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lunes, 4 de abril de 2016

Conferencia: Santo Tomás de Aquino, Concordia entre Fe y Razón




Santo Tomás de Aquino y la Concordia entre la Fe y la Razón

Conferencia del Prof. Dr. Antonio Caponnetto
Cuarta y última del ciclo "Los Clásicos", auspiciado por el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced

14 de Mayo de 2009


Fuente: Página Católica





lunes, 28 de marzo de 2016

Conferencia: San Agustín y la Conversión





San Agustín y la Conversión

Conferencia del Prof. Dr. Antonio Caponnetto

Tercera conferencia del ciclo "Los Clásicos", auspiciado por el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced

7 de Mayo de 2009


El Prof. Dr. Antonio Caponnetto nos habla, en esta conferencia, del gran San Agustín, modelo de escritor sacro, pero sobre todo de Obispo.

La misma consta de varias partes, que el disertante ha hilvanando metódicamente. En la primera se analizan algunas de las paradojas de San Agustín, como la de sus padres, la de amar sin conocer el Amor, o la del reconocimiento mundano y el hastío del mundo. En la segunda se enuncian las principales razones que explican la vigencia agustiniana. Por ejemplo, el hondo análisis que hace el santo del concepto de felicidad o del hombre interior. En la tercera se enuncian los grandes principios rectores del pensamiento agustiniano: la doctrina de la iluminación, la de la participación, la lucha de la Ciudad de Dios contra la Ciudad de los Hombres, la de la educación como Pedagogía del Verbo.

Finalmente se relata las circunstancias en las que el Santo vio acercarse la muerte: en aquellos tiempos, los Vándalos, tras un imparable avance, rodeaban la ciudad de Hipona. Los campos habían sido devastados, las ciudades arruinadas, los asesinatos ensangrentaban la tierra. Pero a pesar de todo, San Agustín no se amilanó; siguió enseñando, escribiendo, predicando. Recordando las palabras que Cristo le había dicho a un obispo que agonizaba: "Si tienes miedo de sufrir en la tierra y de ir al cielo, no puedo hacer nada por ti", escribió: "Quien ama a Cristo no puede tener miedo de encontrarse con Él, si decimos que amamos a Cristo y tenemos miedo de encontrarnos con Él cara a cara deberíamos cubrirnos el rostro de vergüenza".

En este tiempo en que el mundo parece haber enloquecido, en que los enemigos de la Iglesia están enquistados en su seno y maquinan su destrucción, pidamos a San Agustín que interceda ante el Trono de la Misericordia a fin de que los Obispos católicos no tengan miedo de sufrir en la tierra por testimoniar a Cristo y así sean dignos de encontrarse con Él. Pidamos a San Agustín que interceda ante Dios Todopoderoso para que los Obispos católicos no sean cuervos roncos y pendencieros que graznen diciendo "Mañana, Mañana", canción perezosa de los que no quieren luchar ahora; porque el combate es hoy. Que sean en cambio fuertes, clarividentes, viriles, piadosos, capaces de enfrentar a los vándalos, no de pactar con ellos.

Por todo esto y para que podamos obtener la fuerza de su conversión, la clarividencia de su doctrina, la virilidad que tuvo contra los herejes, la piedad de morir recitando los salmos, digamos con toda la fuerza de nuestras almas: ¡San Agustín de Hipona, ora pro nobis!.




Fuente: Página Católica




lunes, 21 de marzo de 2016

Conferencia: Aristóteles y la Retórica




Aristóteles y la Retórica

Conferencia del Prof. Dr. Antonio Caponnetto

Segunda conferencia del ciclo "Los Clásicos", auspiciado por el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced

30 de Abril de 2009


¿Quién era Aristóteles?, desnuda el alma del gran Estagirita descubriendo una semblanza que la posteridad le retaceó: ¡Fue un poeta!.

Alzado contra el pragmatismo, Aristóteles reclama en la Retórica la preeminencia de la theoria y la sujeción de la palabra tanto a los dones de la belleza cuanto al deber de la verdad. Porque el verbo humano no es pura praxis que se acomoda a las circunstancias para salir ganancioso en ellas, sino expresión de un pensar y en definitiva de un ser. Y si está, por tanto, jerárquicamente subordinado a la ética y obligado a respetar las reglas lógicas, también ha de guardar congruencia con lo emocional y lo patético, para beneficiar la propensión de la inteligencia del hombre concreto, que es logos y pathos, al conocimiento de lo verdadero.

En tan alta estima tenía Aristóteles el deber de la palabra bella y veraz, que aún ocupándose de la Retórica -o por lo mismo- y sabedor de que a esta disciplina se la tenía como propicia para la manipulación del idioma y de todo aquello que con el idioma el hombre puede comunicar, insiste una y otra vez en que el retórico debe tener en cuenta los derechos de la moral, que admite solamente las causas justas y los argumentos fundados en la verdad.



Fuente: Página Católica




lunes, 14 de marzo de 2016

Conferencia: Platón y la Belleza




Platón y la Belleza

Conferencia del Prof. Dr. Antonio Caponnetto

Primera conferencia del ciclo "Los Clásicos", auspiciado por el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced

23 de Abril de 2009

Como podrán constatar quienes la escuchen, el tema central de la disertación fue el concepto de lo bello, como esplendor de la forma y trascendental del ser, junto con la Verdad y el Bien.

Repasando los principales diálogos platónicos sobre el particular; esto es el Fedro, pero también El Banquete y Hipias, se demostró la importancia que tiene para el alma y para la ciudad el cultivo de las cosas bellas y la educación del sentido estético. Y como, contrariamente, la promoción de la fealdad en todas sus manifestaciones, trae aparejada la ruina de las mentes y de las comunidades.

Rescatando el carácter anticipatorio del Cristianismo que poseen algunas enseñanzas platónicas, a pesar de los errores filosóficos ya conocidos, se subrayó la trascendencia que tuvo para la cultura occidental el hecho de que ese legado platónico hubiera recibido las aguas bautismales durante el Medioevo. Como se subrayó asimismo, la vigencia de ese patrimonio y la necesidad perentoria de no dejarlo fenecer, en tiempos tan sombríos como los que estamos viviendo.

Una recorrida por el espíritu griego, en suma, para rehabilitarlo y celebrarlo en sus aspectos más luminosos. Pero sin perder de vista que el verdadero rostro de la Belleza es el de Nuestro Señor Jesucristo.



Fuente: Página Católica





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