domingo, 21 de julio de 2019

R.P. Leonardo Castellani: La Segunda Multiplicación de los Panes y los Peces




Por aquellos días, habiéndose juntado otra vez un gran concurso de gentes, y no teniendo qué comer, convocados sus discípulos, les dijo: “Me da compasión esta multitud de gentes, porque hace ya tres días que están conmigo, y no tienen qué comer. Y si los envío a sus casas en ayunas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos”. Le respondieron sus discípulos: “Y ¿cómo podrá nadie en esta soledad procurarles pan en abundancia?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tenéis?” Respondieron: “Siete”. Entonces mandó Jesús a la gente que se sentara en tierra; y tomando los siete panes, dando gracias, los partió; y se los daba a sus discípulos para que los distribuyesen entre la gente, y se los repartieron. Tenían además algunos pececillos: los bendijo también, y mandó distribuírselos. Y comieron hasta saciarse; y de las sobras recogieron siete espuertas; siendo unos cuatro mil los que habían comido; en seguida Jesús los despidió.
(Mateo XV, 32-38)



"El Evangelio del Jesucristo"
R.P. Leonardo Castellani 


Dominica Sexto después de Pentecostés
La Segunda Multiplicación de los Panes

Hemos dicho en el evangelio anterior que cuando Cristo repite un milagro (un gesto, una parábola en acción) eso tiene una significación. Cristo no hacía cosas superfluas. Tenía poco tiempo para cumplir su obra, y no podía gastarlo en fiorituras.

Poco tiempo después de la multiplicación de los panes en la colina de Batiha cerca de Cafarnaúm y de Bethsaida de Julia, que ya hemos considerado, Cristo repitió ese milagro a poca distancia de allí, en las orillas del Lago, no lejos de la hoy indeterminada región que Mateo llama “Magadán”; y Marcos, “Dalmanutha”. La opinión de los racionalistas alemanes de que se trata de un solo hecho –mítico por lo demás– que los cuatro Evangelistas han desdoblado, es tan descabellada que no merece detenernos. Los dos milagros están narrados talmente que hay que creer o reventar: es decir, o bien aceptar el relato evangélico ut jacet, o bien descartar totalmente esos cuatro documentos como ahistóricos y sostener que de Cristo no sabemos absolutamente nada, ni su existencia siquiera: posición absurda, pero no tan ilógica como la de recortar el Evangelio en trocitos, y, éste-quiero éste-no-quiero, componer un nuevo libro con los retazos, sin más autoridad para ello que la más presuntuosa impiedad.

Mateo y Marcos narran el milagro casi con las mismas palabras; Mateo más escueto, como suele. El milagro segundo parece coincidir en todo con el primero, excepto en las cifras: la misma muchedumbre heterogénea y ferviente, la curación de innumerables enfermos y estropeados, el hambre por oír la palabra, la compasión de Cristo: “Tengo lástima del pueblo, porque hace tres días que me siguen y no han comido”; la objeción de los Apóstoles, el mandato de que “les den ellos de comer”, la colecta de vituallas (7 panes y algunos pececillos), el ordenamiento del pueblo en grupos regulares (anápéssein) decincuenta y cien (4.000 varones), la solemne bendición del pan, la recolección de los fragmentos (7 espuertas o canastos grandes), la inmediata retirada de Cristo a bordo de la lancha de Pedro a través del Lago; y en una conversación posterior –después de un choque doloroso con los fariseos en Dalmanutha, que hizo “gemir” a Cristo, dice Marcos– la misma reprensión a los Apóstoles de “no entender la Palabra de los Panes”. “Sois siempre los mismos, cabezudos, pocofidentes, ¿todavía estáis sin inteligencia? ¿Hasta cuándo, Dios mío?”. Porque “no habían entendido la palabra de los panes”, dirá más tarde el cronista sacro. Hay pues aquí una palabra que entender.

Lo que difiere son únicamente las cifras: notadas exactamente por todos los Evangelistas y repetidas por Cristo más adelante.

“Cuando repartí cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas recogisteis?
–Doce.
–Cuando repartí siete panes entre cuatro mil, ¿cuantos canastos de sobrantes
quedaron?
–Siete.
–¿Y todavía no entendéis?”.

He aquí el rasgo misterioso: cuanto menos panes, más gentes alimentadas y más excedente; cuando más panes hechos de mano de hombre, menos gentes (un millar menos) y menos superabundancia; una inexplicable proporción inversa. Parecería según esa proporción que si hubiese habido un solo pan, se hubiese podido alimentar con él a un quíntuple ejército, a veinticinco mil hombres; y a lo mejor con medio pan alimenta Cristo a todo el Universo. De hecho en la Ultima Cena, al repetir el gesto ya dos veces advertido, levantó en sus manos un medio pan. Para hacer su obra Cristo pide primero lo poco que tenemos –eso sí, todo lo que tenemos–; pero cuanto más poco es, más parece exaltarse su poder. Porque ese pan multiplicado representaba la Palabra de Dios; y también –y después de eso– la Eucaristía.

Un filósofo católico, Jácome Maritain, ha explicado bien la función de los medios ricos y los medios pobres en manos de la Iglesia: Dios ama los medios o instrumentos pobres, para que el hombre no se alce con la gloria, que es de Dios. Cuando la Iglesia esta en posesión de instrumentos ricos o quiere trabajar con ellos, el poder, la influencia, el renombre, la astucia política, la diplomacia, los ejércitos, los nombres ilustres, y en fin, ese útil de útiles que es el dinero, queda herida de esterilidad o al menos de sequía; tanto que a veces permite Dios que violentamente se los arrebaten o anulen. Esas son las armas del mundo, y la Iglesia, tentada de mundanidad, se enreda con ellas o se lastima, como David con la armadura de Saúl. Cuando Mendizábal en España, hace un siglo y medio ahora, arrebató violencia los bienes materiales de la Iglesia –como Rivadavia su imitador entre nosotros en 1825–, el filósofo Balmes en un luminoso opúsculo condenó ese despojo inicuo y sacrílego, prediciendo iba a traer malas consecuencias al país, como las trajo en efecto; pero sacó en limpio también una lección para los eclesiásticos que no empleaban rectamente esos bienes, puesto que los estudios eclesiásticos estaban por el suelo; y lo primero que necesita la Iglesia son sacerdotes bien formados. El medio pebre que usa Dios para salvar a un país es la Palabra de Dios; que es un útil pobre; es una espada de acero, no es un cofre de oro. Pero hay que prepararse para ser digno de ella: todo es poco para prepararse a manejar la Palabra.

Se quejan de que en la Argentina no hay sacerdotes... ¿Y cómo los va a haber? ¿De dónde van a salir? En realidad en la Argentina faltan unos doscientos cincuenta sacerdotes; pero sobran unos quinientos... como dijo el cardenal Dubois. En Washington hace ya más de un siglo –exactamente 116 años– existe una Universidad Católica; y aquí ni por sueños; y Washington es una capital protestante. Aquí se ha gastado dinero en hacer grandes templos vacíos y feos y grandes edificios de seminarios desteñidos. ¿De dónde van a salir los buenos sacerdotes sino de jóvenes bien educados, universitariamente educados? ¿Por ventura degrandes arriadas de pobrecitos muchachitos reos de los suburbios de Buenos Aires, prácticamente ineducables en general, porque lo que se mama en la cuna sólo se quita en la sepultura?

La palabra es una cosa débil, es un soplo, un vientito, unas patas de moscas sobre un papel; pero aun en el orden humano, es bien rudo aquel que no conoce el tremendo poder de “las palabras concertadas en orden”, que dijo Belloc. Mas cuando ese vientito se conecta con el viento de Pentecostés; cuando sale de la boca de un hombre que se ha vaciado de sí mismo para ser un simple resonador de la Verdad; de un hombre que cuando tiene que ir al encuentro de los enemigos de su Dios, no piensa largamente ni concierta en orden sus dichos y respuestas, porque se siente anonadado, pequeño y nulo; pero sabe que llegado el trance, el Espíritu le pondrá en la boca la palabra que El quiere... entonces el medio pobre de la palabra es fuego y es luz, es estoque y daga, es alimento y es arma. Y no tiene otra arma la Santa Madre Iglesia; pues todas las otras son para servir a ésta. ¡Y ay de nosotros cuando las otras pretenden suplantarla!

Después de la primera Multipanificación, Jesús dijo en la Sinagoga de Cafarnaúm que les iba a dar el Pan de Vida, el Maná, el Alimento Celeste; y declaró paladinamente que ese alimento era la palabra de Dios, que se multiplica maravillosamente tanto más cuanto más pequeñita y pura es; porque si yo reparto una verdad, yo no me quedo sin ella ni ella disminuye, antes aumenta en mí; y aumenta en todos aquellos que de mí la reciben y la enseñan, como los panecillos en manos de los Discípulos. Ésta es la verdadera multiplicación del Pan de Vida. “No Moisés os dio a vosotros el pan del cielo; mi Padre os da el Pan del cielo verdadero. El Pan de Dios es el que descendió del Cielo y da la vida al mundo. –Señor, danos siempre de ese pan–. Yo soy el Pan de Vida, el que viene a Mí no hambreará más; y el que cree en Mí no se ensedientará jamás. Pero vosotros no creéis”... Maldonado advierte que todo este largo sermón y diálogo de Cafarnaúm versa al principio directamente sobre la Fe y la Palabra de Dios e indirectamente sobre el Sacramento de la Fe, que es la Eucaristía; para divergir insensiblemente al final a hablar directamente de la Eucaristía, que presupone la fe y sin la fe nada es. Pero ambas cosas van y deben ir juntas. Y así San Agustín resume enérgicamente todo el Sermón diciendo: “Si no comes primero a Cristo con la mente, de balde lo comes con la boca; si el Verbo hecho carne no te entra primero al corazón por los oídos, poco ganarás con que te entre en el estómago.” Ésta debe ser la explicación del poco fruto de tantísimas “comuniones”.

“Tened cuidado con el fermento”, añadió Cristo estando ya en la barca. Los fariseos le habían pedido “un signo en el cielo”, es decir, un milagro como el de Josué por ejemplo: que hiciese parar el sol. “¿Y tú qué milagro mayor haces?”. Cristo había gemido en su corazón y había gritado con los labios: “Esta generación bastarda pide un signo en el cielo; os juro que no se dará ese signo.” Los Apóstoles cuchicheaban entre sí: “Porque nos hemos olvidado de traer pan, por eso nos dice: cuidado con la levadura.” Cristo les dijo: “¿No veis que os hablo de la levadura de los fariseos (“fermentum pharisaeorum”)”.

La “levadura de los fariseos” consiste en la palabrita que hace levantar toda la masa, pero para volverla agria y venenosa; es también un vientito sutil. El fariseo no miente del todo ordinariamente, se contenta con decir media verdad y callar la otra. El fariseo cuando es Superior dice: “¡Debéis obedecer a vuestros superiores!” lo cual es verdad; pero no dice: “Mas los Superiores deben mandar según la palabra de Dios, y deben incluso poner su vida por sus súbditos.”


Dijiste, media verdad.
La partiste por el eje.
Ahora ya es mejor que calles.
Porque mentirás dos veces.


Esas medias verdades que son a veces peores que mentiras penetran y fermentan la mente colectiva, contaminando imperceptiblemente incluso los ánimos buenos y bienintencionados, que las repiten inocentemente; como las repetían en su conversación los discípulos al mismo tiempo que remaban, mientras Cristo en la popa del bote acunaba su tristeza. “Cierto, nunca ha hecho ningún signo en el cielo; y ¿por qué será?”. Había hecho un signo en el cielo cuando nació; y había de hacer otro al morir. 

Así pasó la segunda multiplicación de los panes; y largo trecho después, el Evangelista interrumpe otro relato para decir rememoriosamente: “Porque ellos no habían entendido aún La Palabra de los Panes.”





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

Martirologio Romano 21 de julio


SANTA PRÁXEDES,
Virgen
† hacia el año 164 en Roma, Italia

Patrona de las mujeres solteras.

Quien se avergonzare de Mí y de mis palabras,
de ese tal se avergonzará el Hijo del hombre,
cuando venga en su majestad.
(Lucas 9, 26)



  • En Roma, santa Práxedes, Virgen, la cual, instruida en la perfecta castidad y en la ley divina, después de pasar la vida en continuas vigilias, oraciones y ayunos, descansó en Cristo y fue sepultada juntó a su hermana Pudenciana en la vía Salaria.
  • En Babilonia, san Daniel, Profeta.
  • En Comana de Armenia, san Zótico, Obispo y Mártir, que fue coronado en el imperio de Severo.
  • En Marsella de Francia, el triunfo de san Víctor, el cual, siendo soldado y no queriendo ni seguir la milicia ni sacrificar a los ídolos, primero fue echado a la cárcel, donde le visitó un Ángel; castigado después con diferentes suplicios, y últimamente triturado con una rueda de molino, consumo el martirio. Padecieron también con él tres soldados, a saber: Alejandro, Feliciano y Longinos.
  • En Troyes de Francia, el suplicio de los santos Claudio, Justo, Jucundiano y cinco Compañeros, siendo Emperador Aureliano.
  • Allí mismo, santa Julia, Virgen y Mártir.
  • En Estraburgo, san Argobasto, Obispo, esclarecido en milagros.
  • En Siria, san Juan, Monje, que fue colega de san Simeón.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SANTA PRÁXEDES,
Virgen

Santa Práxedes, hermana de Santa Prudenciana, edificó a Roma por su gran piedad. Los cristianos encarcelados por orden de Marco Antonio eran, sobre todo, el objeto de su solicitud. Los visitaba y les procuraba socorro y consuelo. Deseaba vivamente compartir sus sufrimientos, pero Dios lo había dispuesto de otro modo. Viendo que la persecución seguía encarnizándose, pidió a Dios la hiciera morir. Su ruego fue escuchado: fue al cielo a recibir la recompensa de su caridad.

MEDITACIÓN
SOBRE TRES TENTACIONES

I. Muchos cristianos se dejan apartar de la práctica de la virtud por dificultades puramente imaginarias. Para ser santo, no es menester poseer ni un gran espíritu ni una larga experiencia; tampoco es preciso sufrir las fatigas que temes. En un momento, si quieres, puedes ser amigo de Dios. Tu vida es demasiado corta para que llegues a ser un gran filósofo; pero es suficientemente larga como para llegar a ser un gran santo. Si ya el mundo tuvo la primera parte, que la última al menos esté consagrada al Señor. Respeta tu vejez, reconoce a Dios al término de tu existencia, y que el fin de tu vida sea el comienzo de tu salvación (San Clemente de Alejandría).

II. No te dejes detener por el cúmulo de dificultades que se presentarán a tu imaginación; piensa en hacer bien la acción que has comenzado. Para vivir santamente, hay que emplear bien el tiempo presente, y hacer sin demora lo que Dios quiere que hagas. A cada día le basta su malicia; no pienses en el mañana; vive como si hubieras de morir hoy.

III. Pero, ¿qué dirán si cambio de vida? ¿Qué dirá Jesucristo si temes más las palabras de los hombres que sus amenazas? ¿Qué dirán los santos de verte temer una burla, más que lo que ellos temieron los suplicios? ¿Qué dirás tú, en el día del juicio, si eres condenado por haber temido exponerte? Ocúpate de hacer el bien y deja que hablen los impíos. Los que te menosprecian y te hacen burla ahora, te envidiarán y te respetarán durante toda la eternidad.


La confianza en Dios.
Orad por los que vacilan en la virtud.


ORACIÓN
Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Práxedes, vuestra virgen, regocijando nuestra alma, la enriquezca con sentimientos de tierna devoción.
Por J. C. N. S.



Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo III; Patron Saints Index.











Sea todo a la mayor gloria de Dios.


sábado, 20 de julio de 2019

Recordatorio Indulgencia Plenaria el 20 de julio




Quienes visten el Escapulario Carmelita pueden ganar indulgencia plenaria el 20 de julio, fiesta de San Elías Profeta.
También es posible ganar indulgencia plenaria:
1. El día en que le imponen el escapulario y se une a la familia carmelita.
2. En estas fiestas:
  • Virgen del Carmen - 16 de julio o cuando se celebre.
  • San Simón Stock - 16 de mayo.
  • San Elías Profeta - 20 de julio.
  • Santa Teresita del Niño Jesús - 3 de octubre (calendario tradicional).
  • Santa Teresa de Jesús - 15 de octubre.
  • Todos los Santos Carmelitas - 14 de noviembre.
  • San Juan de la Cruz - 24 de noviembre (calendario tradicional).
Se puede ganar indulgencia parcial por usar piadosamente el santo escapulario, por besarlo o por cualquier otro acto de afecto y devoción. Se aplica también a la medalla-escapulario.

Ver Normas generales sobre las indulgencias


Visto en Tradición Católica



Sea todo a la mayor gloria de Dios.


Martirologio Romano 20 de julio


SAN JERÓNIMO EMILIANO,
Confesor

n. 1481 en Venecia, Italia; † 8 de Febrero de 1537 en Italia

Patrono de huérfanos y personas abandonadas.

Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo,
ronda como león rugiente buscando a quién devorar.
Resistidle firmes en la fe.
(1 Pedro 5, 8-9)

  • San Jerónimo Emiliano, Confesor, Fundador de la Congregación de Somasca, celestial Patrono de todos los huérfanos y de la juventud desamparada; el cual descansó en el Señor el día 8 de Febrero.
  • En Antioquía, el suplicio de santa Margarita, Virgen y Mártir.
  • En el monte Carmelo, san Elías, Profeta.
  • En Judea, el nacimiento para el cielo de san José, por sobrenombre el Justo, a quien propusieron los Apóstoles con san Matías para ocupar en el apostolado el lugar del traidor Judas; y aunque recayó la suerte en Matías, él, sin embargo, se dedicó, a la predicación del Evangelio y a la santidad, y habiendo padecido de parte de los judíos por la fe de Cristo cruel persecución, descansó con glorioso fin. De este santo se refiere también que, confiado en Dios, bebió el veneno que le dieron sus enemigos, sin recibir daño alguno.
  • En Córdoba de España, san Pablo, Diácono y Mártir, que por reprender a los príncipes Mahometanos por la feroz impiedad de su secta, y predicar constantísimamente a Cristo, de orden de los mismos martirizado, pasó, a los premios del cielo.
  • En Damasco, los santos Mártires Sabino, Julián, Máximo, Macrobio, Casia y Paula, con otros diez.
  • En Portugal, santa Wilgefortis o Librada, Virgen y Mártir, la cual, peleando denodadamente por la fe de Cristo y por la castidad, crucificada, consiguió un glorioso triunfo.
  • El mismo día, el tránsito de los santos Flaviano II, Obispo de Antioquía, y Elías, Obispo de Jerusalén; los cuales, por defender el Concilio de Calcedonia, desterrados por el Emperador Anastasio, pasaron victoriosos al Señor.
  • En una aldea de Boloña en Francia, san Vulmaro, Abad, varón de admirable santidad.
  • En Tréveris, santa Severa, Virgen.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires 
y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN JERÓNIMO EMILIANO,
Confesor

Jerónimo siguió primero la carrera militar. Siendo gobernador del castillo de Castelnuovo, fue tomado prisionero y cargado de cadenas. En su infortunio, invocó a la Santísima Virgen, y esta bondadosa Madre rompió sus hierros y lo condujo, a través de los enemigos, hasta Trevisa. Una vez entrado en la ciudad suspendió sus armas ante el altar de su libertadora. Después de haber sido alcalde de Trevisa, volvió a Venecia, su ciudad natal, donde se consagró muy especialmente al cuidado de los huérfanos. Estableció para ellos hospicios en Venecia, Bérgamo y en Brescia. Asoció a su obra algunos abnegados laicos y echó así las bases de la Orden de los Somascos. Murió el 8 de febrero de 1537, de una enfermedad que había contraído cuidando enfermos.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS TENTACIONES
Y LOS MEDIOS PARA VENCERLAS

I. Dios permite al demonio que nos tiente, a fin de probar nuestra virtud y aumentar nuestra recompensa; pero nunca permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. Podemos resistir, si lo queremos; el demonio puede inducirnos al mal, pero no puede constreñirnos a cometerlo; conservamos siempre la libertad y las gracias necesarias para resistirle. El demonio puede muy bien ladrar, excitar, pero no puede mordernos; nos tienta por la persuasión y no por la violencia; no fuerza nuestro consentimiento, lo pide (San Agustín).

II. Nosotros mismos nos tentamos concediendo toda clase de libertades a nuestros sentidos, halagando a nuestro cuerpo y dejándolo en la ociosidad y las delicias. Tentamos a los demás, incitándolos al pecado con nuestras palabras y nuestros ejemplos. Forzamos al demonio a que nos tiente proporcionándole las ocasiones de hacerlo: porque él se sirve de lo que hemos visto, dicho u oído, para llevarnos al pecado. ¿Por qué habremos de oír lo que no se puede hacer sin pecado? (Tertuliano).

III. San Pedro nos indica tres medios para resistir las tentaciones: la sobriedad, la vigilancia y la fe. Sé sobrio, y alejarás casi todas las tentaciones contra la castidad; vigila tus acciones y fácilmente descubrirás las asechanzas que el demonio te arma; en fin, sé hombre de la fe y la fe te dará la victoria sobre todos tus enemigos: porque no puede ser vencido quien cree en el infierno, que es castigo del pecado, y en el cielo, que es recompensa de la virtud.


La fortaleza y la generosidad.
Orad por los que sufren tentación.


ORACIÓN
Oh Dios Padre de las misericordias, por los méritos e intercesión del bienaventurado Jerónimo que disteis como sostén y padre a los huérfanos, concedednos la gracia de conservar fielmente el espíritu de adopción, en virtud del cual nos llamamos, y en efecto lo somos, hijos vuestros. Por J. C. N. S.





Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo III; Patron Saints Index.











Sea todo a la mayor gloria de Dios.


viernes, 19 de julio de 2019

Martirologio Romano 19 de julio


SAN VICENTE DE PAUL,
Confesor

n. 1581 en Landas, Francia;
† 1660 en París, Francia


Patrono de sociedades y trabajadores de caridad; hospitales y trabajadores de hospital; personas que necesitan o que brindan ayuda espiritual; voluntarios; leprosos; prisioneros; caballos. Se lo invoca contra la lepra y para encontrar artículos perdidos.

Quien diere a uno de estos pequeñuelos un vaso de agua fresca
solamente por razón de ser discípulo mío, os doy mi palabra 
que no perderá su recompensa.
(Mateo 10, 42)

  • San Vicente de Paúl, Presbítero y Confesor, Fundador de la Congregación de Presbíteros de la Misión y de las Hijas de la Caridad, celestial Patrono de todas las Asociaciones de caridad; el cual durmió en el Señor el 27 de Septiembre.
  • En Colosos de Frigia, el triunfo de san Epafra, a quien el Apóstol san Pablo llama su concautivo. Fue por el mismo Apóstol ordenado Obispo de Colosos, donde, ilustre por sus virtudes, defendiendo la grey a él confiada, consiguió en viril combate la palma del martirio. Su cuerpo está sepultado en Roma en la Basílica de santa María la Mayor.
  • En Tréveris, san Martín, Obispo y Mártir.
  • En Sevilla de España, el martirio de las santas Vírgenes Justa y Rufina, las cuales, detenidas por el Presidente Diogeniano, fueron primero estiradas en el potro, y despedazadas con uñas de hierro, y después probadas con cárcel, hambre y diversas torturas; finalmente, Justa expiró en la cárcel, y a Rufina, mientras confesa a Jesucristo, rompieron la cerviz.
  • En Córdoba de España, santa Áurea, Virgen, heman a de los santos Mártires Adulto y Juan; la cual fue una vez inducida a la apostasía por el Juez Mahometano, mas luego, arrepentida de su culpa, en un nuevo combate venció al enemigo, derramando su sangre.
  • En Roma, san Símaco, Papa, que, vejado mucho tiempo por la facción de los cismáticos, por último, esclarecido en santidad, pasó al Señor.
  • En Verona, san Félix, Obispo.
  • En Escete, monte de Egipto, san Arsenio, Diácono de la Iglesia Romana, que en tiempo de Teodosio, se retiró a la soledad, y, consumado allí en toda virtud y enriquecido con el don de continuas lágrimas, entregó su espíritu a Dios.
  • En Capadocia, santa Macrina, Virgen, hija de los santos Basilio y Enmelia, y hermana de los santos Obispos Basilio el Grande, Gregorio Niseno y Pedro de Sebaste.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN VICENTE
DE PAUL,
Confesor

¡Cómo hablar de todos los infortunios que este santo ha aliviado! Ninguno, al parecer, podría sustraerse de los ardores de su caridad. Expósitos, jóvenes extraviados, niñas en peligro de perderse, mujeres pervertidas, galeotes, cautivos de los moros, obreros inválidos, alienados, mendigos sin techo, todos los infortunados fueron objeto de su infatigable solicitud. ¡Cuántas obras ha fundado, cuántas se han establecido bajo su patrocinio después de su muerte! ¡Ah! ¡si un vaso de agua dado a un pobre da derecho a una recompensa, cuál no debe ser la gloria de Vicente en el cielo!

jueves, 18 de julio de 2019

Juicio a Darwin VII: El Problema de los Fósiles I





Juicio a Darwin VII: El Problema de los Fósiles I

¿Sabemos de verdad que existe algún proceso natural por medio del que los seres humanos y todos los otros seres vivos pudieron haber evolucionado de antepasados microbianos, y éstos a su vez de la materia inerte? En este ciclo de audios se estudia los mitos de la mal llamada “ciencia evolucionista” la cual reviste las características  de un culto sectario, cuyos defensores actúan como celosos guardianes de una verdad que no admite cuestionamiento alguno. El libro “Juicio a Darwin” del abogado Estadounidense Phillip Johnson, es una obra imprescindible para quienes deseen conocer la verdad acerca de esta religión moderna llamada Evolucionismo.


Audio producido por la desaparecida Convicción Radio








Sea todo a la mayor gloria de Dios.

Martirologio Romano 18 de julio


SAN CAMILO DE LELIS,
Confesor

n. 1550 en Abruzzi, Italia;
† 14 de julio de 1614 en Génova, Italia

Patrono de los hospitales y trabajadores de hospital; enfermeros; enfermos.



Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz;
sin embargo, no se haga como yo quiero sino como tú quieres.
(Mateo 26, 39)


  • San Camilo de Lelis, Presbítero y Confesor, Fundador de los Clérigos Regulares ministros de los enfermos, y celestial Patrono de los hospitales y enfermos; cuyo tránsito se celebra el día 14 de este mes.
  • En Tívoli, santa Sinforosa, mujer de san Getulio Mártir, con sus siete hijos: Crescente, Juliano, Nemesio, Primitivo, Justino, Estácteo y Eugenio; a la madre, imperando Adriano, por su inquebrantable constancia, primero abofetearon mucho tiempo, después la colgaron de los cabellos, y últimamente, atándole una piedra al cuello, la precipitaron en el río; los hijos, descoyuntados con garruchas en sendos palos, consumaron el martirio con diversos géneros de muerte. Sus cuerpos, trasladarlos después a Roma, fueron hallados, en tiempo del Papa Pío IV, en la Diaconía de san Ángel de la Pesquería.
  • En Utrecht, san Federico, Obispo y Mártir.
  • En Doróstoro de la Misia inferior, san Emiliano, Mártir, que en tiempo de Juliano Apóstata y del Presidente Capitalino, arrojado en un horno, recibió la palma del martirio.
  • En Cartago, santa Gundena, Virgen, la cual, de orden del Procónsul Rufino, cuatro veces en distintos tiempos, por confesar a Cristo, fue estirada en el potro y horriblemente despedazada con uñas aceradas, padeció largo tiempo la hediondez de un calabozo, y al cabo fue muerta al filo de la espada.
  • En Galicia de España, santa Marina, Virgen y Mártir.
  • En Milán, san Materno, Obispo, el cual, en el imperio de Maximiano, encarcelado por la fe de Cristo y por la Iglesia a él encomendada, y muchas veces azotado, al cabo, ilustre por tan repetidas confesiones, descansó en el Señor.
  • En Brescia, el triunfo de san Filastrio, Obispo de dicha ciudad; que, con su predicación y escritos, combatió valerosamente contra los herejes, principalmente Arrianos, de quienes sufrió muchas persecuciones, y al fin, esclarecido en milagros, Confesor descansó en paz.
  • En Metz de Francia, san Arnulfo, Obispo, que, ilustre por su santidad y milagros, escogió la vida eremítica y descansó con dichoso fin.
  • En Segni, san Bruno, Obispo y Confesor.
  • En Forlimpópoli de Emilia, san Rufino, Obispo de la misma Ciudad.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN CAMILO
DE LELIS,
Confesor

Después de una juventud disipada, San Camilo se convirtió a la edad de 25 años, y más tarde comenzó sus estudios para llegar a ser sacerdote y poder así asistir más útilmente a los enfermos en trance de muerte. Fue con este objeto que fundó la Orden de los Clérigos regulares. Soportó, a su vez, con inalterable paciencia, cinco enfermedades sumamente penosas, que él llamaba las misericordias del Señor. A menudo se lo oía repetir estas palabras de San Francisco de Asís: “Tan grande es la felicidad que espero, que todas las penas se convierten para mí en motivo de alegría”. Durmiose en el Señor el 14 de julio de 1614, a la hora que él mismo había predicho.

miércoles, 17 de julio de 2019

Magisterio Pontificio: Soble Los Problemas de la Iglesia






CARTA ENCÍCLICA 

SINGULARI QUIDEM

DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR

PÍO

POR LA DIVINA PROVIDENCIA

PAPA IX

SOBRE LOS PROBLEMAS DE LA IGLESIA DE AUSTRIA


(17 de marzo de 1856)


A NUESTROS AMADOS HIJOS CARDENALES DE LA SANTA ROMANA IGLESIA Y A LOS VENERABLES HERMANOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE TODO EL 
DOMINIO IMPERIAL Y REGIÓN DE AUSTRIA 

VENERABLES HERMANOS
SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA



1. Introducción

Con singular regocijo de Nuestro ánimo supimos que vosotros, amados hijos Nuestros y Venerables Hermanos, obedeciendo gustosísimamente a los deseos Nuestros y de Nuestro carísimo hijo en Cristo Francisco José, Emperador de Austria y Rey Apostólico, dados a conocer casi al mismo tiempo a cada uno de vosotros, según vuestra egregia religiosidad y pastoral solicitud, determinasteis reuniros en esa ciudad imperial y regia de Viena, para poder conferenciar allí entre vosotros y discutir las determinaciones que habrán de tomarse, de manera que se cumplan todas aquellas cosas que fueron sancionadas por Nosotros con el mismo hijo Nuestro en Cristo carísimo, en el Concordato que el mismo esclarecidísimo y religiosísimo príncipe, con suma consolación Nuestra e inmortal gloria de su nombre por la reivindicación de los derechos de la Iglesia, con alborozo de todos los buenos, procuró establecer con Nosotros. Así pues, mientras Nos congratulamos grandemente con vosotros, amados hijos Nuestros y Venerables Hermanos, porque mostráis a las claras al tener esta reunión vuestro insigne y reconocido celo por la Iglesia, no podemos dejar de hablaros amorosamente con este motivo y abriros los íntimos sentimientos de Nuestro ánimo, por lo que entenderéis de la mejor manera cuánta benevolencia sentimos hacia vosotros y hacia todos los pueblos de ese dilatadísimo imperio encomendados a vuestro cuidado. Y en primer lugar por lo que respecta a la ejecución de la convención mencionada, como muy bien sabéis, hay en ella muchos artículos que han de ser cumplidos principalmente por vosotros, por eso deseamos vehementemente que en el modo de ponerlos en práctica sigáis todos el mismo acertado camino, obréis de la misma manera, aplicando con atención y prudencia aquella circunspección que podrán pedir las diferentes circunstancias de las diversas provincias del extensísimo imperio austriaco. Y si se produjera alguna duda o dificultad acerca del sentido de algún artículo, lo cual no creemos que suceda, Nos será gratísimo que Nos lo remitáis para que, conferidos los pareceres entre Nosotros, y la Imperial Majestad apostólica, según se estableció en el artículo 35 de la misma convención, podamos dar las oportunas declaraciones. 

Ciertamente, aquella ardentísima caridad con que abrazamos a la universal grey del Señor, encomendada desde el cielo por el mismo Cristo Señor Nuestro, y la gravísima obligación de Nuestro ministerio apostólico por la que debemos procurar con todas las fuerzas la salud de todas las naciones y pueblos, Nos urgen, amados hijos Nuestros y Venerables Hermanos, a que excitemos una y otra vez con el mayor esfuerzo posible vuestra eximia piedad, virtud y episcopal vigilancia a fin de que cumpláis diligentísimamente, con un celo aún más animoso todas las partes de vuestro oficio episcopal, y no perdonéis ningún cuidado, consejo o trabajo en custodiar íntegro e inviolable en vuestras diócesis el depósito de Nuestra santísima fe, y mirando por la incolumidad de vuestra grey, la defendáis de todos los fraudes e insidias de los enemigos. Puesto que bien conocéis las malignas y múltiples artes y maquinaciones y la monstruosidad de todo género de opiniones con los que habilísimos arquitectos de perversos dogmas se esfuerzan en apartar sobre todo a los desprevenidos e ignorantes del camino de la verdad y de la justicia y en hacerles caer en el error y la ruina. Ni ignoráis, amados hijos Nuestros y Venerables Hermanos, que entre los muchos y no suficientemente llorados males que en gran manera perturban y acongojan la sociedad eclesiástica y civil, hay sobre todo dos que ahora sobresalen, y que no sin razón parecen como origen de todos los demás.


Indiferentismo. 

Perfectamente conocéis los innumerables y en verdad funestísimos daños que redundan en la república cristiana y civil del pestífero error del indiferentismo. De aquí proviene el abandono casi total de las obligaciones para con Dios en quien vivimos, nos movemos y somos[1], de aquí el que se posponga casi enteramente la Religión, de aquí que estén removidos y casi del todo derruidos los fundamentos de todo derecho, justicia y virtud. De esta torpísima forma de indiferentismo no dista mucho aquel sistema salido de las tinieblas, de la indiferencia acerca de las religiones, por el que los hombres ajenos a la verdad y adversarios de la verdadera confesión, olvidados de su salvación, enseñando cosas contrarias entre sí y no teniendo nunca una sentencia firme, no admiten ninguna diferencia entre las diversas profesiones de fe y hacen la paz indistintamente con todos y pretenden que a todos, cualquiera sea su religión, les está abierto el puerto de la vida eterna. Nada les importa aunque entre ellos discrepen, con tal que se conspire a impugnar la única verdad[2]. Bien veis, amados hijos Nuestros y Venerables Hermanos, cuánta vigilancia tenéis que emplear para que el contagio de tan cruel peste no inficione y pierda vuestras ovejas. Por tanto no dejéis de defender con solicitud contra estos perniciosísimos errores de los pueblos a vosotros encomendados y de imbuirlos cuidadosamente v cada día más en la verdad católica y enseñarles que como es uno Dios, Padre, uno su Cristo, uno el Espíritu Santo, así, es una la verdad divinamente revelada, una la fe divina, comienzo de humana salvación y fundamento de toda justificación por la que vive el justo y sin la cual es imposible agradar a Dios y llegar al consorcio sus hijos[3]. Una es también, la verdadera, Santa, Católica, Apostólica Romana Iglesia, y una la cátedra fundada sobre Pedro por la palabra del Señor[4] fuera de la cual no se encuentra ni verdadera fe ni la eterna salvación, como quiera que no puede tener a Dios por Padre, quien no tenga a la Iglesia por Madre. Falsamente confía estar en la Iglesia, quien abandona la Cátedra de Pedro, sobre la cual está fundada la Iglesia[5]. No puede haber ningún delito mayor y ninguna mancha más deforme, que levantarse contra Cristo, que destruir la Iglesia, nacida y adquirida de su sangre, que, olvidado de la caridad evangélica, combatir con furor de hostil discordia contra el unánime y concorde pueblo de Dios[6].


2. Racionalismo

Como quiera que el cumplimiento del divino culto conste de estas dos cosas: piadosos dogmas y buenas acciones, y no sea acepta a Dios la doctrina sin las buenas obras ni reciba Dios las obras separadas los dogmas religiosos, ni consista el camino angosto y arduo que conduce a la vida[7] solamente en las obras de virtud o en la sola observancia de los mandamientos, sino también en la senda de la fe, entonces no dejaréis de exhortar y excitar continuamente a vuestros fieles pueblos a que no sólo persistan cada día más estables e inamovibles en la profesión de la Religión católica, sino que también procuren hacer cierta su vocación y elección. Mientras os ocupáis, pues, en procurar la salud de vuestra grey, no os descuidéis en llamar con toda paciencia, bondad y doctrina a los pobres extraviados al único redil de Cristo y a la católica unidad, usando sobre todo las palabras de San Agustín: Venid, hermanos, si queréis ser injertados en la vid: nos causa dolor veros yacer así arrancados; contad los sacerdotes que han ocupado la sede de Pedro y ved cómo cada Pontífice ha sucedido al otro según su orden; aquélla es la piedra que no vencen las soberbias puertas del infierno[8]. Quienquiera que comiere el cordero fuera de esta casa es un profano; si alguno no estuviere dentro del Arca de Noé perecerá en el diluvio[9].

Pero con no menor daño se va propagando ahora otra enfermedad a la que por el orgullo y por cierta vanidad de la razón se dio el nombre de racionalismo. No reprueba ciertamente la Iglesia[10] la afición de aquellos que quieren conocer la verdad, porque Dios hizo la naturaleza del hombre deseosísima de alcanzar lo verdadero, ni reprueba los estudios de la recta y sana razón con los que se cultiva el alma, se investiga la naturaleza, y son traídos a la clara luz los más recónditos secretos. Como quiera que conoce y rectamente sostiene esta piadosísima Madre que entre los dones otorgados por el cielo[11], es el muy preclaro de la razón por el que, sobrepasando todas las cosas que están sometidas a los sentidos, llevamos en nosotros mismos cierta insigne imagen de Dios. Comprende que debes buscar hasta que encuentres, y creer lo que hallaste con tal que creas además que ninguna otra cosa tienes que creer ni por lo tanto buscar, cuando hayas encontrado y creído aquello que Cristo estableció, quien no te manda inquirir otra cosa que lo que estableció[12]. ¿Qué cosa hay, pues, que la misma Iglesia no tolera, ni permite pasar por alto y, según el oficio a ella encomendado de custodiar el depósito, absolutamente reprende y condena? Siempre vehementemente en verdad ha reprendido, siempre ha condenado y condena la Iglesia la costumbre de aquellos que, abusando de la razón, no se avergüenzan ni temen oponerla y preferirla impía y neciamente a la autoridad de la palabra del mismo Dios, y mientras con insolencia se encumbraron obcecados por su propia inflación de soberbia, pierden la luz de la verdad y desprecian con mucha soberbia la fe de la cual está escrito que el que no creyere se condenará[13] y confiados en sí mismos niegan que haya que creer las cosas que Dios revela de sí mismo[14] y someterse a lo que acerca de sí mismo manifiesta a nuestro conocimiento. 

Estos son a quienes la Iglesia constantísimamente responde que es justo que en lo referente al conocimiento de Dios, creamos al mismo Dios, de quien por cierto procede todo lo que acerca de El creemos; porque el hombre no habría podido conocer convenientemente a Dios si el mismo no le hubiese concedido el saludable conocimiento de sí propio. Estos son a los que ella se esfuerza en volver a más santos pensamientos con estas palabras: ¿Qué cosa más contraria a la razón que esforzarse en sobrepasar la razón con la razón misma? y ¿qué cosa más contraria a la fe que no querer creer aquello que con la razón no puedes alcanzar?[15]; ella no deja de inculcarles que la fe no se apoya en la razón sino en la autoridad[16] y que no era conveniente que al hablar Dios con el hombre confirmara con argumentos sus palabras, como si no se le tuviera fe, sino que habló, según conviene, como juez máximo de todas las cosas a quien no corresponde argumentar, sino dar la sentencia[17].
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