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martes, 22 de enero de 2019

Sedevacante: Las Herejías del Concilio Vaticano II





UNA ENTREVISTA A MONSEÑOR FELLAY
(Mons. Donald Sanborn)


El obispo Fellay, quien ha sido, hasta hace poco, el Superior, de la Sociedad San Pío X, durante los últimos veinticuatro años, dio una entrevista al Tagespost en la que dijo algunas cosas que merecen atención.

La primera es esta: “Nunca hemos dicho que el Concilio enseñó directamente herejías. Pero eliminó el muro de protección contra el error y, por lo tanto, permitió que éste se manifestara".

¿Es esta una declaración precisa? ¿El Vaticano II simplemente expuso a la Iglesia al error? ¿O realmente contenía herejías? Respuesta: contenía herejías.

La primera herejía del Vaticano II: el ecumenismo. El documento Unitatis Redintegratio, o el Decreto sobre ecumenismo, contienen una herejía deslumbrante contra el dogma católico que enseña que fuera de la Iglesia no hay salvación . El Concilio establece:

Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia.(Unitatis Redintegratio, no. 3) (énfasis añadido).

La Iglesia Católica enseña como dogma, — fue llamado "el dogma católico más conocido" por el Papa Pío IX  que fuera de la Iglesia no hay salvación. El Concilio declara la contradicción precisa del dogma católico, a saber, que hay salvación fuera de la Iglesia católica, que estas religiones no católicas pueden dar la salvación a sus seguidores y, de hecho, son el medio por el cual se salvan. Esto es herejía.

La segunda herejía del Vaticano II: la libertad religiosa. La Iglesia Católica, que profesa ser la única Iglesia verdadera fundada por Jesucristo, y fuera de la cual no hay salvación, entiende que la libertad religiosa es la libertad de la Iglesia Católica para llevar a cabo su misión en el mundo, para establecerse en todas partes, para funcionar libremente como una entidad distinta del Estado. También reclama la libertad de sus seguidores para profesar y practicar su fe católica sin hostigamiento ni abuso.

Condena la idea, por ser contraria a la Sagrada Escritura, de que todas las religiones tienen estas mismas libertades y estos mismos derechos. Pues afirmar tal cosa sería lo mismo que decir que una persona u organización tendría derecho a hacer algo mal. Pero esto es contrario a la ley natural, y por lo tanto contrario a la enseñanza de la Iglesia. Solo se puede tener el derecho de hacer algo bien, y nunca el derecho de hacer algo mal.

La libertad es el poder de elegir el bien. El libertinaje es la posibilidad otorgada, falsamente, a la voluntad de elegir el mal. Para que exista el ejercicio de la verdadera libertad, es necesario que no afecte a ningún deber. Porque la libertad no existe para el mal, sino para el bien. Por lo tanto, por la frecuencia con que el hombre abusa de la libertad con el propósito de cometer el mal, no debe llamarse libertad sino libertinaje.

La libertad de conciencia es absolutamente impía. Porque el hombre tiene el más estricto deber de pensar correctamente acerca de Dios y de las cosas que se refieren tanto a la religión especulativa como a la práctica. Pero ir en contra del deber más estricto de la naturaleza es libertinaje, no libertad. Si estamos hablando de una transgresión voluntaria de nuestro deber hacia Dios, el libertinaje antes mencionado es impío. Porque, por lo tanto, a través de la libertad de conciencia, el hombre tiene el derecho de pensar con respecto a Dios como le plazca, esta libertad, este derecho, es verdaderamente impío.

La libertad de las religiones, considerada en sí misma, es absurda. Esta proposición está probada por lo que ya se ha dicho. Porque la libertad de las religiones se infiere solo de la libertad de conciencia. Debido a que la libertad de conciencia es absurda, se deduce también que la libertad de las religiones es absurda. Pero hay que decir más. Si se concede la libertad de las religiones, se le quita a Dios el poder de imponer una adoración determinada a los hombres, y se le impone a Dios la obligación de aceptar o al menos aprobar cualquier forma de adoración que le muestre la razón humana. Pero Dios ha ordenado una forma de adoración: la religión católica. En consecuencia, no está obligado a aceptar cualquier forma de adoración que los seres humanos le den. De ello se deduce que los hombres no pueden, sin la obvia irreligión e impiedad, rechazar los preceptos de Dios y ser los árbitros de su propia adoración. Por otro lado, es una impiedad negar a Dios la facultad de determinar la adoración e imponerle a Él algún tipo de deber de aprobar indiscriminadamente todas las formas de adoración. Por eso la libertad de las religiones es absurda.

El Vaticano II, sin embargo, enseña que la libertad de religión para el individuo y para las organizaciones religiosas es un derecho que fluye de la noción de dignidad humana. Además, dice que esta enseñanza concerniente a la dignidad humana está contenida en la revelación, pero no da ninguna referencia acerca de donde, en la revelación, Dios garantiza el derecho a creer y practicar la religión que Ud. quiera.

El Vaticano II enseña en Dignitatis Humanæ, no. 2:
Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos
Algunos intentan defender el Concilio diciendo que lo único que significa es que nadie debe convertirse al catolicismo por la espada. La Iglesia siempre ha enseñado que la conversión no debe tener lugar de esa manera, y ha condenado cualquier intento de hacerlo. Que esta no es la intención del Concilio se puede ver en los párrafos posteriores al citado anteriormente:

La libertad o inmunidad de coacción en materia religiosa, que compete a las personas individualmente, ha de serles reconocida también cuando actúan en común. Porque la naturaleza social, tanto del hombre como de la religión misma, exige las comunidades religiosas.
A estas comunidades, con tal que no se violen las justas exigencias del orden público, se les debe por derecho la inmunidad para regirse por sus propias normas, para honrar a la Divinidad con culto público, para ayudar a sus miembros en el ejercicio de la vida religiosa y sustentarlos con la doctrina, y para promover instituciones en las que colaboren los miembros con el fin de ordenar la propia vida según sus principios religiosos.
A las comunidades religiosas les compete igualmente el derecho de que no se les impida por medios legales o por acción administrativa de la autoridad civil la elección, formación, nombramiento y traslado de sus propios ministros, la comunicación con las autoridades y comunidades religiosas que tienen su sede en otras partes del mundo, ni la erección de edificios religiosos y la adquisición y uso de los bienes convenientes.
Las comunidades religiosas tienen también el derecho de que no se les impida la enseñanza y la profesión pública, de palabra y por escrito, de su fe.

Aquellos de nosotros que hemos vivido en un país como los Estados Unidos, donde la libertad religiosa descrita en estos párrafos se considera un derecho civil normal, incluso sagrado, no vemos la malicia de estas palabras. Si sustituimos "aborto" por "religión", el punto podría aclararse: "Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a un aborto ". "Las clínicas de aborto son un requisito de la naturaleza social tanto del hombre como del aborto", en sí mismo." Siempre que se observen las justas exigencias del orden público, las clínicas de aborto reclaman con justicia la libertad para que puedan gobernarse a sí mismas de acuerdo con sus propias normas, realizar abortos públicamente, asistir a sus miembros en la práctica del aborto, fortalecerlos con instrucción, y promover instituciones en las que puedan unirse con el fin de ordenar sus propias vidas de acuerdo con sus principios de aborto".

¿Necesito seguir? Debe señalarse aquí que, siendo el aborto un crimen atroz, la profesión de una religión falsa es mucho más atroz a los ojos de Dios, siendo directamente contrario a sus derechos solemnes. No se debe olvidar que en Éxodo (capítulo 32), Dios ordenó el asesinato de todos aquellos que participaron en la adoración del becerro de oro, y que no se habían arrepentido. El número de los muertos fue de 23.000. Este acontecimiento trascendental fue ordenado para demostrar al pueblo hebreo la necesidad de adherirse a la verdadera religión y de rechazar a las falsas religiones. Según el Concilio Vaticano II, Moisés debería haber proclamado la libertad religiosa para todos los adoradores de becerros.

La libertad religiosa, tal como lo enseña el Vaticano II, es en realidad una herejía. Está condenada solemnemente por el Papa Pío IX como contraria a las Escrituras. Además, el arzobispo Lefebvre consideraba a la libertad religiosa como una herejía. Dijo exactamente esto al padre Cekada en una conversación durante una cena en Oyster Bay.

La tercera herejía del Vaticano II: La nueva eclesiología. Por eclesiología nos referimos a la doctrina de la Iglesia acerca de su propia naturaleza, es decir, su esencia y características. El Vaticano II enseña una eclesiología herética . Está contenida en el Lumen Gentium.

Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica. (Lumen Gentium, 8)

El dogma tradicional de la Iglesia Católica enseña que la Iglesia Católica, y solo ella, es la única Iglesia verdadera de Cristo, y que, por lo tanto, cualquier entidad fuera de ella es una religión falsa. Esto incluye incluso aquellas religiones cismáticas del este que pueden tener un sacerdocio válido y sacramentos válidos. Si estás aislado del centro, el Papa, no eres más que una rama muerta que se ha caído de la enredadera.

El Vaticano II modificó esta doctrina para incluir otras denominaciones cristianas en la Iglesia de Cristo, diciendo que la Iglesia de Cristo, como un cuerpo organizado, subsiste en la Iglesia Católica.

¿Qué significa subsistir? La subsistencia es la perfección de una cosa la cual existe por sí misma, y ​​no en otra cosa. Por ejemplo, un color no puede existir por sí solo, pero siempre debe existir en otra cosa, por ejemplo, pintura, una flor, un paño. A ese "algo más" debe el tener su propia subsistencia.

Aplicando esto a la eclesiología, si la Iglesia de Cristo no subsiste por sí sola, sino que debe subsistir en otra cosa, significa que la Iglesia de Cristo es realmente distinta de lo que subsiste, es decir, que son por naturaleza dos cosas diferentes. Significa que la Iglesia de Cristo no es la Iglesia Católica, y la Iglesia Católica no es la Iglesia de Cristo. Si no fueran por naturaleza dos cosas diferentes, entonces serían lo mismo, y sería necesario decir que la Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica, que es precisamente el dogma de la Iglesia Católica.

La doctrina "subsiste en" también significa que la Iglesia de Cristo podría subsistir en otra cosa, como la Iglesia Luterana, por ejemplo.

Si bien esta doctrina hace maravillas por la herejía del ecumenismo y la libertad religiosa, destruye la enseñanza de la Iglesia de que la Iglesia Católica es exclusivamente la Iglesia de Cristo, y viceversa. La Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica son una y la misma, y ​​exclusivamente así, lo que significa que ninguna otra organización "cristiana" puede llamarse a sí misma Iglesia de Cristo de ninguna manera. El único nombre apropiado para ellos es una secta herética o cismática.

La cuarta herejía del Vaticano II: la colegialidad. Esta doctrina, también contenida en Lumen Gentium, sostiene que el sujeto (poseedor) del poder supremo en la Iglesia es el colegio de obispos. Escuche al Concilio:

...el Cuerpo episcopal, que sucede al Colegio de los Apóstoles en el magisterio y en el régimen pastoral, más aún, en el que perdura continuamente el Cuerpo apostólico, junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta Cabeza.(Lumen Gentium, 22)

Esto es herejía. Porque la Iglesia Católica enseña que el Romano Pontífice es el jefe de la Iglesia Católica. Escuche el Concilio de Florencia: 

"Asimismo definimos que la santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre todo el orbe y que el mismo Romano Pontífice es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, verdadero vicario de Cristo y cabeza de toda la Iglesia y padre y maestro de todos los cristianos, y que al mismo, en la persona del bienaventurado Pedro, le fue entregada por nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal, como se contiene hasta en las actas de los Concilios ecuménicos y en los sagrados cánones". (Decreto para los griegos, 6 de julio de 1439. Dz.694)

El Papa Pío VI condenó esta doctrina: "Todos los obispos juntos y en un solo cuerpo gobiernan la misma Iglesia, cada uno de ellos con pleno poder".

Algunos intentan salvar al Vaticano II de la herejía diciendo que el Concilio enseña que el Papa es la cabeza de la Colegio Apostólico y que no puede actuar sin él. Pero esto no lo salva de la herejía, porque el Papa en ese caso simplemente se convierte en otro miembro del colegio de obispos, y simplemente en una condición de su poder, pero no en la fuente de su poder.

Otros intentan salvar al Concilio señalando que el documento afirma que el Papa es el jefe de la Iglesia: "En virtud de su cargo, es decir, como Vicario de Cristo y pastor de toda la Iglesia, el Romano Pontífice tiene pleno, poder supremo y universal sobre la Iglesia”. Sin embargo, este es un intento fútil. Ninguna organización puede tener dos jefes, dos legisladores supremos. Por ejemplo, es imposible que el rey y el parlamento sean el legislador supremo. Uno debe tener la última palabra, a quien el otro está subordinado. El rey Carlos I de Inglaterra perdió la cabeza al defender la supremacía del rey sobre el parlamento.

Aún otros intentan salvar al Concilio citando la Nota Preliminar de Explicación (la Nota Prævia) , pero esto es inútil, ya que no es parte del documento aceptado por los obispos. El teólogo modernista Yves Congar se apresuró a señalar esto cuando era un perito en el Concilio. Además, no hay nada en la Nota Prævia que cancele la herejía conciliarista en el documento.

La doctrina católica enseña que el Papa, como jefe supremo de la Iglesia, puede invitar a los obispos a un concilio general, en el cual, mediante su consentimiento, participan en su poder para gobernar a la Iglesia. Aparte de estos concilios generales, la autoridad de los obispos se limita a sus diócesis. El poder para gobernar las diócesis es de Cristo, pero llega a ellos a través del Romano Pontífice, quien puede quitarles el poder cuando lo desee. El Papa Pío XII enseñó en la Encíclica Mystici Corporis:

"...por lo que a su propia diócesis se refiere, apacientan y rigen como verdaderos Pastores, en nombre de Cristo, la grey que a cada uno ha sido confiada; pero, haciendo esto, no son completamente independientes, sino que están puestos bajo la autoridad del Romano Pontífice, aunque gozan de jurisdicción ordinaria, que el mismo Sumo Pontífice directamente les ha comunicado". (n.42)

El obispo Fellay se vende a los modernistas respecto del Concilio. Hace aproximadamente un año, el Vaticano le dijo a la Sociedad de San Pío X que no podría haber esperanza de reconciliación a menos que la FSSPX acepte el Vaticano II y el magisterio posterior a éste. Al decir que no hay herejía en el Vaticano II, el obispo Fellay dice que el Vaticano II es ortodoxo, es decir, católico, y no es ofensivo para la fe católica.

Si es así, ¿qué hemos estado haciendo durante los últimos cincuenta años?

El obispo Fellay también se vende en la cuestión de la Nueva Misa. El obispo Fellay hace esta afirmación notable: "No toda misa nueva es un escándalo directamente, pero la celebración repetida de la nueva misa conduce a un debilitamiento o incluso a una pérdida de la fe...”.

Pregunta: ¿cómo podría no ser un escándalo si lleva a la pérdida de la fe? ¿Cómo podría una Iglesia infalible e indefectible, la Iglesia de Cristo, asistida por el Espíritu Santo, el pilar y el fundamento de la verdad, como la llama San Pablo, promulgar a todo el mundo un rito que lleve a la pérdida de la fe? La declaración del obispo Fellay cae bajo el anatema del Concilio de Trento: 

“Si alguien dice que las ceremonias, vestimentas y signos externos que la Iglesia católica usa en la celebración de las misas son incentivos a la impiedad en lugar de servicios de piedad, él sea anatema ". (El Sacrificio Eucarístico, Sesión XXII, 17 de setiembre de 1562)

El obispo Fellay afirma en esta misma entrevista que la Misa tradicional es como una trompeta de plata, mientras que la Nueva Misa es como una trompeta de bronce:

Solo digo que si está recibiendo a un jefe de Estado y tiene la opción de elegir entre una trompeta de plata y una trompeta de bronce, ¿elegiría la trompeta de bronce? Sería un insulto. No lo harías. Incluso las mejores Misas nuevas son como trompetas de bronce, en comparación con la liturgia tradicional. Para Dios, elegiríamos lo que es mejor.

La única conclusión que se puede extraer de esta declaración es que la nueva misa es una misa católica, pero es simplemente inferior a la misa tradicional. Después de todo, ¡ambas son trompetas! El de plata es simplemente más bonito que el de bronce. Creo que una mejor analogía hubiera sido comparar la Nueva Misa no con una trompeta de bronce, sino con un elefante gigante que pasa gas.

El obispo Fellay, hasta hace poco, era el jefe de la organización que pretende ser el baluarte de la tradición, la única esperanza de los fieles católicos que desean protegerse del Vaticano II y sus reformas. Sin embargo, todo está confundido con respecto a los más altos principios de resistencia al Vaticano II. Por un lado, dice que la Nueva Misa debilita o destruye tu fe, lo que significa que es veneno, y luego algunas líneas más abajo dice que es una trompeta de bronce y no una de plata, lo que indica que simplemente hay una diferencia de Calidad entre las dos misas.

Es por esta razón que nos regocijamos por nuestra separación de la FSSPX en 1983. Vimos las semillas de esta confusión teológica absoluta, esta teología a la Maxine Waters (Diputada Demócrata conocida por sus posiciones progresistas. N. del Traductor), y no queríamos formar parte de ella.

Podemos ser pequeños en comparación con la FSSPX, pero no estamos confundidos. Como lo expresó Garrigou-Lagrange: “Mil idiotas no equivalen a un genio”. Asimismo, mil sacerdotes confundidos no igualan a un sacerdote de cabeza lúcida.


Fuente: In Veritate (Blog de Monseñor Sanborn)

Traducción: Cristo Vuelve




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

martes, 3 de julio de 2018

30 Años desde las Consagraciones Episcopales del Arzobispo Marcel Lefebvre






30 AÑOS DESDE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES DEL 
ARZOBISPO MARCEL LEFEBVRE


En 1988, el 30 de junio fue un jueves. Litúrgicamente, fue la Conmemoración de San Pablo Apóstol. Ese día, todos los ojos estaban en un pequeño asentamiento en el suroeste de Suiza con el nombre de Écône. En una conferencia de prensa el 15 de junio, el arzobispo francés Marcel Lefebvre (1905-1991) había anunciado que el 30 del mes iba a consagrar a cuatro obispos en Écône, incluso contra la prohibición expresa del hombre que reconoció como el Vicario de Jesucristo, el apóstata polaco Mons. Karol Wojtyla, también conocido por su nombre artístico, "Papa Juan Pablo II" .

Todas las negociaciones entre la Secta Novus Ordo y la Sociedad de San Pío X (FSSPX) para la consagración de un obispo aprobado por Roma habían fallado, Mons. Lefebvre procedió a consagrar al episcopado a cuatro hombres de su propia elección: El inglés padre Richard Williamson, el español padre Alfonso de Galarreta, el francés padre Bernard Tissier de Mallerais, y el padre suizo. Bernard Fellay. Lo hizo para garantizar la supervivencia de su sociedad sacerdotal (fundada en 1970 con la aprobación del obispo local Novus Ordo) y la transmisión válida de la plenitud del sacramento de las sagradas órdenes. Esto se hizo necesario ya que el rito Novus Ordo impuesto por el "Papa" Pablo VI en 1968 era claramente inválido . Aunque la Iglesia prescribe dos obispos co-consagrantes para una consagración episcopal, solo un hombre en el mundo entero estuvo dispuesto a unirse a Lefebvre en esta ceremonia de ordenación: Mons. Antonio de Castro Mayer (1904-1991) , el jubilado ordinario de Campos, Brasil.

El 17 de junio de 1988, el "Cardenal" Bernard Gantin (1922-2008) , entonces el Prefecto de la Congregación para Obispos del Vaticano, había enviado la siguiente advertencia canónica formal a Mons. Lefebvre, anunciándole que la excomunión automática sería la consecuencia si él realmente consagrara a los cuatro obispos según lo planeado:

Advertencia canónica 
Congregación para los Obispos a Su Excelencia el Arzobispo Marcel Lefebvre, Arzobispo Obispo Emérito de Tulle 

Dado que el 15 de junio de 1988 usted declaró que tenía la intención de ordenar a cuatro sacerdotes para el episcopado sin haber obtenido el mandato del Sumo Pontífice como exige el Canon 1013 del Código de Derecho Canónico de 1983, yo mismo le transmito esta advertencia canónica pública, confirmando que si lleva a cabo su propósito, tal como se indicó más arriba, usted mismo y también los obispos ordenados por usted incurrirán en la excomunión ipso facto latæ sententiæ reservada a la Sede Apostólica de acuerdo con el Canon 1382. Por lo tanto, le suplico y ruego en el nombre de Jesucristo que sopese cuidadosamente lo que está a punto de emprender contra las leyes de la disciplina sagrada y las graves consecuencias que de ello se derivan para la comunión de la Iglesia Católica, de la que eres obispo.
Dado en Roma, desde la Oficina de la Congregación para los Obispos, el 17 de junio de 1988.
Por mandato del Sumo Pontífice,
Bernardin Card. Gantin Prefecto de la Congregación para los Obispos
(Fuente:  "Advertencia canónica", en  "Arzobispo Lefebvre y el Vaticano", página 112; cursiva dada).

Huelga decir que esta advertencia no tuvo el efecto deseado, y Mons. Lefebvre procedió con las consagraciones el 30 de junio. Un video clip que resume los aspectos más destacados de la ceremonia se puede ver aquí:




El día después de las consagraciones, el 1 de julio, el Vaticano envió la amenazada declaración de excomunión:

Decreto
Monseñor Marcel Lefebvre, arzobispo-obispo emérito de Tulle, a pesar de la advertencia canónica formal del 17 de junio pasado y los repetidos llamamientos a desistir de su intención, ha realizado un acto cismático por la consagración episcopal de cuatro sacerdotes, sin mandato pontificio y contrario a la voluntad del Sumo Pontífice, y por lo tanto ha incurrido en la pena prevista en el Canon 1364 §1, y el Canon 1382 del Código de Derecho Canónico. 
Habiendo tomado en cuenta todos los efectos jurídicos, declaro que el antedicho arzobispo Marcel Lefebvre, y Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta han incurrido en la excomunión ipso facto latæ sententiæ reservada a la Sede Apostólica.
Además, declaro que el Arzobispo Antonio de Castro Mayer, Obispo Emérito de Campos, desde que participó directamente en la celebración litúrgica como co-consagrador y se adhirió públicamente al acto cismático, ha incurrido en la excomunión latæ sententiæ según lo previsto por Canon 1364 §1.
Se advierte a los sacerdotes y fieles que no apoyen el cisma del arzobispo Lefebvre, de lo contrario incurrirán ipso facto en la muy grave pena de excomunión. 
De la Oficina de la Congregación para los Obispos, 1 de julio de 1988.  
Bernardinus Card. Gantin Prefecto de la Congregación para los Obispos 
(Fuente: "Decreto", en "Arzobispo Lefebvre y el Vaticano", página 126.)


Al día siguiente, 2 de julio, Juan Pablo II publicó un documento denominado motu proprio ("por su propia iniciativa"), la Carta "Apostólica" Ecclesia Dei Adflicta, en la que declaraba que al llevar a cabo estas consagraciones episcopales contra su expreso prohibición, los obispos involucrados se habían convertido en culpables de un "acto cismático".

Además, anunció la creación de una comisión especial (Comisión Pontificia "Ecclesia Dei" ) para complacer a los que estaban apegados a la liturgia anterior al Vaticano II, pero no quería seguir a los lefebvristas en su cisma. Unos días más tarde, se fundó una nueva orden de sacerdotes  para este fin, llamada la Fraternidad de San Pedro (FSSP). El FSSP iba ​​a ser como la SSPX en términos de liturgia, pero estaría en "plena comunión" con la Secta del Vaticano II, aceptando el Concilio y los Nuevos Sacramentos como válidos y lícitos y siendo obedientes al "Papa". Varios sacerdotes y laicos abandonaron la FSSPX y se unieron al nuevo FSSP.

El 6 de julio, el liderazgo de la FSSPX - el Superior General en ese momento fue el Padre. Franz Schmidberger: envió lo que podría llamarse su "respuesta oficial" al decreto de excomunión. Fue una carta abierta al "Cardenal" Gantin, en la que los Lefebvristas esencialmente declararon su alegría y gratitud al ser considerados excomulgados por una iglesia falsa. Como no es muy conocido y su contenido es bastante explosivo, lo reproducimos aquí en su totalidad:

Carta abierta al cardenal Gantin 
Prefecto de la Congregación 
para los Obispos 

Ecône, 6 de julio de 1988 

Eminencia,
Reunidos en torno a nuestro Superior General, los Superiores de los Distritos, Seminarios y Casas autónomas de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X piensan que es bueno expresarte respetuosamente las siguientes reflexiones.
Por su carta del 1 de julio, pensó que era bueno informar a Excelentísimas Monseñor Marcel Lefebvre, Obispo Antonio de Castro Mayer, y los cuatro Obispos a quienes consagraron el 30 de junio, en Ecône, de la excomunión latæ sententiæ. Le permitimos juzgar por usted mismo el valor de tal declaración, proveniente de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con todos sus predecesores hasta el Papa Pío XII, en el culto, la enseñanza y el gobierno de la Iglesia.
En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y Obispos antes del Concilio Vaticano II, celebrando precisamente la Misa que codificaron y celebraron, enseñando el Catecismo que elaboraron, oponiéndose a los errores que muchas veces han condenado en sus encíclicas y cartas pastorales. Te permitimos juzgar de qué lado se va a encontrar la ruptura. Estamos extremadamente tristes por la ceguera del espíritu y el endurecimiento del corazón de las autoridades romanas.
Por otro lado, nunca hemos deseado pertenecer a este sistema que se autodenomina la Iglesia Conciliar, y se define a sí mismo con el Novus Ordo Missæ, un ecumenismo que conduce al indiferentismo y la laicización de toda la sociedad. Sí, no tenemos parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Su Eminencia o de otra Congregación Romana sería solo la prueba irrefutable de esto. No pedimos nada mejor que ser declarado fuera de comunión con este espíritu adúltero que ha estado soplando en la Iglesia durante los últimos 25 años; no pedimos nada mejor que ser declarado fuera de esta comunión impía de los impíos.Creemos en el Único Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y siempre nos mantendremos fieles a Su única Esposa, la Única Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Ser públicamente asociado con esta sanción infligida a los seis Obispos Católicos, Defensores de la Fe en su integridad y plenitud, sería para nosotros una señal de honor y una señal de ortodoxia ante los fieles. De hecho tienen un derecho estricto a saber que los sacerdotes que les sirven no están en comunión con una iglesia falsa, promoviendo la evolución, el pentecostalismo y el sincretismo. En unión con estos fieles, hacemos nuestras las palabras del Profeta: "Præparate corda vestra Domino et servite Illi soli: et liberabit vos de manibus inimicorum vestrorum. Convertimini ad Eum in toto corde vestro, et auferte deos alienos de medio vestri- Abre sus corazones al Señor y sírvanle solo a Él; y Él los librará de las manos de sus enemigos. Con todo tu corazón regresa a Él, y quita de en medio a los dioses extraños "(I Reyes 7: 3).
Confiados en la protección de Ella que ha aplastado todas las herejías en el mundo, aseguramos a Su Eminencia de nuestra dedicación a Aquel que es el único Camino de salvación. 

P. Franz Schmidberger, Superior General,P. Paul Aulagnier, Superior de Distrito, FranciaP. Franz-Josef Maessen, superior de distrito, Alemania,P. Edward Black, Superior de distrito, Gran Bretaña,P. Anthony Esposito, Superior de Distrito de Italia,P. François Laisney, Superior de Distrito, Estados UnidosP. Jacques Emily, Superiora de Distrito de Canadá,P. Jean Michel Faure, Superior de Distrito de MéxicoP. Gerard Hogan, Superior de Distrito de AustralasiaP. Alain Lorans, Superior, Seminario de EcôneP. Jean Paul André, Superior, Seminario de Francia,P. Paul Natterer,Superior, Seminario de AlemaniaP. Andrès Morello, Superior, Seminario de ArgentinaP. William Welsh, Superior, Seminario de AustraliaP. Michel Simoulin, Rector, Universidad de San Pío XP. Patrice Laroche, Vicerrector, Seminario de EcôneP. Philippe François, Superior, Bélgica,P. Roland de Mérode, Superior, Países BajosP. Georg Pflüger, Superior, Austria,P. Guillaume Devillers, Superior, España,P. Philippe Pazat, Superior, Portugal,P. Daniel Couture, Superior, IrlandaP. Patrick Groche, Superior, Gabón,P. Frank Peek,Superior, África del Sur 

(Fuente: "Carta abierta al cardenal Gantin", en el  "Arzobispo Lefebvre y el Vaticano", pp. 136-138; subrayado agregado).

El Vaticano nunca respondió a esta misiva; al menos, la SSPX dice que nunca recibieron una respuesta, y no hay ninguna razón para dudar.

Esta carta del 6 de julio al "Cardenal" Gantin muestra la total irracionalidad de reconocer que como legítimas autoridades católicas, a notorios no-católicos que imponen una doctrina, un culto y una disciplina no católicos. Es una cuadratura imposible del círculo y herética o al menos próxima a la herejía, ya que implica que la Iglesia Católica puede desertar de la verdadera Fe, la verdadera adoración y la saludable disciplina universal. Si eso fuera posible, la Iglesia no estaría protegida por el Espíritu Santo, ella no sería el Arca de la Salvación, y las puertas del infierno habrían prevalecido.

Note que la carta claramente declara o implica que las autoridades de Novus Ordo son parte de una iglesia falsa ("iglesia falsificada"), una iglesia que se contrapone con la verdadera Iglesia ("La Única Iglesia Católica Apostólica y Romana"), a la que los signatarios insisten que son fieles. Hasta ahora, todo bien; sin embargo, lo que arroja un poco de gracia es que la SSPX insiste en que estos modernistas son, sin embargo, autoridades legítimas de la verdadera Iglesia; autoridades, sin embargo, que deben ser desobedecidas y resistidas, de lo contrario corremos el riesgo de ser envenenados por su religión herética. Esto es absurdo!

Es porque el FSSPX nunca resolvió esta contradicción en su teología, ¡cómo podrían! - que las comunidades Lefebvristas siempre tienen dentro de sí el potencial de reconciliarse con Roma o de irse por su cuenta. Vemos lo primero en FSSP, en defecciones individuales a la Secta Novus Ordo, y en el movimiento FSSPX interno (encabezado por Mons. Fellay) buscando la aceptación oficial de Roma, incluso cuando un "modernista genuino" ( palabras de Fellay ) es reconocido como Papa. Vemos a este último en los llamados "sacerdotes de resistencia" que abandonaron el FSSPX o fueron expulsados ​​(se llaman a sí mismos "FSSPX de la Estricta Observancia" o "FSSPX-Cuerpos Marianos"), entre los cuales se cuentan Mons. Richard Williamson, P. Francois Chazal, P. David Hewko, P. Joseph Pfeiffer, y otros.

Lo único en lo que aparentemente todos ellos pueden estar de acuerdo: el sedevacantismo, la única posición razonable y doctrinalmente sólida que puede justificar el rechazo de la sumisión a los modernistas en Roma, no es el camino a seguir. Que interesante.

Estas son algunas de nuestras muchas publicaciones en el blog contra SSPX, que refutan su falsa teología anticatólica:




En 2009, el P. Joseph Ratzinger, que entonces reclamaba el título de "Papa Benedicto XVI", ordenó la remisión de la excomunión de los cuatro obispos que todavía viven: Fellay, Williamson, de Galarreta y Tissier de Mallerais. Así como el Prefecto de la Congregación para los Obispos (entonces "Cardenal" Gantin) emitió el decreto de excomunión de 1988, también lo fue el decreto de 2009 emitido por la misma autoridad de Novus Ordo (entonces el "Cardenal" Giovanni Battista Re).

Esta remisión se produjo sin condiciones previas, y Benedicto XVI publicó una carta a los obispos Novus Ordo del mundo explicando su decisión. Sin embargo, el decreto de remisión decía: "Se espera que este paso sea seguido por el pronto logro de la plena comunión con la Iglesia por parte de toda la Sociedad de San Pío X, lo cual dará testimonio de su genuina fidelidad. y el reconocimiento genuino del Magisterio y la autoridad del Papa con la prueba de la unidad visible". Sin embargo, después de las continuas negociaciones que no lograron lograr la esperada" plena comunión "entre la FSSPX y la Roma modernista, la Congregación para la Doctrina del Fe preparó un nuevo decreto de excomunión en 2013, pero Francisco el Misericordioso se negó a firmarlo.

Desde entonces, Francisco ha estado haciendo gradualmente concesiones al FSSPX: en 2015, nombró a Mons. Fellay para juzgar casos de sacerdotes FSSPX en primera instancia, y otorgó a todos los sacerdotes y obispos FSSPX las facultades para absolver "válida y lícitamente" de los pecados en confesión durante el "Año de la Misericordia". No es sorprendente que cuando el Año de la Misericordia se levantó, esta concesión se extendió indefinidamente. Entonces el Vaticano comenzó a hacer flotar la idea de que la FSSPX no tendría que aceptar todo el Vaticano II para ser regularizado, y la oferta de una prelatura personal se hizo. En un punto Mons. Fellay proclamó jovialmente que Francisco considera que la FSSPX era católica y añadió, aparentemente sin darse cuenta de la fatal ironía, que "la doctrina no es tan importante para él". Parecía que una reconciliación entre las dos partes era inminente.

Cuando en 2017 el Vaticano emitió un astuto documento que permitía a los obispos del Novus Ordo autorizar las bodas FSSPX en sus diócesis, esto fue demasiado para siete decanos de la FSSPX en Francia, y comenzaron a rebelarse. Mons. Fellay actuó decisivamente, eliminando rápidamente  a los siete decanos de sus puestos. (Años antes, varios laicos FSSPX franceses ya habían exigido la renuncia de Mons. Fellay de su puesto como Superior General). Ese mismo año, Mons. Fellay anunció que Roma le había otorgado permiso para ordenar libremente a los sacerdotes . Aunque no todos en la FSSPX estaban tan entusiasmados con un acuerdo con la Roma modernista como liderazgo, todo parecía ir viento en popa para los Lefebvristas.

Pero luego, todo cambió. De la nada, el  "cardenal" Gerhard Ludwig Muller lanzó una trampa en las negociaciones, y de repente requirió que la SSPX aceptara cada letra y tilde del Vaticano II y el Magisterio postconciliar, así como la legitimidad de los sacramentos de Novus Ordo, como una precondición para cualquier tipo de reconciliación. Esto efectivamente mató a todo el asunto. "Es como el juego de la oca", Mons. Fellay se lamentó al referirse al popular juego de mesa familiar en el que se puede pedir a las personas que comiencen de nuevo justo antes de llegar a la línea de meta.

Esto es, más o menos, donde el FSSPX está en este punto con Roma. Todavía están haciendo lo suyo, y se les han dado todo tipo de concesiones, pero en términos de un acuerdo están de regreso al punto de partida. Dependiendo de a quién en la Secta Novus Ordo pregunte, la gama de las opiniones sobre el estado exacto de la FSSPX van desde "en cisma" hasta "pueden aceptarse tal como son".




Mons. Antonio de Castro Mayer (1904-1991)


En cuanto a Bp. de Castro Mayer, después de las consagraciones de 1988, continuó liderando su movimiento de resistencia en Campos, la Fraternidad Sacerdotal de San Juan María Vianney, desafiando al ordinario local que lo había reemplazado en 1981. Como Mons. Lefebvre, de Castro Mayer murió en 1991, después de lo cual tres de los cuatro nuevos obispos FSSPX consagraron al P. Licinio Rangel (1936-2002) para sucederlo. El Vaticano eventualmente persuadió a Mons. Rangel firmó un acuerdo para entrar en "plena comunión" con Juan Pablo II, transformando su Sociedad de San Juan Vianney en la "Administración Apostólica Personal" de San Juan Vianney. Esto fue en enero de 2002. En ese momento, el SSPX bajo Mons. Fellay advirtió a la resistencia de Campos de no hacer un trato con el Vaticano (ver aquí y aquí), prediciendo que los modernistas romanos simplemente intentaban neutralizar su resistencia al Vaticano II y la Nueva Misa, que es precisamente lo que sucedió.

Aunque el Vaticano sí permitió la consagración (¡válida!) de un nuevo obispo en 2002 (Mons. Fernando Rifan) como parte del acuerdo, uno puede decir con sinceridad que, para todos los efectos, la resistencia de Campos ya no existe. Aunque la "Administración Apostólica Personal" aún existe, en realidad son simplemente otra organización independiente cuya "resistencia" al Vaticano II y los Nuevos Sacramentos, si es que existe, es mínima en el mejor de los casos. Hoy, Campos es completamente irrelevante . Todavía tienen los hermosos externos tradicionales e incluso el clero válido, pero en el interior son completamente parte de la Secta del Vaticano II. En 2013, Mons. Rifan fue atrapado felizmente concelebrando el servicio de adoración Novus Ordo con el "Papa" Francisco en la Casa Santa Marta. Mons. de Castro Mayer debe estar girando en la tumba.

Claramente, la resistencia de Campos es historia. El acuerdo del Vaticano resultó ser el beso de la muerte para ellos. Por lo tanto, es aún más sorprendente que el mismo Bp. Fellay quien una vez advirtió a Bp. Rangel no firma el acuerdo que le ofreció Juan Pablo II, y hoy desea ansiosamente un arreglo llamado "prelatura personal" bajo Francisco, algo que confirmó una vez más en una nueva entrevista publicada en la edición del 28 de junio del periódico alemán. Die Tagespost (ver Regina Einig, "Wir sind ein Störfaktor in der Kirche", Die Tagespost  LXXI: 26, p.3 ).



La consagración episcopal de los obispos 
Tissier de Mallerais, Williamson, de Galaretta y Fellay


Con respecto al 30 aniversario de las consagraciones de Lefebvre este año, anticipamos que los líderes de FSSPX mantendrán la conmemoración bastante discreta. En los últimos años se han esforzado por ser conciliadores con el Vaticano modernista, ¡bajo Francisco, de todas las personas! -, y Mons. Fellay incluso ha afirmado falsamente que la FSSPX nunca ha querido ser cismática o estar separada de Roma. Sin embargo, la carta del 6 de julio al "Cardenal" Gantin reproducida anteriormente cuenta una historia diferente.

Pero todavía hoy Mons. Fellay repite la misma afirmación: "Insisto: nunca nos hemos separado de la Iglesia", dice en la entrevista de Tagespost (página 2, nuestra traducción). Quizás de acuerdo con su propia definición peculiar de "Iglesia", él nunca se ha separado a sí mismo, pero no le corresponde a él juzgarlo. Los ortodoxos orientales siempre han reclamado lo mismo, y para ellos el Papa Pío IX tenía un mensaje claro: "... a quien sea que el Romano Pontífice juzgue como cismático por no admitir ni reverenciar su poder, debe dejar de llamarse católico" (Encíclica Quartus Supra, n. 9).

Para aquellos que pueden objetar que los lefebvrianos si reconocen el primado del Papa, respondemos con el Papa Pío IX, una vez más:

¿De qué sirve proclamar en voz alta el dogma de la supremacía de San Pedro y sus sucesores? ¿De qué sirve repetir una y otra vez las declaraciones de fe en la Iglesia Católica y la obediencia a la Sede Apostólica cuando las acciones desmienten estas palabras? Además, ¿no es la rebelión más inexcusable por el hecho de que la obediencia se reconoce como un deber? Nuevamente, la autoridad de la Santa Sede no extiende, como una sanción, a las medidas que hemos sido obligados a tomar, o es suficiente estar en comunión de fe con esta Sede sin agregar la sumisión de obediencia, - una cosa que no se puede mantener sin dañar la fe católica? 
... De hecho, Venerables Hermanos y amados Hijos, se trata de reconocer el poder (de esta Sede), incluso sobre sus iglesias, no solo en lo que se refiere a la fe, sino también en lo que concierne a la disciplina. El que negaría esto es un hereje; el que reconoce esto y se niega obstinadamente a obedecer es digno de anatema.
(Papa Pío IX, Encíclica  Quae en Patriarchatu  [1 de septiembre de 1876], n. 23-24, en  Acta Sanctae Sedis  X [1877] , pp. 3-37; Inglés tomado de las  Enseñanzas papales: La Iglesia , n. -434.)

Qué irónico: resulta que los supuestos defensores de la Tradición adopten una posición que es contraria a las enseñanzas recibidas de la Iglesia.

Por cierto: El segundo mandato de doce años de Mons Fellay como Superior General ha terminado. El Capítulo General de FSSPX se reunirá del 11 al 21 de julio de este año, al final del cual se elegirá al nuevo Superior General. Si se pueden creer los rumores, entonces los candidatos con las mejores oportunidades son el Padre. David Pagliarani, P. Jurgen Wegner, P. Yves Le Roux, y el padre. Niklaus Pfluger. Este será un evento decisivo para la FSSPX y determinará hacia dónde irá la sociedad Lefebvrista en los próximos doce años, cuando, seguramente podemos imaginar, que al menos una consagración episcopal tendrá que ser considerada una vez más.

Por desgracia, una cosa parece cierta: no importa lo que la FSSPX decida hacer con respecto al Vaticano modernista, una posición católica ortodoxa no está próxima.



Traducción: Cristo Vuelve



Sea todo a la mayor gloria de Dios.

martes, 14 de febrero de 2017

Doce Preguntas Inconvenientes para la Fraternidad Sacerdoral San Pío X





Desafiamos al clero y / o los fieles laicos de la Sociedad de San Pío X a que contesten las siguientes preguntas. Dentro de lo posible, todas deben ser respondidas, citando las fuentes autorizadas del magisterio católico, tales como encíclicas papales, decretos de los concilios ecuménicos, o catecismos y manuales de teología aprobados antes de la muerte del Papa Pío XII (1958).Conceptos novedosos, como la “comunión parcial” o “Roma eterna vs. Roma de hoy”, no son aceptables, ya que no tienen fundamento en la doctrina católica. El que conteste estas preguntas tampoco debe refugiarse en formulaciones vagas o expresiones ambiguas: “”Que vuestra palabra sea sí, sí: no, no; y lo que va más allá de ésto, viene del diablo “(Mt 5, 37). Por favor, responda sin rodeos, clara y directamente.

Para ser una organización que se considera uno de los últimos bastiones de la ortodoxia católica, estas preguntas no deberían ofender, y tampoco causar confusión o consternación.

01. Está usted si o no en comunión con el “Papa” Francisco y su religión?

02. ¿Está de acuerdo en que, en última instancia, es el Papa y sólo él, quien dice quién está en comunión con él y quien no?

03. ¿Está de acuerdo, con lo que enseña el Concilio Vaticano I. que “en la Sede Apostólica se guardó siempre sin mácula la religión católica y fue celebrada la santa doctrina” ( Denz. 1833 )?

04. ¿Está de acuerdo, con lo que enseña el Primer Concilio Vaticano, que Francisco, que insiste en que es el Papa de la Iglesia católica, “es el juez supremo de los fieles,” de los cuales ustedes se consideran parte, “y que en todas las causas que pertenecen al fuero eclesiástico se puede recurrir a su juicio; y que por otra parte, el juicio de la Sede Apostólica, sobre la que no existe autoridad mayor (aun la de la Fraternidad San Pío X), no puede ser discutido por nadie (incluida la FSSPX), por ello, se salen de la recta senda los que afirman que es lícito apelar a Concilios Ecuménicos como autoridad superior a la del Romano Pontífice” ( Denz. 1830 )?

05. ¿Está usted sometido a Francisco de la misma manera a como lo hubiera estado al Papa San Pío X de haber vivido durante su reinado?

06. ¿Quién tiene la última palabra sobre cual es la doctrina ortodoxa, Roma o Menzingen? Si en nuestros días Roma no tiene la última palabra, ¿por qué habría de tenerla en el año 1910, y cuándo se cambió de “tener la última palabra” a tenerla “sólo a veces, dependiendo de lo que decidan en Menzingen”, y quién estableció eso?

07. En su encíclica Satis Cognitum , el Papa León XIII enseña: “No puede creerse que guarden la fe católica los que no enseñan que se debe guardar la fe romana” (citando a San Agustín.) .¿Usted cree y enseña “la fe de Roma”?

08. ¿Cree usted que la Iglesia Católica, Esposa de Cristo, “Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. “(Vaticano II, Declaración Nostra Aetate , n. 2)? ¿Usted cree que “el Papa” Pablo VI “, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios”. Tal como dice el documento conciliar al final (ver el original en latín AQUÍ)?

09. Supongamos por un momento que Pablo VI no haya sido Papa válido, como nosotros los Sedevacantistas argumentamos. ¿Está de acuerdo con que todos los ritos sacramentales promulgados, en los que se cambiaron las materia o forma esenciales, podrían no ser válidos?

10. Si usted contestó “sí” a la pregunta anterior, ¿acepta entonces que el sedevacantismo es el camino más seguro tomar, en caso de que resultara que Pablo VI de hecho no haya sido Papa válido?

11. Si entre los clérigos de la FSSPX hubiera una disputa acerca de cómo responder a cualquiera de estas preguntas, ¿quién decide y por qué, cuáles son las respuestas que reflejan la verdadera posición católica?

12. Si alguna de estas preguntas no le gustó, ¿Cual fue el motivo?



Fuente: Novus Ordo Watch

Traducción: Amor de la Verdad





miércoles, 30 de marzo de 2016

La Imposibilidad de Juzgar o Deponer a un Verdadero Papa



El que juzga a todos y no es juzgado por nadie: el Papa



La Imposibilidad de Juzgar o Deponer a un Verdadero Papa

La aceptación de la secta del Vaticano II como Iglesia Católica tiene consecuencias. También las tiene creer que Jorge Bergoglio es el Vicario de Cristo, a pesar de ser un apóstata público: Si es un Papa válido, entonces no hay poder en la tierra que pueda  arrebatarle su papado. Si él es verdaderamente el sucesor de San Pedro, él puede renunciar voluntariamente, pero nadie puede disponer de su pontificado.

Esta clara verdad no se comoadece con lo que muchos dicen (conocidos como “semi-Tradicionalistas”) en el campo del  “Reconocer-y-Resistir”, ahora que Francisco es aparece obviamente como un no católico, y manifiestamente hace  un grave daño al catolicismo. A medida que la situación se vuelve más y más insoportable cada día, sólo oímos exhortaciones a aguantar y esperar a que este “pontificado” haya pasado, o peticiones ridículas para que Francisco se convierta en católico o renuncie  o incluso directos llamamientos  para ser quitado de en medio  por “los obispos” o “los cardenales”. El nuevo libro anti-sedevacantista ¿Verdadero o Falso Papa? publicado por  John Salza y Robert Siscoe ni siquiera intenta dar una justificación teológica para deponer a un Papa pero se se atreve a dar instrucciones para lograrlo.

Sí, ha leído bien: Las mismas personas que siempre parlotean acerca de cómo no podemos “juzgar al Papa”, ahora hacen llamadas para … que el “Papa” sea juzgado. Es curioso cómo funcionan las cosas en el campo del Novus Ordo: Los Sedevacantistas fueron duramente censurados por “juzgar al Papa” al darse cuenta de que si la enseñanza católica tiene algún significado, entonces no es posible que Jorge Bergoglio sea un Papa válido, pero ahora los que creen que Francisco es un Papa válido pueden, sin ningún escrúpulo de conciencia, no sólo tratarlo como el tonto del pueblo y burlarse de él criticándole  a voluntad, sino que exigen incluso que otros en la “Iglesia” lo saquen de su oficio  –todo ello sin, por supuesto, ” juzgar al Papa “.  Bienvenidos a la jungla.

Claramente, es hora de que nos fijemos en lo que la Iglesia Católica enseña sobre la (im) posibilidad de juzgar y quitar de su cargo a un Papa válido. En este post, por lo tanto, vamos a examinar dos cosas: (1) Qué significa de hecho “juzgar al Papa” y (2) si un Papa reinando válidamente puede ser quitado o “depuesto”.


¿Qué significa  “juzgar al Papa”?

La Iglesia Católica enseña dogmáticamente que nadie está autorizado o puede juzgar el Papa. El Concilio Vaticano I (1869-1870) enseñó dogmáticamente: 

Igual que decimos que el Romano Pontífice por el  derecho divino del primado apostólico, preside toda la Iglesia, de la misma manera enseñamos y declaramos que él es el juez supremo de los fieles, y que en todos las causas que caen bajo la jurisdicción eclesiástica se puede recurrir a su juicio. El juicio de la Sede Apostólica (de la cual no hay autoridad más elevada) no está sujeto a revisión de nadie, ni a nadie le es lícito juzgar acerca de su juicio. Y por lo tanto se desvían del camino genuino a la verdad quienes mantienen que es lícito apelar sobre los juicios de los Romanos Pontífices a un concilio ecuménico, como si éste fuese una autoridad superior al Romano Pontífice.(Concilio Vaticano I, Constitución dogmática  Pastor Aeternus, Ch 3;.  . Denz 1830 subrayado nuestro ).


Puesto que nadie puede juzgar al Papa, es de suma importancia saber exactamente qué quiere decir juzgar al Papa. Para decirlo en dos palabras : “no juzgar el Papa” no significa juzgar si un reclamante en particular es  Papa, lo que obviamente implicaría un razonamiento circular. Más bien, significa poner el propio juicio por encima del juicio del Papa negándose a aceptar la sentencia definitiva dictada por el Vicario de Cristo en cosas de  fe, moral o de disciplina, o presumiendo que sus enseñanzas, leyes o decisiones disciplinarias pueden ser sometidas a examen, revisión, o validación por otros. Dado que el Papa es la máxima autoridad en la Iglesia, no se puede cuestionar, apelar, o revocar su juicio.

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