, volver a introducir la Universidad en la Teología. Las dos cosas deben ir juntas; sino, no hacemos nada. Cada día se fundan Seminarios Mayores entre nosotros, que no son mayores sino iguales. ¿Cuándo se fundará el verdadero Mayor? Los sabios en Teología son cosa escasísima, quizá la cosa más escasa que existe. Sí yo encontrase tres en Buenos Aires, sería capaz de adorarlos como un milagro”.
“Como ven, la solución del problema universitario es que por ahora no tiene solución. Y sin embargo, la Facultad de Teología no es imposible: la tiene la Universidad en Inglaterra, la tiene la Universidad en Alemania, la tuvo la Universidad en la Argentina. Solamente, dice el Tratado de Gracia, que cuando alguien vuelve a Dios, es Dios que le ha salido al encuentro, como el Padre del Pródigo, justamente. Y aquí entre nosotros, ojalá me equivoque, yo no lo diviso a Dios moviéndose ni a la Teología viniendo” (Castellani, “Dios en la Facultad”, en “Decíamos Ayer”, Sudestada, Bs.  As., 1968, págs. 49-50. La cita está abreviada).
[4] “Las diecinueve Universidades Católicas que como hongos en otoño surgieron de golpe en la Argentina, no son Universidades; y por tanto no son católicas; porque no son honradas. O sea, pasó lo que dice Don Babel Manitto: ‘No hay cosa tan buena que no se corrompa en la Argentina, a causa de la mal'aria’”. (Castellani, posdata a  “La Cuestión de la Enseñanza”).
[5] “Los norteamericanos tienen una gran literatura porque tienen Universidades, y por eso también son Nación imperial, o independiente por lo menos. Latinoamérica carece de una gran literatura -y de muchas otras cosas- porque no tiene Universidades. Nación sin alta vida intelectual es Nación descabezada, y una gallina con la cabeza cortada puede disparar bastante en todas direcciones y hasta cacarear, para al fin desangrarse y caer” (Castellani, “Literatura y Universidad”, en “Nueva Crítica Literaria”, DICTIO, Bs. As., 1976, págs. 230-231. La cita está abreviada).
“Primero de tener una economía colonial (o al mismo tiempo), se tiene una mentalidad colonial; porque en el hombre el alma reacciona sobre el cuerpo y el cuerpo sobre el alma. La 'política británica en el Río de la Plata' no hubiera triunfado en el Río de la Plata si, primero, esa forma de Protestantismo adaptada a los países católicos que se llamó Liberalismo, no hubiese abierto las puertas. No se sabe cómo es, pero es una cosa comprobada que dondequiera aparecen misioneros regalando Biblias, si los negros las aceptan, al poco tiempo el terreno de los negros pertenece a la nación generosamente bíblica. Vender Biblias a precio de costo es el camino para comprar las cosechas a precio de costo; y también, si a mano viene, los concejales y los diputados. Y quien dice Biblias, dice libros, revistas, periódicos y diarios” (Castellani, “Reconquista de la Cultura”, en “Decíamos Ayer”, p. 117).
[6] “La forma como se manifiesta la ausencia de Dios en las facultades es principalmente una gran sequía de Verdad, una torsión de toda la gran maquinaria más bien hacia la Utilidad, un desalojo de la Especulación por la Especialización. Lo que dicen todos: que la Universidad no contempla ya el Sabio, sino el Profesional, que ella es un grande y costoso aparato burocrático de fabricar profesionales en serie, profesionales que aun saliendo buenos (y gracias a Dios lo son muchos), no escapan al cabo de la cruel definición de Gaviola: ‘patentados por el Estado para explotar las necesidades humanas (salud, justicia, técnica, verdad, belleza y mando), a cambio de dinero y munidos de un diploma’” (Castellani, “Dios en la Facultad”, en “Decíamos Ayer”, págs. 48-49).
[7] “Lo que yo veo -y que Dios me mate si miento- es que estamos abocados, o bien a una guerra religiosa, o bien a una apostasía progresiva y definitiva de esta Nación bautizada. Si no interviene la Providencia de Dios y el patriotismo argentino con los medios más enérgicos, nuestros hijos serán católicos liberales y nuestros nietos serán protestantes, pese a la enseñanza religiosa en las escuelas. El extranjero herético no se llevará de momento nuestras reses ni nuestros capitales; se llevará nuestra alma. Actualmente, nuestra prensa, nuestra radio, nuestras revistas y nuestro cine son prácticamente protestantes, cuando no son bazofia intelectual deletérea que va a alimentar el clima y la mentalidad comunista. Quien enseña a todas las gentes de nuestro país hoy día no es la Iglesia sino la Anti-Iglesia” (Castellani, “Lo que tenía que suceder”, en “Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?”, págs. 223-224.  Abreviado).





Sea todo a la mayor gloria de Dios.


domingo, 6 de junio de 2021

R.P Leonardo Castellani: Parábola del Convite Regio

 




En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos esta parábola: “Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos. Y cuando fue la hora de la cena, envió uno de los siervos a decir a los convidados que viniesen, porque todo estaba aparejado: Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una granja y necesito ir a verla; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He comprado cinco yuntas de bueyes, y quiero ir a probarlas; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He tomado mujer, y por eso no puedo ir allá. Y volviendo el siervo, dio cuenta a su señor de todo esto. Entonces airado el padre de familias dijo a su siervo: Sal luego a las plazas, y a las calles de la ciudad y tráeme acá cuantos pobres, y lisiados, y ciegos, y cojos hallares. Y dijo el siervo: Señor, hecho está como lo mandaste y aún hay lugar. Y dijo el señor al siervo: Sal a los caminos, y a los cercados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa. Mas os digo, que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados gustará mi cena”. 
Lucas XIV, 16.



Otra vez tenemos aquí la Parábola del Convite Regio, de que hablé no hace mucho; en la forma cruda y amenazante con que está en San Mateo; y situada al final de la prédica de Cristo, antes del Sermón Parusíaco. Esta situación posterior de la Parábola junto a la diferencia del auditorio, es lo que explica la diferencia en la forma de la Parábola (el fondo es el mismo) en Mateo y en Lucas. El fondo es un rechazo de Dios.

La Parábola en Mateo tiene dos partes, una sobre el rechazo nacional del pueblo judío, otra sobre el rechazo singular de un individuo. Los motivos son diferentes: en el rechazo del pueblo judío, el rechazo es motivado porque ellos no oyeron a los Profetas; más aún, los mataron; en el rechazo de un individuo, es que no tiene la vestidura nupcial y está en la sala del Convite; o sea, hablando hoy, está dentro de la Iglesia pero no tiene la gracia santificante, "no está en gracia", como decimos. Es decir, que de los que se pierden, algunos rechazan la fe, no creen; y otros no rechazan la fe pero no viven conforme a la fe. O sea, como decían antes, ateísmo teórico y ateísmo práctico.

Los antiguos predicadores tomaban aquí el segundo caso del hombre particular que por no tener o no haber conservado la gracia es arrojado a las "tinieblas de afuera", o sea al Infierno: procuraban pues suscitar en los oyentes el temor de Dios. ¿Por qué? Porque hablaban a oyentes que tenían la fe, pero vivían mal, simplemente. Hoy día existe ese caso por supuesto; pero ha surgido un problema más grave, la fe. Estamos tentados en la fe, dudamos o luchamos. Una inmensa cantidad de hombres hoy día dice en puridad: "Ese Dios que Ustedes predican no nos interesa: no nos ayuda en nada" —o repiten crudamente la frase de Nietzsche: "Dios ha muerto", o ni siquiera nombran o recuerdan a Dios.

Yo no les predicaré aquí el temor de Dios tratando de atemorizarlos con los posibles castigos de la vida futura, como Bourdaloue, Ségneri, Luis de Granada y tantos otros predicadores antiguos. Hoy día lo que necesitamos no es tanto angustia, aunque sea angustia religiosa, sino más bien consuelo y sobre todo coraje. Tomo pues la primera parte, el destino del pueblo judío, profetizado aquí con terrible precisión por Cristo; que aunque parece una cosa pasada y por ende, sin interés actual, es una cosa actual.

Este destino del pueblo judío es la tragedia más grande de la historia; Cristo mismo lo dijo, comparándolo con el Diluvio y también con la situación de los últimos tiempos, o sea con la Gran Apostasía. El Cardenal Newman y antes que él el P. Lacunza la han retratado con elocuencia.

La tragedia del pueblo hebreo es en suma la siguiente: he aquí un pueblo que durante 2.000 años giró en torno de la esperanza del Mesías; y cuando viene el Mesías, lo desconoce, rechaza y mata. Toda la razón de ser dése pueblo "elegido" está en la esperanza del Gran Rey Salvador, Rey de parte de Dios; esa esperanza religiosa creó la literatura religiosa más importante del mundo; los Salmos, los Profetas, los Libros Sapienciales que actualmente usamos nosotros en el servicio divino, en el Misal, el Breviario, los Sacramentos —en toda la Liturgia. Y con toda esa esperanza, que inspiraba toda la vida del pueblo hebreo; y con todos esos libros ("Biblia" significa libros), tenían que caer en el error horrible de matar al Mesías, una especie de suicidio, que se podría decir "confundir a Dios con el Diablo": "los milagros que tú haces los haces por virtud del Diablo". La causa dése error horrible es una corrupción horrible, una corrupción de la religión, el fariseísmo. Dije antes que los judíos vivieron de la esperanza del Mesías durante 2.000 años; durante 4.000 en realidad, porque han seguido lo mismo, esperando todavía con obstinación al Mesías que ya vino.

Esta situación debe movernos a una gran compasión; pero también a un gran respeto, pues siguen siendo el pueblo elegido aunque castigado, dice San Pablo. Que debe movernos a la judaización del Cristianismo, lo cual vemos hoy día, es otra historia. Un cristiano que se judaiza deja de ser cristiano sin llegar a ser judío: es simplemente una corrupción, que no tiene nombre adecuado en ninguna lengua. Bueno, es una singular apostasía.

—Bueno, los judíos cayeron, que se embromen. No. Lo grave y lo actual del asunto es que así como los judíos erraron respecto a la Primera Venida, los cristianos pueden errar respecto a la Segunda Venida; y está predicho que van a errar —la Gran Apostasía: "nisi venerit Discessio primum", profetiza San Pablo: primero vendrá la Apostasía, antes de la Parusía. Y por eso el peligro actual, como dije antes, no es tanto la vida inmoral, que Ustedes no llevan, sino el peligro de flaquear en la fe. Pero si está predicho que todos van a flaquear en la fe, entonces ¿qué podemos hacer? —Está predicho que muchos van a flaquear en la fe; pero no está predicho que yo tenga que flaquear en la fe; eso depende de mí.

He leído el Nº 23 de una revista teológica "CONCILIUM" que sale en 4 ó 5 idiomas, español incluso, dirigida por Rahner, un teólogo agudo no muy seguro, dedicada toda ella (200 páginas) al problema del ateísmo. Dicen que el ateísmo es un fenómeno actual, que debemos analizar el ateísmo, que la Iglesia debe convertir a los ateos, que hay que buscar un camino nuevo hacia los ateos —todo lo cual es verdad. Pero dice también que muchos ateos son inculpables, lo cual negaba la antigua teología; que gran parte de la culpa del ateísmo la tenemos los católicos romanos, lo cual es cargarnos demasiado la romana; que hay que establecer un diálogo con los ateos, por el cual diálogo algunos destos teologazos ya han sido arrollados o contaminados. Todo eso lo refieren al Concilio, pero confesando que el Concilio no lo dijo. Lo que dijo el Concilio es que hay ateos culpables; y puede haber, por excepción, ateos inculpables; y pare Ud. de contar. Pero esa cuestión de si Ateo Fulano tiene culpa o no, pertenece a Dios, que es el único que penetra en el fondo de los corazones; para nosotros es una cuestión ociosa. Lo que nosotros sabemos cierto es que el ateísmo en sí mismo es un tremendo pecado contra Dios, un pecado de impiedad, el peor que se puede cometer; y que el hecho de que cunda hoy día es un hecho del Diablo, y no un hecho de la Ciencia, o la Civilización Moderna, o nosotros los católicos. Esas pueden ser causas incidentales, pero nunca la causa principal. Si vemos que un tipo mata a otro, podemos pensar que quizá no tiene culpa ante Dios; pero el homicidio queda homicidio.

Al salir de los intrincadísimos análisis y los intrincadísimos remedios de la última palabra de la Nueva Teología que es esta revista "CONCILIUM", lo que se nota más fuerte que un dedo en un ojo es que:

1º- No recuerdan nunca la Gran Apostasía.

2º- No tienen en cuenta la Segunda Venida.

3º- Tienen como un dogma inconcuso que la Iglesia y el Mundo tienen que ir adelante, ir adelante, ir adelante siempre, lo menos durante 17 millones de años; y eso no solamente es un error en la fe sino un disparate ante la razón. No valía la pena sustituir la esperanza en la Parusía, que es un dogma de fe, por semejante macanazo.

Por supuesto que estos teólogos no lo dicen en la forma brutal en que lo he puesto: son de mucho talento y aun dicen muchas cosas buenas; incluso yo diría que todo lo que dicen es bueno pero no es bueno el enfoque general: la "connotación", como dicen los lógicos. Y así ya que me he olvidado del precepto del Cura Brochero de poner un chiste en cada sermón, recordaré el cuento del marido que al llegar a casa dice a su mujer: "Ha aumentado el precio de los tapados de visón" y ella dice: "Sí, ya sé: ya sé que no me querés más".

En este sermón he hecho lo de la mujer del cuento. La Iglesia vieja, que es la mía, dice: "Sí, ya sé: ya sé que lo que dicen Uds. es un hecho; pero Uds. no me quieren más".




Fuente.  “Domingueras Predicas” Ed. Jauja, 1997, Pag. 263 y ss.






Sea todo a la mayor gloria de Dios.



domingo, 14 de junio de 2020

R.P Leonardo Castellani: Parábola del Convite Regio




En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos esta parábola: “Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos. Y cuando fue la hora de la cena, envió uno de los siervos a decir a los convidados que viniesen, porque todo estaba aparejado: Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una granja y necesito ir a verla; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He comprado cinco yuntas de bueyes, y quiero ir a probarlas; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He tomado mujer, y por eso no puedo ir allá. Y volviendo el siervo, dio cuenta a su señor de todo esto. Entonces airado el padre de familias dijo a su siervo: Sal luego a las plazas, y a las calles de la ciudad y tráeme acá cuantos pobres, y lisiados, y ciegos, y cojos hallares. Y dijo el siervo: Señor, hecho está como lo mandaste y aún hay lugar. Y dijo el señor al siervo: Sal a los caminos, y a los cercados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa. Mas os digo, que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados gustará mi cena”. 
Lucas XIV, 16.



Otra vez tenemos aquí la Parábola del Convite Regio, de que hablé no hace mucho; en la forma cruda y amenazante con que está en San Mateo; y situada al final de la prédica de Cristo, antes del Sermón Parusíaco. Esta situación posterior de la Parábola junto a la diferencia del auditorio, es lo que explica la diferencia en la forma de la Parábola (el fondo es el mismo) en Mateo y en Lucas. El fondo es un rechazo de Dios.

La Parábola en Mateo tiene dos partes, una sobre el rechazo nacional del pueblo judío, otra sobre el rechazo singular de un individuo. Los motivos son diferentes: en el rechazo del pueblo judío, el rechazo es motivado porque ellos no oyeron a los Profetas; más aún, los mataron; en el rechazo de un individuo, es que no tiene la vestidura nupcial y está en la sala del Convite; o sea, hablando hoy, está dentro de la Iglesia pero no tiene la gracia santificante, "no está en gracia", como decimos. Es decir, que de los que se pierden, algunos rechazan la fe, no creen; y otros no rechazan la fe pero no viven conforme a la fe. O sea, como decían antes, ateísmo teórico y ateísmo práctico.

Los antiguos predicadores tomaban aquí el segundo caso del hombre particular que por no tener o no haber conservado la gracia es arrojado a las "tinieblas de afuera", o sea al Infierno: procuraban pues suscitar en los oyentes el temor de Dios. ¿Por qué? Porque hablaban a oyentes que tenían la fe, pero vivían mal, simplemente. Hoy día existe ese caso por supuesto; pero ha surgido un problema más grave, la fe. Estamos tentados en la fe, dudamos o luchamos. Una inmensa cantidad de hombres hoy día dice en puridad: "Ese Dios que Ustedes predican no nos interesa: no nos ayuda en nada" —o repiten crudamente la frase de Nietzsche: "Dios ha muerto", o ni siquiera nombran o recuerdan a Dios.

Yo no les predicaré aquí el temor de Dios tratando de atemorizarlos con los posibles castigos de la vida futura, como Bourdaloue, Ségneri, Luis de Granada y tantos otros predicadores antiguos. Hoy día lo que necesitamos no es tanto angustia, aunque sea angustia religiosa, sino más bien consuelo y sobre todo coraje. Tomo pues la primera parte, el destino del pueblo judío, profetizado aquí con terrible precisión por Cristo; que aunque parece una cosa pasada y por ende, sin interés actual, es una cosa actual.

Este destino del pueblo judío es la tragedia más grande de la historia; Cristo mismo lo dijo, comparándolo con el Diluvio y también con la situación de los últimos tiempos, o sea con la Gran Apostasía. El Cardenal Newman y antes que él el P. Lacunza la han retratado con elocuencia.

La tragedia del pueblo hebreo es en suma la siguiente: he aquí un pueblo que durante 2.000 años giró en torno de la esperanza del Mesías; y cuando viene el Mesías, lo desconoce, rechaza y mata. Toda la razón de ser dése pueblo "elegido" está en la esperanza del Gran Rey Salvador, Rey de parte de Dios; esa esperanza religiosa creó la literatura religiosa más importante del mundo; los Salmos, los Profetas, los Libros Sapienciales que actualmente usamos nosotros en el servicio divino, en el Misal, el Breviario, los Sacramentos —en toda la Liturgia. Y con toda esa esperanza, que inspiraba toda la vida del pueblo hebreo; y con todos esos libros ("Biblia" significa libros), tenían que caer en el error horrible de matar al Mesías, una especie de suicidio, que se podría decir "confundir a Dios con el Diablo": "los milagros que tú haces los haces por virtud del Diablo". La causa dése error horrible es una corrupción horrible, una corrupción de la religión, el fariseísmo. Dije antes que los judíos vivieron de la esperanza del Mesías durante 2.000 años; durante 4.000 en realidad, porque han seguido lo mismo, esperando todavía con obstinación al Mesías que ya vino.

Esta situación debe movernos a una gran compasión; pero también a un gran respeto, pues siguen siendo el pueblo elegido aunque castigado, dice San Pablo. Que debe movernos a la judaización del Cristianismo, lo cual vemos hoy día, es otra historia. Un cristiano que se judaiza deja de ser cristiano sin llegar a ser judío: es simplemente una corrupción, que no tiene nombre adecuado en ninguna lengua. Bueno, es una singular apostasía.

—Bueno, los judíos cayeron, que se embromen. No. Lo grave y lo actual del asunto es que así como los judíos erraron respecto a la Primera Venida, los cristianos pueden errar respecto a la Segunda Venida; y está predicho que van a errar —la Gran Apostasía: "nisi venerit Discessio primum", profetiza San Pablo: primero vendrá la Apostasía, antes de la Parusía. Y por eso el peligro actual, como dije antes, no es tanto la vida inmoral, que Ustedes no llevan, sino el peligro de flaquear en la fe. Pero si está predicho que todos van a flaquear en la fe, entonces ¿qué podemos hacer? —Está predicho que muchos van a flaquear en la fe; pero no está predicho que yo tenga que flaquear en la fe; eso depende de mí.

He leído el Nº 23 de una revista teológica "CONCILIUM" que sale en 4 ó 5 idiomas, español incluso, dirigida por Rahner, un teólogo agudo no muy seguro, dedicada toda ella (200 páginas) al problema del ateísmo. Dicen que el ateísmo es un fenómeno actual, que debemos analizar el ateísmo, que la Iglesia debe convertir a los ateos, que hay que buscar un camino nuevo hacia los ateos —todo lo cual es verdad. Pero dice también que muchos ateos son inculpables, lo cual negaba la antigua teología; que gran parte de la culpa del ateísmo la tenemos los católicos romanos, lo cual es cargarnos demasiado la romana; que hay que establecer un diálogo con los ateos, por el cual diálogo algunos destos teologazos ya han sido arrollados o contaminados. Todo eso lo refieren al Concilio, pero confesando que el Concilio no lo dijo. Lo que dijo el Concilio es que hay ateos culpables; y puede haber, por excepción, ateos inculpables; y pare Ud. de contar. Pero esa cuestión de si Ateo Fulano tiene culpa o no, pertenece a Dios, que es el único que penetra en el fondo de los corazones; para nosotros es una cuestión ociosa. Lo que nosotros sabemos cierto es que el ateísmo en sí mismo es un tremendo pecado contra Dios, un pecado de impiedad, el peor que se puede cometer; y que el hecho de que cunda hoy día es un hecho del Diablo, y no un hecho de la Ciencia, o la Civilización Moderna, o nosotros los católicos. Esas pueden ser causas incidentales, pero nunca la causa principal. Si vemos que un tipo mata a otro, podemos pensar que quizá no tiene culpa ante Dios; pero el homicidio queda homicidio.

Al salir de los intrincadísimos análisis y los intrincadísimos remedios de la última palabra de la Nueva Teología que es esta revista "CONCILIUM", lo que se nota más fuerte que un dedo en un ojo es que:

1º- No recuerdan nunca la Gran Apostasía.

2º- No tienen en cuenta la Segunda Venida.

3º- Tienen como un dogma inconcuso que la Iglesia y el Mundo tienen que ir adelante, ir adelante, ir adelante siempre, lo menos durante 17 millones de años; y eso no solamente es un error en la fe sino un disparate ante la razón. No valía la pena sustituir la esperanza en la Parusía, que es un dogma de fe, por semejante macanazo.

Por supuesto que estos teólogos no lo dicen en la forma brutal en que lo he puesto: son de mucho talento y aun dicen muchas cosas buenas; incluso yo diría que todo lo que dicen es bueno pero no es bueno el enfoque general: la "connotación", como dicen los lógicos. Y así ya que me he olvidado del precepto del Cura Brochero de poner un chiste en cada sermón, recordaré el cuento del marido que al llegar a casa dice a su mujer: "Ha aumentado el precio de los tapados de visón" y ella dice: "Sí, ya sé: ya sé que no me querés más".

En este sermón he hecho lo de la mujer del cuento. La Iglesia vieja, que es la mía, dice: "Sí, ya sé: ya sé que lo que dicen Uds. es un hecho; pero Uds. no me quieren más".




Fuente.  “Domingueras Predicas” Ed. Jauja, 1997, Pag. 263 y ss.






Sea todo a la mayor gloria de Dios.



domingo, 7 de junio de 2020

R.P. Leonardo Castellani: Festividad de la Santísima Trinidad




Domingo Primero después de Pentecostés[1]

La Santísima Trinidad (1967)



«Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» 
(Mt.28, 18-20)


El domingo pasado vimos la solemne inauguración de la Iglesia en Jerusalén. San Pedro enseñó conforme Cristo le había encargado: que Cristo era Dios, que Cristo había resucitado y que les era nece­sario el bautismo. Hoy vemos la misión de los Apóstoles enviados con pleno poder a fundar la Iglesia: “Como mi Padre me envió, así Yo os envío a vosotros”. Esto pasó primero, diez días antes de Pentecos­tés.

Éste es el Evangelio de la Ascensión; las últimas palabras que pronunció Cristo sobre la tierra: vale la pena considerarlas una por una.

“Id y enseñad a todas las gentes”. La misión de la Iglesia es ense­ñar, no es hacer política, fundar o derribar Gobiernos, ni siquiera “civilizar” como dicen ahora; aunque eso lo haya hecho alguna vez por añadidura. Un misionero se va a Alaska, se sienta en un trozo de hielo, y a los esquimales que vienen no les dice: “Ahora os voy a enseñar el inglés, os voy a hacer una escuela y un hospital”. Les dice simplemente: “Jesucristo es Dios”, y si acaso no les dice eso es porque no puede por el momento, porque no sabe la lengua esqui­mal.

“Enseñad todo lo que Yo os he mandado”. ¿Qué es lo que hay que enseñar? No las Matemáticas o la Astronomía, sino la Religión; y estrictamente la Revelación; y eso, no solamente para saber, sino para hacer: es una enseñanza práctica o pragmática. “Ahora que sabéis todas estas cosas, dichosos seréis si las ponéis por obra”.

En sus “Cartas de Celestino Sexto” Giovanni Papini se queja de que todas las órdenes religiosas se dediquen a fundar escuelas y a ense­ñar programas escolares de los Gobiernos. Tiene razón; pero eso se debe al actual laicismo de los Estados, incluso los llamados católicos, que ha obligado a la Iglesia a correr a la brecha del intento de descristianizar a los pueblos y a los hombres desde su infancia. Mejor sería desde luego que los sacerdotes enseñaran el Evangelio en vez de Literatura o Filosofía; aunque si saben Filosofía, eso no estorba, antes bien sirve para enseñar el Evangelio, con tal que se quede en segundo puesto. Quiero decir, en la predicación, de la cual Lutero echaba a la Filosofía. La Teología no es más que el Evangelio con Filosofía; pero la Filosofía no saca la cabeza, queda detrás o adentro.

Sería mejor, desde luego, que los jesuitas, por ejemplo, en vez de tener una Universidad donde enseñan incluso arte cinematográfico y métodos publicitarios de propaganda junto con un poco de Teología, enseñasen mucha Teología en una Facultad Teológica plantada en el centro de la Universidad de Buenos Aires, y dándole la unidad que ahora no tiene[2]; como era en las antiguas Universidades: la única Facultad de Teología del país (no hay teólogos para más) con todas las fuerzas y recursos coaligados de la Iglesia Argentina. ¿Una Uni­versidad del Gobierno o de los particulares? ¡De la Nación entera![3]

Éstos son sueños. Esto es lo que se debería haber procurado en vez de cuarenta pequeños simulacros de Universidad: pero no se procuró. ¿Qué vamos a hacer? No se consultó, creo yo, al sentido común. Yo no tengo la culpa, aunque quizás sí un poco, Dios sabe. El camino que se siguió no fue el mejor, ni siquiera el deseable. Va contra el sentido común: una Universidad debe componerse de sa­bios o tener por lo menos tres o cuatro sabios, uno dellos Rector. No hay tantos sabios en la Argentina para tantas Universidades; quizás ni siquiera para cuatro. Salen Universidades falsificadas, escuelas técnicas a lo más, fábricas de profesionales iguales o inferiores a las del Gobierno[4]. —Sí, pero al menos allí se enseña Catecismo. —¿No se podría enseñar Catecismo sin enseñar arte cinematográfico? —Pa­rece que ahora no, ¡oh Papini! —Bueno, paciencia, dice Papini.

¿Vendrá lo otro algún día? Lo que yo sé es que ahora está lejos. Tendrá que venir, si esto ha de ser una Nación católica y aun Nación a secas. No puede haber Nación sin buena Universidad[5]. A mí me da tristeza oír las discusiones sobre la Ley Universitaria, que dicen es “fascista”. Es una ley tímida, que quita por ahora algunos síntomas y algunos abusos intolerables, pero está lejos de fundar una Univer­sidad de la Nación; pues la Universidad actual debe ser refundada; con remiendos no hacemos nada, lo que ahora existe no soporta ni remiendos, la trama misma está vencida.

La Universidad debe dar los hombres dirigentes; y llevada por sabios, debe dar también sabios. Los hombres dirigentes de la Ar­gentina son de una mediocridad cruda, de educación inacabada o torcida. Hay un economista destos que ahora cortan el bacalao, el cual cuando habla comete errores de sintaxis y pronuncia mal el castellano. Espero ha aprendido mucha Economía en Estados Uni­dos; pero muchas otras cosas no sabe, algunas quizás más importan­tes que la Economía[6].

“Id y enseñad a todas las gentes la Religión, la Revelación, la ciencia salvífica, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Es la revelación explícita del misterio de la Trinidad que hoy celebramos; es también una enseñanza, la más importante de todas y la institución de la sacramentalidad de la Iglesia. Los Sacramentos son también enseñanza, pues son signos visibles de la gracia, y fuentes de la gracia invisible. Con ellos, la Iglesia continúa su enseñanza a los mortales, la cual continúa hasta la muerte y más allá: pues existe la Iglesia Purgante.

Hemos de aprender Religión toda la vida: con la práctica más que con los libros; aunque los libros no están de más: los buenos libros; pues hay muchos hoy día, incluso de Religión, que no son buenos. Los que hemos de enseñar Religión, tenemos obligación grave de oficio; y todos en realidad tienen obligación, pues han de enseñarla a sus hijos, o bien aprovecharse a sí mismos. Es la cosa más impor­tante que puede aprenderse.

Antaño los Reyes y Gobernantes sentían como una obligación el enseñar la Religión al pueblo, o almenos dejar que la Iglesia la en­señara; hoy día más bien lo impiden o almenos dejan que el pue­blo se confunda en este revoloteo de enseñanzas malas o vanas que nos envuelve. Así les va a ellos.

Éste es uno de los grandes crímenes nacionales. ¿Cómo nos va a ir bien? Tratemos de repararlo en todo lo posible —si nos es posi­ble[7].

R.P. Leonardo Castellani, tomado de “Domingueras Prédicas II”.


Visto en Stat Veritas


Notas

[1] Aquí y en la Homilía del Domingo de Sexagésima (pág. 67), Castellani afirma que no hay Nación independiente sin una alta vida cultural. En la Homilía de Navidad, considera la relación entre religión y cultura.
[2] “Y si para tener televisión los jesuítas han de pagar el precio de matar a los doctores sacros que tienen o pueden tener... mal negocio. Van a tener cómo decir cosas, pero no van a tener qué decir. Se van a quedar quizás con la tele, y van a perder la visión. Una orden religiosa se debe modernizar... Bien. Asentemos esta paradoja: para modernizarse una orden religiosa, debe ir para atrás; es decir, debe remontarse a sus fuentes, a sus primeros tiempos, a su Fundador; y buscar allí cuál fue la misión que le dio nacimiento, y cuáles los medios de ella; en vista de reformar los medios que fueren anacrónicos; y aferrarse y penetrarse más de la esencia de su tarea propia. Salirse de su lugar e invadir campo ajeno, siempre será un desorden” (Castellani, “Televisión Católica”, en “Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?”).
[3] “Santo Tomás ha probado (con raciocinios y con el ejemplo), que la Teología es, rigurosamente, ciencia altísima y muy difícil. De manera que aquí en la Argentina el problema sería: primero, volver a introducir la Teología en la Universidad; segundo, volver a introducir la Universidad en la Teología. Las dos cosas deben ir juntas; sino, no hacemos nada. Cada día se fundan Seminarios Mayores entre nosotros, que no son mayores sino iguales. ¿Cuándo se fundará el verdadero Mayor? Los sabios en Teología son cosa escasísima, quizá la cosa más escasa que existe. Sí yo encontrase tres en Buenos Aires, sería capaz de adorarlos como un milagro”.
“Como ven, la solución del problema universitario es que por ahora no tiene solución. Y sin embargo, la Facultad de Teología no es imposible: la tiene la Universidad en Inglaterra, la tiene la Universidad en Alemania, la tuvo la Universidad en la Argentina. Solamente, dice el Tratado de Gracia, que cuando alguien vuelve a Dios, es Dios que le ha salido al encuentro, como el Padre del Pródigo, justamente. Y aquí entre nosotros, ojalá me equivoque, yo no lo diviso a Dios moviéndose ni a la Teología viniendo” (Castellani, “Dios en la Facultad”, en “Decíamos Ayer”, Sudestada, Bs.  As., 1968, págs. 49-50. La cita está abreviada).
[4] “Las diecinueve Universidades Católicas que como hongos en otoño surgieron de golpe en la Argentina, no son Universidades; y por tanto no son católicas; porque no son honradas. O sea, pasó lo que dice Don Babel Manitto: ‘No hay cosa tan buena que no se corrompa en la Argentina, a causa de la mal'aria’”. (Castellani, posdata a  “La Cuestión de la Enseñanza”).
[5] “Los norteamericanos tienen una gran literatura porque tienen Universidades, y por eso también son Nación imperial, o independiente por lo menos. Latinoamérica carece de una gran literatura -y de muchas otras cosas- porque no tiene Universidades. Nación sin alta vida intelectual es Nación descabezada, y una gallina con la cabeza cortada puede disparar bastante en todas direcciones y hasta cacarear, para al fin desangrarse y caer” (Castellani, “Literatura y Universidad”, en “Nueva Crítica Literaria”, DICTIO, Bs. As., 1976, págs. 230-231. La cita está abreviada).
“Primero de tener una economía colonial (o al mismo tiempo), se tiene una mentalidad colonial; porque en el hombre el alma reacciona sobre el cuerpo y el cuerpo sobre el alma. La 'política británica en el Río de la Plata' no hubiera triunfado en el Río de la Plata si, primero, esa forma de Protestantismo adaptada a los países católicos que se llamó Liberalismo, no hubiese abierto las puertas. No se sabe cómo es, pero es una cosa comprobada que dondequiera aparecen misioneros regalando Biblias, si los negros las aceptan, al poco tiempo el terreno de los negros pertenece a la nación generosamente bíblica. Vender Biblias a precio de costo es el camino para comprar las cosechas a precio de costo; y también, si a mano viene, los concejales y los diputados. Y quien dice Biblias, dice libros, revistas, periódicos y diarios” (Castellani, “Reconquista de la Cultura”, en “Decíamos Ayer”, p. 117).
[6] “La forma como se manifiesta la ausencia de Dios en las facultades es principalmente una gran sequía de Verdad, una torsión de toda la gran maquinaria más bien hacia la Utilidad, un desalojo de la Especulación por la Especialización. Lo que dicen todos: que la Universidad no contempla ya el Sabio, sino el Profesional, que ella es un grande y costoso aparato burocrático de fabricar profesionales en serie, profesionales que aun saliendo buenos (y gracias a Dios lo son muchos), no escapan al cabo de la cruel definición de Gaviola: ‘patentados por el Estado para explotar las necesidades humanas (salud, justicia, técnica, verdad, belleza y mando), a cambio de dinero y munidos de un diploma’” (Castellani, “Dios en la Facultad”, en “Decíamos Ayer”, págs. 48-49).
[7] “Lo que yo veo -y que Dios me mate si miento- es que estamos abocados, o bien a una guerra religiosa, o bien a una apostasía progresiva y definitiva de esta Nación bautizada. Si no interviene la Providencia de Dios y el patriotismo argentino con los medios más enérgicos, nuestros hijos serán católicos liberales y nuestros nietos serán protestantes, pese a la enseñanza religiosa en las escuelas. El extranjero herético no se llevará de momento nuestras reses ni nuestros capitales; se llevará nuestra alma. Actualmente, nuestra prensa, nuestra radio, nuestras revistas y nuestro cine son prácticamente protestantes, cuando no son bazofia intelectual deletérea que va a alimentar el clima y la mentalidad comunista. Quien enseña a todas las gentes de nuestro país hoy día no es la Iglesia sino la Anti-Iglesia” (Castellani, “Lo que tenía que suceder”, en “Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?”, págs. 223-224.  Abreviado).





Sea todo a la mayor gloria de Dios.



domingo, 3 de junio de 2018

R.P Leonardo Castellani: Parábola del Convite Regio





En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos esta parábola: “Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos. Y cuando fue la hora de la cena, envió uno de los siervos a decir a los convidados que viniesen, porque todo estaba aparejado: Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una granja y necesito ir a verla; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He comprado cinco yuntas de bueyes, y quiero ir a probarlas; te ruego que me tengas por excusado. Y dijo otro: He tomado mujer, y por eso no puedo ir allá. Y volviendo el siervo, dio cuenta a su señor de todo esto. Entonces airado el padre de familias dijo a su siervo: Sal luego a las plazas, y a las calles de la ciudad y tráeme acá cuantos pobres, y lisiados, y ciegos, y cojos hallares. Y dijo el siervo: Señor, hecho está como lo mandaste y aún hay lugar. Y dijo el señor al siervo: Sal a los caminos, y a los cercados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa. Mas os digo, que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados gustará mi cena”. 
Lucas XIV, 16.


"El Evangelio de Jesucristo"
 R.P. Leonardo Castellani


Dominica Infraoctaba del Corpus Christi

Esta es la Parábola de los Convidados (Lc XIV, 16) o sea la “Parábola de los Excusados”, como decíamos cuándo éramos muchachos y nos leían el Evangelio traducido por Torres Amat –”el Evangelio con viruelas”, que dice un amigo mío–. Allí se dice tres veces: “Te ruego que me tangas por excusado”; en vez de traducir simplemente:

–Disculpe, amigo, hoy no puedo ir a ese banquete...
–¿Por qué no?
–Yo –dijo el primer Convidado– he comprado una viña y tango que ir a verla.
–Yo –dijo el segundo– compré siete yuntas de bueyes y por fuerza tango que probarlos.
–Yo –dijo el tercero– estoy ahora en mi luna de miel, me he casado y no puedo.

No parecen malas disculpas ésas para dejar un banquete; mas sin embargo el Señor del Banquete “se enojó” desmesuradamente: “Palabra de honor os digo que ninguno de los primeros convidados probará mi banquete...”. Tampoco parece gran castigo ése, puesto que no les interesaba el banquete, y tenían más interés en sus negocios, oficios y placeres. “¡No nos interesa probar tu Gran Banquete!”, ya estaba dicho.

Y más rara todavía es la decisión que tomó el airado Convidador: hizo llenar su casa de haraposos, mendigos, inválidos y pulguientos, que hizo buscar primero en la plaza y el atrio de la Iglesia; y en una segunda tanda en cualquier parte, hasta en las tabernas: “a fin de que mi casa se llene”. Ésta es la parábola tal como está en Lucas.

En Mateo está en otra forma diversa; por lo cual algunos dicen que son dos parábolas diferentes; y algunos dicen que son tres en realidad. Verdaderamente es un solo tema, el tema del llamado y la elección divinos, tratado diferentemente, de acuerdo al género simbólica oriental: más dulce y general en Lucas, más duro y actual en Mateo. El tema es: Dios convida a todos los hombres a participar del convite de la vida eterna; atención, es una cosa muy, pero muy seria, pasar por alto o despreciar esa invitación. Este tema abstracto está en la predicación de Jesucristo construido en forma de símbolo; no propiamente de comparación, alegoría o metáfora, géneros de la retórica grecolatina, no usados por los orientales.

En Mateo, el Señor que convida es un Rey; los convidados se excusan también con sus negocios; pero algunos de ellos agarran a los siervos reates y los maltratan y aun los matan. El Rey manda sus ejércitos, los cuales “pasan a cuchillo a los homicidas y queman su ciudad”. No se puede imaginar más trágica terminación de una invitación de bodas. Pero hay más todavía: la sala real se llena de desechos humanos, buscados “en las encrucijadas de los caminos”: entra el Rey y se encuentra con que uno de los invitados no tiene la “vestidura nupcial”: era la boda de su hijo, y había que ir, como si dijéramos, de frac y corbata blanca. El Rey, después de increparlo, lo hace sujetar por los guardias, atarlo de pies y manos y arrojarlo a la “oscuridad de afuera”. Esta expresión “las tinieblas de allá afuera” designa en Jesucristo simplemente el Infierno, la Noche Eterna. ¡Zambomba con el Rey!

Después de lo cual la parábola termina bastante inopinadamente con la frase ya conocida: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” cuando parece debería decir lógicamente: “Machos son los escogidos; y uno solo el arrojado fuera.”

Hemos notado otra vez que las parábolas de Cristo ostentan una especie de desmesuras o bruscas salidas del carril, que se podrían llamar humorismo si se quiere; pero que es un humorismo trascendental, exigido por su objeto: no humorismo jocoso, por cierto; aunque en algunos casos sí hay un tono chusco, como en la parábola del Mayordomo Camandulero. El objeto de ellas, el Misterio, es una cosa desmesurada, infinita. Cristo toma el material de ellas de la realidad cotidiana, de lo que veía en torno suyo, de las costumbres populares, de lo que contaba la gente, de las noticias que corrían... de la boca misma de sus oyentes. Fue carpintero, según parece, pero nunca tomó como materia sus recuerdos de joven, los instrumentos, la modera, los muebles; y la razón es que era un contemplativo y hablaba de lo que veía hic et nunc; puesto que continuamente veía lo Eterno insertándose en el Tiempo. Pero lo Eterno embutido en lo Cotidiano, le hace saltar las costuras. Cristo toma un cuentito de Reyes y de Convites como los que corrían por allí; y de repente, en el medio del cuentito, estalla el trueno; o por lo menos, se abre una interrogación; y una especie de perspectiva mística inmensa, a veces temerosa, se abre de repente detrás de las cosas triviales de la vida: como el abismo que veía a su lado Pascal cuando caminaba por la calle. Como todos los grandes artistas, no necesitaba Cristo materiales ricos para hacer su obra. Como todos los artistas populares, tomaba sus temas de la boca misma de sus oyentes. Como los payadores criollos, no cantaba a María Estuardo o a Guillermo Tell, sino a Lucía Miranda, a los indios pampas, o al “contingente” (73).

La parábola en Lucas simboliza más bien el llamamiento general de todos los hombres al Reino de Dios y la vida eterna, comparada a un Convite Regio: aunque con una alusión a los judíos y a la actual predicación de Cristo, en el hecho de que los principales de la ciudad declinan la invitación y ella diverge en consecuencia hacia los inferiores, incluso lo más inferior, como los mendigos y los inútiles; el hampa, “esa maldita plebe que no conoce la Ley”, como decían los Fariseos. Vosotros, que os llamáis los hombres religiosos y sabios de Israel deberíais ser los primeros en entender mi mensaje religioso; pero ¡mirad! “he aquí que los publicanos y las prostitutas os preceden en el [camino del] Reino de Dios”. En Mateo, la parábola alude claramente primero a la vocación nacional de Israel a la fe; y después a la vocación personal de todos los que ya han recibido la fe –y han entrado a la sala regia– a la caridad y la gracia santificante, que ésa es la “vestidura nupcial”. La matanza de los siervos (de los Profetas) un hecho histórico pasado y presente; y el incendio de la ciudad (la Destrucción de Jerusalén) un hecho porvenir, están unidos en el relato por un vínculo profético, y aluden claramente a la vacación primera de Israel, sustituida por la llamada a los Gentiles “los pobres y los lisiados”, aunque Mateo en realidad no dice pobres y lisiados, como Lucas, sino “buenos y malos”. Es lo mismo: para los Judíos, los Gentiles eran los malos. Estos dos hechos los vinculó explícitamente el mismo Cristo en otras dos ocasiones: cuando predijo la ruina de Jerusalén a causa de que “ha matado a los Profetas y perseguido a los Enviados”; y estaba ahora al borde de dar muerte al Profeta Máximo y al Enviado por antonomasia.

¿Quiere decir esta parábola con su terminación: “Machos llamados, pocos escogidos” que es mayor el número de los que se condenan eternamente que los que se salvan como han concluido algunos ligeramente?

Esa cuestión teológico, o mejor dicho, ociosa –y quizá temeraria– no fue resuelta por Cristo ni entraba en su mensaje. De esto no nos harán apear ni Tertuliano, ni San Cipriano, ni San Agustín, ni el P. Massillón con toda su autoridad.

La prueba de que no hay que tomar literalmente ese refrán –que es verdadero en otro sentido– de “machos son los llamados, pocos los escogidos es que literalmente es falso; pues todos y no solamente machos son los llamados a la vida bienaventurada. Así pues, nada nos fuerza –y todo nos disuade– a tomar elegidos por salvados. En la elección divina hay machos planos: de hecho, los que llegan a la perfección del Amor en esta vida (los elegidos por antonomasia, los santos) son poquitísimos; los que llegan a una virtud cristiana completa, son pocos; los que llegan a la profesión explícita de la fe sobrenatural y al bautismo de hecho y no sólo de deseo, no son todos ni la mayoría siquiera; y así se cumple estrictamente el dicho de Cristo. Acerca de los que se salvan al final, no conocemos los abismos de la misericordia y la potencia divinas; pero podemos suponer que Dios no va a resultar un fracaso tan colosal que la mayor parte de la Creación se la llevó el diablo para empedrar el infierno. Eso seria un fracaso notorio: Dios Padre no ha de ser tan mal alfarero y Cristo tan mal curandero que después de romperse todo para hacer “vasos de elección” y para sanar después lo que quebró el Primer Pecado, con su sangre nada menos, la mayoría resulten vasos de condenación y muertos para en eterno. En los médicos y artistas humanos eso puede suceder; en Dios parece seria indecente.

La frase temerosa pues está basada en un hecho visible: que la perfección en lo humano, en cualquier orden, es una cosa rara, pues “malum ut in plurimum in natura humana”; mujeres que sean perfectamente hermosas, por ejemplo, hay pocas, pero más pocas hay que no tengan algo de hermosura, por lo menos de la beauté du diable, como llaman los franceses a la juventud. La frase común es pues una exhortación a la diligencia, a la fidelidad y al temor de Dios, lo mismo que la frase: “Mirad que son machos los que van por el camino ancho”... Del final del camino ancho o estrecho, Cristo no reveló nada.

Esa es una pregunta indiscreta.

Tres ejemplos por lo menos de preguntas indiscretas tenemos en el Evangelio:

“–Señor: ¿Cuándo será el fin del mundo?

–El día y la hora no la saben ni los Ángeles, ni siquiera el Hijo del Hombre”

“–¿Ahora es el momento en que restaurarás el Reino de Israel, conforme predijeron los Profetas?

–No es de vosotros saber los tiempos y momentos que el Padre ha reservado a su Potestad.”

“–Señor ¿y éste cómo morirá?” –le dijo San Pedro señalando a su amigo San Juan, cuando Cristo le profetizó su propia muerte en cruz.

“–¿Qué te importa?” –le respondió Cristo–. “Tú sígueme a mí.”

Ahora bien, esa pregunta indiscreta se la puso a Cristo “alguien”, dice San Lucas:

“–Señor ¿son pocos los que se salvan?”.

Cristo respondió:

“–Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”; y después añadió una severísima amenaza a los que tenían en aquel tiempo lo que llamamos cristianismo mistongo; a los que hablaban de “la fe de nuestros podres”, pero no hacían obras dignas de la fe. “Los hijos de Abraham y de Isaac y de Jacob serán echados fuera: allí será el llanto y el rechinar de dientes: y en cambio vendrán muchísimos gentiles y se sentarán en el Reino de Dios.” Esta fue la respuesta de Cristo. ¿Respondió con esto que eran pocos los que se salvan? No. Dice San Agustín, que sí. Lo siento mucho, pero no respondió. No reveló nada acerca de ese punto. Como cosa de fe, no lo sabemos.

Otro día hablaremos de las macanas que han dicho los intérpretes, incluso algunos muy grandes, por no conocer el género en que están escritos los Evangelios, el género símbolo. Queda por ahora que de este símbolo de los Convidados sólo se podría deducir en esta materia que de los que pertenecen a la Iglesia –de los que han entrado en la Sala Regia– del montón se condena uno; y de los de la ciudad deicida, los que maltrataron y mataron a los profetas, sufrieron un castigo temporal, pues su ciudad fue incendiado y ellos dispersados; y solamente los “ingratos homicidas” fueron pesados a cuchillo: es decir, los culpables de un horrible pecado personal, no colectivo.


73. El autor se refiere al cuerpo militar que en el sigla pasado se reclutaba en el Ejército argentino para luchar contra los indios [N. del E.].





Sea todo a la mayor gloria de Dios.


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