martes, 15 de junio de 2021

Martirologio Romano 15 de junio

 

SANTOS VITO1,
MODESTO Y CRESCENCIA,
Mártires

† Martirizados alrededor del año 303

1: Patrono de los actores, comediantes, bailarines; perros; quienes sufren epilepsia. Protector contra los ataques de animales, mordeduras de perros y serpientes; rayos y tormentas; epilepsia; corea reumática; exceso de sueño. Se lo invoca para no quedar dormido en momentos inoportunos.

Acuérdate de dónde has caído,
haz penitencia y haz tus primeras obras.
(Apocalipsis 2, 5)


  • Junto al río Sílaro en la Lucania, el triunfo de los santos Mártires Vito, Modesto y Crescencia, los cuales, en tiempo del Emperador Diocleciano, conducidos allá desde Sicilia, después de vencer con la virtud divina las calderas de plomo derretido, las fieras y el ecúleo, acabaron el curso de tan glorioso combate.
  • En Doróstoro de la Misia inferior, san Esiquio, soldado, el cual preso con san Julio, fue después de él, de orden del Presidente Máximo, coronado del martirio.
  • En Zefirio de Cilicia, san Dulas, Mártir, que, en tiempo del mismo Presidente Máximo, azotado con varas por el nombre de Cristo, extendido en las parrillas, abrasado con aceite hirviendo y sufridos otros tormentos, recibió vencedor la palma del martirio.
  • En Córdoba de España, santa Benilde, Mártir.
  • En Sibápolis de Mesopotamia, las santas Vírgenes y Mártires Livia y Leónida, hermanas, y Entropia, niña de doce años; las cuales, por diversos tormentos, llegaron a la corona del martirio.
  • En Valenciennes de Francia, el tránsito de san Landelino, Abad.
  • En Schaerbeek, Bélgica, santa Aleydis o Alicia, Virgen, que a los siete años ingresó al convento cisterciense Camera Sanctae Mariae, donde permaneció hasta el final de sus días. Su humildad y mansedumbre le permitieron sobrellevar la lepra, enfermedad que, contrajo a edad temprana, y que le causó intensos sufrimientos. Famosa por sus visiones, entregó su alma al Señor un 11 de junio de 1250 en  la fiesta en san Bernabé.
  • En Auvernia de Francia, san Abraham, Confesor, ilustre en santidad y milagros.
  • En Pibrac, del Obispado de Tolosa, santa Germana de Cousin, Virgen, la cual, pastoreando rebaños, llevó una vida constantemente humilde y pobre, y toleradas pacentísimamente muchas molestias, pasó al Esposo celestial. Después de muerta resplandeció con muchos milagros, y fue puesta por el Papa Pío IX en el número de las santas Vírgenes.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SANTOS VITO1,
MODESTO Y CRESCENCIA,
Mártires

San Vito fue bautizado a la edad de doce años, a escondidas de su padre. Éste, al saber lo que había pasado, nada omitió que pudiera hacerle abjurar de la fe cristiana; lo entregó a Valeriano, gobernador de la provincia; pero los tormentos no pudieron quebrantar la firmeza del joven cristiano. Crescencia y Modesto libraron a Vito de las manos de sus perseguidores y huyeron con él a Italia. Mas tampoco allí encontraron la tranquilidad que buscaban. Detenidos en Lucania, padecieron gloriosamente el martirio durante la persecución de Diocleciano.

lunes, 14 de junio de 2021

Martirologio Romano 14 de junio

 

SAN BASILIO EL GRANDE,
Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia

n. 329 en Cesaréa, Asia Menor; † 379

Patrono de Capadocia; administradores de hospitales; reformadores.



No tenemos aquí ciudad permanente,
sino que vamos en busca de la que ha de venir.
(Hebreos 13, 14)



  • San Basilio, llamado Magno, Confesor y Doctor de 1a Iglesia, que durmió en el Señor el 1 de Enero, pero su fiesta se celebra principalmente en este día, en que fue consagrado Obispo de Cesárea en Capadocia.
  • En Samaria de Palestina, san Eliseo, Profeta, cuyo sepulcro, donde también descansa el Profeta Abdías, como escribe san Jerónimo, es el terror de los demonios.
  • En Siracusa de Sicilia, san Marciano, Obispo, el cual, ordenado Obispo por san Pedro Apóstol, después de predicar el Evangelio, fue muerto allí por los judíos.
  • En Córdoba de España, los santos Mártires Anastasio, Presbítero,Félix, Monje, y Digna, Virgen.
  • En Soisons de Francia, los santos Mártires Valerio y Rufino, a quienes en la persecución de Diocleciano, al cabo de muchos tormentos, mandó degollar el Presidente Ricciovaro.
  • En Constantinopla, san Metodio, Obispo.
  • En Viena de Francia, san Eterio, Obispo.
  • En Rodez de Francia, san Quinciano, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

SAN BASILIO
EL GRANDE,

San Basilio, vástago de una familia de santos, tuvo por padre a San Basilio el Antiguo y por madre a Santa Emilia. Su educación fue confiada a Santa Matrina su abuela, que lo formó en la práctica de todas las virtudes cristianas. Cuéntanse entre sus hermanos y hermanas: a San Gregorio Niceno, a San Pedro de Sebaste y a Santa Macrina la Joven, que era la mayor de diez hermanos, notables todos por su eminente santidad. San Basilio, habiendo sido elevado al arzobispado de Cesarea, atrájose, por su adhesión a la fe, las persecuciones de Juliano el Apóstata y de Valente, emperador arriano. A este último, que lo amenazaba con el destierro, le contestó: Échame a donde quieras, el mundo entero es un lugar de exilio para mí: no tengo otra patria fuera del cielo. Murió en el año 379.

domingo, 13 de junio de 2021

R. P. Leonardo Castellani: La Misericordia y la Conversión

 




"En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe pecadores, y come con ellos. Y les propuso esta parábola diciendo: ¿Quién de vosotros es el hombre que tiene cien ovejas, y si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se había perdido, hasta que la halle? Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros, gozoso. Y viniendo a casa, llama a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido. Os digo, que así habrá más gozo en el cielo sobre un pecador que hiciere penitencia, que sobre noventa y nueve justos, que no han menester penitencia. O ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil y barre la casa, y la busca con cuidado hasta hallarla? Y después que la ha hallado, junta las amigas y vecinas, y dice: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido. Así os digo, que habrá gozo delante de los Ángeles de Dios por un pecador que hace penitencia". 
(Lucas XV, 1-10)



"El Evangelio de Jesucristo"
R.P. Leonardo Castellani



Domingo tercero después de Pentecostés

El Evangelio de hoy da la dos primeras de las tres parábolas de la misericordia, que llenan el Capítulo XV San Lucas. San Lucas es llamado por San Jerónimo “scriba mansuetudinis Christi”, el escribano de la dulzura de Cristo. La tercera parábola es la del Hijo Pródigo, el trozo literario más de estupendo del mundo, mirado solamente del ángulo artístico: nadie ha hecho una pequeña narración mas concisa, enérgica, viva y plena que ésa. Mirando  desde el ángulo religioso, es más estupenda todavía. Las otras dos son la parábola de la Oveja y de la de la Dracma perdidas.

En estas parábolas Cristo atribuye a Dios para con el hombre los sentimientos de un Padre: de un padrazo: y ésta es según Adolfo Harnack la médula y la esencia de la revelación cristiana. En el Viejo Testamento Dios no aparece como padre de cada uno de los hombres, aparece a lo más como un amante, el Esposo de Pueblo de Israel, celoso, exigente e irritable -o irritado por lo menos- continuamente, contra la Adúltera. Cristo no solamente llamó a Dios “el padre, mi Padre, vuestro Padre”, sino que lo describió como un corazón enormemente paterno. Eso sí, no nos hagamos ilusiones, solamente hacia el hijo que vuelve, hacia el pecador arrepentido. Todos somos pecadores con respecto a Dios, ése es nuestro primer nombre; y todos necesitamos volver a Él primero de todo. Somos nosotros los que tenemos que movernos. El es inmutable inmóvil;  aunque Cristo lo pinte buscando a la oveja perdida; pero el padre del Hijo Pródigo se queda en su casa: “Dios no me puede condenar al infierno porque es Padre”, dicen. Cuentos. Su ira es tan inmensa como su misericordia. No es él quien te condenará al infierno si no vuelves: eres tu mismo. Él te irá, a buscar, en todo caso, como el Pastor a la Oveja Perdida, y te traerá sobre los hombros si no resistes; pero no forzará tu voluntad. No puede forzar tu voluntad; como ningún padre la de sus hijos; pues no sería en ese caso padre, sino tirano.

Cristo era seguido por los pecadores, y por los pobretes y desastrados, que los fariseos tenían a priori por pecadores, “esa plebe maldita que no conoce la Ley”. Cristo aceptaba invitaciones a comer, conforme a la costumbre de su pueblo -y a su pobreza de maestro ambulante- en donde fuese, incluso de los Publicanos, como Zaqueo, de los Fariseos, como Simón el Leproso, no menos que e sus amigos fieles Lázaro y Marta. Uno de los reproches que tenían contra él los fariseos era éste: “Anda comiendo y bebiendo por todos lados, incluso con los pecadores,, y los publicanos”. Cuando uno no puede invitar a su ves no debe aceptar invitaciones de nadie es deprimente. Pero Él si podía invitar a sus vez, el convite de la Palabra de Divina. Y en los convites, Él prometía el Gran Convite del Reino de los Cielos; no incondicionalmente por cierto.

Se lo echaron en cara paladinamente, estos judíos eran más descarados que el negro Raúl. “Perro de muchas bodas, come mal en todas...”. “¿Por qué tú comes con pecadores y publicanos?”. Jesús sonrió.

“-Vosotros pareceis esos chicos que juegan en la calle y cantan:


“Hemos tocado la flauta, la flauta
Y no habeis bailado
Hemos tocado la quena, la quena,
y no habéis llorado”,




porque vino, Juan el Bautista que no comía ni bebía, y habéis dicho:

“Ese es un rústico y un salvaje; y vino el Hijo del Hombre que come y bebe y decís: “ Ese es un endemoniado. ¿Que haré? ¿Y quién me librará de esta generación Ignorante y adúltera?”.

Dom Gueranger: San Antonio de Padua, Confesor y Doctor de la Iglesia

 





"Año Litúrgico"
Dom Gueranger



SAN ANTONIO DE PADUA, CONFESOR
Y DOCTOR DE LA IGLESIA


El Canónico Regular

De los hijos de San Francisco de Asís, el más conocido, el más poderoso ante los hombres y ante Dios, es S. Antonio, cuya fiesta celebramos hoy.

Su vida fue corta: a los treinta y cinco años volaba al cielo. Pero este corto número de años no impidió al Señor preparar a su elegido para la alta misión que debía cumplir: tan verdad es que, en los hombres apostólicos, lo que importa a Dios, que debe hacer de ellos el instrumento de salvación de muchas almas, no es tanto el tiempo que podrían dedicar a las obras exteriores, cuanto su propia santificación y su abandono absoluto a los designios de la Providencia. Se diría que la Sabiduría eterna se complacía en destruir hasta los últimos momentos todos los planes de S. Antonio. De sus veinte años de vida religiosa, pasó diez con los canónigos regulares, adonde el divino llamamiento dirigió los pasos de su graciosa inocencia cuando contaba quince años. Allí su alma seráfica se eleva a las alturas, que la retienen para siempre, al parecer, en el secreto de la paz de Dios, cautivada por los esplendores de la Liturgia, el estudio de las Sagradas Escrituras y el silencio del claustro. 


El Fraile Menor

De pronto el Espíritu divino le invita al martirio: y le vemos abandonar su claustro amado y seguir a los Frailes Menores a playas en las cuales muchos han recibido ya la palma gloriosa. Pero el martirio que le espera, es el del amor; enfermo, reducido a la impotencia antes que su celo haya podido trabajar en el suelo africano, la obediencia le llama a España, y he aquí que una tempestad le arroja a las costas de Italia. Por entonces S. Francisco de Asís reunía por tercera vez, después de su fundación, a toda su admirable familia. Antonio apareció allí, tan humilde, tan modesto, que nadie se preocupó de él. El ministro de la provincia de Bolonia fue quien le recogió, y, no encontrando en él ninguna capacidad para el apostolado, le señaló como residencia la ermita del monte de S. Pablo. Su cargo fue el de ayudar al cocinero y barrer la casa. Durante este tiempo, los canónigos de S. Agustín lloraban a aquel que poco antes había sido la gloria de su orden por su nobleza, su ciencia y su santidad. 


El Predicador

Pero luego sonó la hora que la Providencia se había reservado para manifestar al mundo a su siervo Antonio. Una alocución que inopinadamente tuvo que dirigir a sus hermanos jóvenes, revela tan maravillosa elocuencia, que sus superiores, reconociendo su yerro, en seguida le hacen predicador. Los prodigios continuos, en el orden natural y de la gracia, aureolan los púlpitos en que predica el humilde fraile. En Roma, mereció el glorioso título de arca del Testamento. En Bolonia y en el norte de Italia convirtió a multitudes de herejes, y en la última cuaresma que predicó en Lombardía, introdujo profundas reformas sociales en favor de los pobres y desgraciados. En Padua, en Verona, le pidieron frecuentemente su intervención en los negocios temporales. Nos es imposible seguir en todos sus pasos su estela luminosa; pero no podemos olvidar que pertenece a Francia una gran parte de los años de su poderoso ministerio. 


San Antonio y Francia

San Francisco había deseado ardientemente evangelizar personalmente a Francia infestada en gran parte por la herejía; pero, al menos, envió a su hijo más querido, a su imagen viviente. Lo que había sido Santo Domingo en la primera cruzada contra los albigenses, lo fue Antonio en la segunda; y entonces fue cuando mereció el apelativo de martillo de la herejía. Desde la Provenza a Berry, todas las provincias se ven removidas por su ardiente palabra. Predica en Bourges, en Limoges y Arlés. Fue guardián en Lemousín. Fundó el convento de Brive, en el cual se muestran aún las grutas que habitó. De todas partes acudían las multitudes a oírle. En medio de sus triunfos y sus fatigas, el cielo fortalece con deliciosos favores su alma, que ha permanecido como la de un niño. En una casa solitaria del Limousín, el Niño Jesús, radiante con una admirable belleza, descendió un día a sus brazos, le prodigó sus caricias y le pidió las suyas. Un día de la Asunción, que estaba muy triste con ocasión de cierto pasaje del Oficio de aquella época, poco favorable a la subida de Nuestra Señora al cielo en cuerpo y alma, la Virgen fue a consolarle en su pobre celda, le aseguró la verdadera doctrina y le dejó extasiado por el encanto de su rostro y de su voz melodiosa. 


Los Objetos Perdidos

Se cuenta que en la ciudad de Montpellier, donde enseñaba teología a los Frailes, como desapareciese su Comentario a los Salmos, el mismo Satanás obligó al ladrón a devolver el libro cuya pérdida tanta pena causaba al santo. Muchos ven en este hecho el origen de la devoción que reconoce a S. Antonio como el patrón de los objetos perdidos: devoción que se apoya desde su origen en los milagros más resonantes y que se halla confirmada hasta nuestros días por gracias incontables. 


Vida

Antonio nació en Lisboa hacia 1195. Admitido a la edad de quince años en los Canónigos Regulares de San Vicente de Fora en esta misma ciudad, fue enviado dos años más tarde al Monasterio de Sta. Cruz de Coimbra para cursar sus estudios. En 1220, anhelando el martirio, entró en los Frailes Menores, que le mudaron su nombre de Fernando por el de Fray Antonio de Olivares. Aquel mismo año partió a Marruecos, pero, al cabo de algunas semanas, una enfermedad le forzó a reembarcar. Arrojado por una tempestad a Sicilia, tuvo que quedarse en Italia. En 1221, asistió al capítulo general, del cual le enviaron a la ermita de San Pablo cerca de Forli. Poco después comenzó su carrera de predicador en Italia del Norte y de 1223 a 1226 en Francia. Fijóse finalmente en Padua, donde murió el 13 de Junio de 1231. Al año siguiente le canonizó Gregorio IX; y, como las obras que nos dejó, manifiestan sus dones de teólogo, apologista, exégeta y moralista, Pío XII en 1946 le proclamó Doctor de la Iglesia. 


El Espíritu de Infancia

La sencillez de tu alma, glorioso S. Antonio, hizo de ti el dócil instrumento del Espíritu del amor. La infancia evangélica es el tema del primero de los discursos que dedica a tu alabanza el Doctor seráfico; la Sabiduría, que fue en ti el fruto de esta infancia bendita, forma el tema del segundo. Fuiste prudente, oh Antonio, porque desde tus primeros años procuraste alcanzar la Sabiduría eterna, y, no queriendo que se alejase de ti, tuviste gran cuidado de encerrar tu amor en el claustro, en presencia de Dios, para saborear sus delicias. No ambicionabas más que el silencio y la obscuridad en su divino trato; y, aún aquí en la tierra, tuvo ella sus delicias en adornarte con toda clase de resplandores. Iba ante ti; tú la seguías gozoso, únicamente por ella sola, sin saber que encontrarías todos los bienes con su compañía.  (Sap., VII) ¡Feliz infancia, a la cual ahora, como en tu tiempo, ha reservado Dios la Sabiduría y el amor! 


El Defensor de la Fe

Como recompensa a tu sumisión amorosa al Padre celestial, los pueblos te obedecieron, los tiranos más feroces temblaron a tu voz. (Sap., VIII, 14-15). Sólo la herejía se negó una vez a escuchar tu palabra, pero los peces salieron a tu defensa, pues, vinieron en masa, ante las miradas de toda una ciudad, a escuchar la palabra que no quisieron recibir los sectarios. Mas ¡ay!, el error, que no acudía a oír tu voz, no se contenta ahora con eso; quiere hablar solo. Cambiando de forma, renaciendo siempre, intrigando en todos los países por medio del comunismo ateo y la masonería, todo el mundo aspira ese veneno. Oh tú, que todos los días socorres a tus devotos en sus necesidades privadas, tú que tienes ahora en el cielo el mismo poder que tuviste sobre la tierra, socorre a la Iglesia, al pueblo de Dios y a la sociedad, más universal y profundamente perseguida que nunca. Oh Arca del Testamento, vuelve al estudio de la Sagrada Escritura a nuestra generación sin fe y sin amor; martillo de la herejía, hiere con esos golpes que regocijan a los ángeles y hacen temblar al infierno.






Sea todo a la mayor gloria de Dios.

Martirologio Romano 13 de junio

 

SAN ANTONIO DE PADUA,
Confesor y Doctor de la Iglesia

n. 1195 en Lisboa, Portugal; † 13 de junio de 1231

Patrono de los oprimidos, pobres, quienes sufren de hambre; personas amputadas; animales (domésticos, pequeños, asnos, caballos); indígenas americanos; ancianos; mujeres embarazadas; cosechas; pescadores; marineros; náufragos; azafatas; viajeros; correo; Padua, Italia; Lisboa, Portugal. Se lo invoca para pedir la fe en el Santísimo Sacramento y para encontrar objetos extraviados. Protector contra el naufragio; hambre; esterilidad.

Serás justificado por tus palabras
y por tus palabras condenado.
(Mateo 12, 37)

  • En Padua, san Antonio Portugués, Sacerdote de la Orden de Menores, Confesor y Doctor de la Iglesia, ilustre por su santa vida, predicación y milagros; el cual, al año aún no completo después de su muerte, fue puesto en el catálogo de los Santos por el Papa Gregorio IX.
  • En Roma, en la vía Ardeatina, el triunfo de santa Felícula, Virgen y Mártir; la cual, no queriendo ni desposarse con Flaco ni sacrificar a los ídolos, fue entregada a un juez, que, por su constancia en confesar a Cristo, después de haberla hecho padecer dura hambre en oscuro calabozo, la atormentó en el potro hasta expirar, y bajando de allí su cuerpo, lo arrojó a una cloaca. San Nicomedes, Presbítero, lo sacó de aquel lugar y en la misma vía le dio sepultura.
  • En el Abruzo citerior, san Peregrino, Obispo y Mártir, a quien los Longobardos, en odio de la fe católica, sumergieron en el río Pescara.
  • En Córdoba de España, san Fándila, Presbítero y Monje, que en la persecución Arábiga, degollado, sufrió el martirio por la fe de Cristo.
  • En África, los santos Mártires Fortunato y Luciano.
  • En Biblos de Fenicia, santa Aquilina, Virgen y Mártir, la cual, siendo de doce años, en el imperio de Diocleciano y por orden del juez Volusiano, abofeteada, azotada y horadada con leznas candentes por confesar la fe, y finalmente muerta al filo de la espada, consagró su virginidad con el martirio.
  • En Chipre, san Trifilio, Obispo.



Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SAN ANTONIO
DE PADUA,

San Antonio de Padua se hizo religioso de San Francisco con el propósito de ir a morir mártir predicando la fe a los moros. La enfermedad le impidió mantener este designio. Predicó a la gente y convirtió a muchos; predicó a los peces y le escucharon. Ordenó al mulo de un hereje que adorase la Santa Hostia; obedeciole el animal, confundiose y convirtiose su dueño. Resucitó a un muerto para justificar a su propio padre. Tenía gran devoción a la Santísima Virgen y la invocaba en todas sus tentaciones. Nuestro Señor lo asistió en la hora de su muerte, que acaeció en el año 1231, en el trigésimo sexto año de su edad.

sábado, 12 de junio de 2021

Martirologio Romano 12 de junio

 


SAN JUAN DE SAHAGÚN,
Confesor

n. 1419 en Sahagún (San Facundo), León, España;
† 11 de junio de 1479 en Salamanca, España


No amemos de palabra y con la lengua,
sino con obras y de veras.
(1 Juan 3, 18)


  • San Juan de Sahagún, de la Orden de Ermitaños de san Agustín, Confesor, que pasó al Señor el día de ayer.
  • En Roma, en la vía Aurelia, el triunfo de los santos Mártires Basílides, Cirino, Nabor y Nazario, soldados; los cuales, en la persecución de Diocleciano y Maximiano, de orden del Prefecto Aurelio, encarcelados por confesar el nombre de Cristo y despedazados con escorpiones, fueron finalmente degollados.
  • En Nicea de Bitinia, santa Antonina, Mártir, la cual, en la misma persecución, por orden del Presidente Prisciliano, fue apaleada, sus-pendida en el potro, descarnada en los costados, echada al fuego y finalmente muerta con la espada.
  • En Roma, en la Basílica Vaticana, san León III, Papa, a quien unos hombres impíos sacaron los ojos y cortaron la lengua, que Dios le restituyó milagrosamente.
  • En Tracia, san Olimpio, Obispo, que, arrojado de su silla por los arrianos, murió Confesor.
  • En Cilicia, san Anfión, Obispo, que en tiempo de Galerio Maximiano fue Confesor egregio.
  • En Egipto, san Onofre, Anacoreta, el cual vivió sesenta años religiosamente en un vasto desierto, y esclarecido en grandes virtudes y méritos, pasó al cielo. Su vida admirable escribióla el Abad Pafnucio.



Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.


SAN JUAN
DE SAHAGÚN,
Confesor

Este santo preludió ya en su infancia el papel de predicador y de pacificador que debía desempeñar más tarde tan brillantemente y con tanto éxito. Predicaba a los niños de su edad, los exhortaba a la piedad y a la virtud y calmaba las disputas que surgían entre ellos. Después de haber vivido edificantemente como sacerdote seglar, entró en el convento de los Ermitaños de San Agustín, en Salamanca, y allí fue notable por su humildad, su austeridad y su celo por la oración. Encargado enseguida del ministerio de la predicación, muy pronto renovó el aspecto de Salamanca, dividida entonces en facciones encarnizadas unas contra otras. Murió el 11 de junio de 1479.

viernes, 11 de junio de 2021

Dom Gueranger: Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

 




"Año Litúgico"
Dom Gueranger


FIESTA DE SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Ayer tarde se terminó, con la procesión triunfal, la Octava de plegarias y adoraciones a nuestro Señor Jesucristo, presente en la Eucaristía. Hoy la Iglesia nos exhorta a honrar de una manera especial, durante toda una nueva Octava, a su Corazón Sagrado, cuya inmensa ternura nos ha revelado ya el Sacramento. Y para animarnos a honrar a este divino Corazón con mayor devoción, Pío XI (enciclica Miserenissimus Redemptor) elevó esta fiesta al rito de doble de primera clase e igualó su Octava a las de Navidad y la Ascensión.

El culto del Sagrado Corazón, escribió el Cardenal Pie, es la quintaesencia del cristianismo; el compendio y sumario de toda la religión. El cristianismo, obra de amor en su principio, en su progreso y consumación, con ninguna otra devoción se identificará tan absolutamente como con la del Sagrado Corazón.


Objeto de la Devoción al Sagrado Corazón

El objeto de la devoción al Sagrado Corazón, es este mismo Corazón, abrasado en amor hacia Dios y los hombres. Desde la Encarnación, efectivamente, Nuestro Señor Jesucristo es el objeto de la adoración y amor de toda creatura, no sólo como Dios, sino también como Hombre-Dios. Hallándose unidas la divinidad y la humanidad en la única persona del Verbo divino, merece todos los honores de nuestro culto, tanto en cuanto hombre, como en cuanto Dios; y así como en Dios son adorables todas las perfecciones, todo es adorable también en Cristo: su Cuerpo, su Sangre, sus Llagas, su Corazón; y por esto ha querido la Iglesia exponer a nuestra adoración, estos objetos sagrados.


El Corazón de Carne del Hombre-Dios

El día de hoy nos muestra de una manera especial el Corazón del Salvador y quiere que le honremos, ya lo consideremos en Sí mismo, o como el símbolo vivo de la caridad.

Es digno de nuestro culto por Sí mismo este Corazón de Jesús, aunque no sea nada más que un poco de carne. ¿No es el corazón en la vida natural del cuerpo humano, el órgano más noble y más necesario, el encargado de distribuir a todos los miembros, la sangre que los vivifica, que alimenta, regula y purifica? Adorar el Corazón de Jesús, es adorar, por decirlo así, en su principio, en su misma fuente, la vida de sacrificio y de inmolación de nuestro Salvador. Es adorar el precioso receptáculo donde quedaban las últimas gotas de sangre, esperando que llegara la lanzada de Longinos, para derramarse. Este Corazón traspasado, permanecerá así eternamente, testigo de una vida que se ha entregado toda entera por la salvación del mundo.

El corazón de carne ocupa también un lugar preferente en el orden moral. Siempre se le ha considerado como sede de la vida afectiva del hombre, porque es el órgano en que repercuten, de modo más perfecto todos los altos y bajos de la vida. Las pulsaciones laten en ritmo armonioso con nuestros sentimientos, emociones y pasiones. El lenguaje ha admitido esta manera de ver; el corazón es quien ama, quien se compadece, sufre, quien se consagra y se da. Y así como la bajeza del corazón es origen de todos los vicios, el corazón noble y distinguido, es fuente de donde fluyen con el amor, todas las demás virtudes. Jesús, verdadero hombre, habló así de sí mismo. Ha ofrecido su corazón humano a nuestra consideración, mostrándolo aureolado de llamas ardientes y diciendo: "¡He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres!", que; le ha llevado a soportar todos los sufrimientos y miserias de la humanidad, que se ha compadecido de la inmensa multitud de las almas, que le ha inspirado la idea de multiplicar los milagros, y la de instituir la sagrada Eucaristía y fundar la Iglesia, de padecer y morir para rescatarnos.

Si el corazón es para nosotros el centro donde están reunidas, el foco de donde irradian las cualidades y virtudes, si acostumbramos a venerar los corazones especialmente bienhechores, ¡cuánto más debemos honrar el Corazón de Jesús, santuario y tabernáculo de todas las virtudes! Los Himnos y Letanías del Oñcio las recuerdan ! con numerosas invocaciones que ponderaremos y meditaremos durante estos días. Y para persuadirnos más aún de la importancia y utilidad de la devoción al Sagrado Corazón, oigamos lo que decía un piadoso cartujo de Tréveris, muerto en 1461. Sus palabras nos indicarán todo lo que de- v bemos hacer para penetrar y vivir conforme a las intenciones de la Iglesia, que son las mismas de su celestial Esposo:

"Si queréis purificaros de vuestros pecados fácil y perfectamente, libraros de vuestras pasiones y enriqueceros de todos los bienes, ingresad en la escuela de la caridad eterna... Volved de nuevo, sumergios en espíritu..., todo vuestro , corazón y alma, en el dulcísimo Corazón de Nuestro Señor Jesucristo clavado en la cruz. Este Corazón rebosa de amor... Por su mediación tenemos acceso ante el Padre, en unidad de espíritu; abraza en su inmenso amor a todos los elegidos... En este dulcísimo Corazón hállase toda virtud, la fuente de la vida, la consolación perfecta, la verdadera luz que ilumina a todo hombre, pero de una manera especial a aquel que acude a El devotamente en las necesidades y aflicciones de la vida. Todo bien deseable se encuentra en él en abundancia; toda salvación y gracia nos llega de ese Corazón dulcísimo, no de otra parte. Es el foco del amor divino, siempre encendido en el fuego vivo del Espíritu Santo, que purifica, consume y transforma en su propio ser a todos aquellos que se unen y desean juntarse a El. Así pues, como todo bien nos llega de este dulcísimo Corazón de Jesús, debéis también referirlo todo a El, sin apropiaros nada... Confesaréis vuestros pecados en este mismo Corazón, pediréis perdón y gracia, Le alabaréis y agradeceréis... Por esto mismo, besaréis frecuentemente, con reconocimiento, este piadosísimo Corazón de Jesús inseparablemente unido al Corazón divino donde están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios, quiero decir una imagen de este Corazón, o el Crucifijo. Aspiraréis continuamente a contemplarlo frente a frente, confiándole vuestras penas; así atraeréis a vuestro corazón, su espíritu y su amor, sus gracias y sus virtudes; a El deberéis acudir en los bienes y en los males, pondréis en El vuestra confianza, os acercaréis a El, habitaréis en su intimidad, a fin de que El, en cambio, se digne hacer su morada en vuestro corazón; allí descansaréis dulcemente y reposaréis en paz. Pues, aunque os abandonen los corazones de todos los mortales, este Corazón fidelísimo jamás os engañará, ni os abandonará. No descuidaréis tampoco honrar devotamente, e i n - vocar a la gloriosa Madre de Dios y dulce Virgen María, para que ella se digne obteneros del dulcísimo Corazón de su Hijo todo lo que necesitéis. Como correspondencia, ofreceréis todo al Corazón de Jesús por sus manos benditas".


El Misterio de Cristo

Conviene retener en la memoria el pasaje de la carta a los Efesios (III, 8-19) en que San Pablo nos descubre en términos sublimes , el amor infinito de Dios hacia las criaturas. Eternamente, Dios tiene concebido su plan que es como la razón, la explicación, el motivo de la creación; y este plan es el de llamar a la humanidad entera a participar de la vida de Cristo. Tanto amó Dios a los hombres, que les entregó a su único Hijo, para que por él y en él fueran también los hombres, a su vez, hijos suyos para la eternidad. Cristo y sus tesoros de sabiduría y ciencia, Cristo, en quien todas las naciones son benditas y todos los hombres se salvan, identificados con él en la unidad del cuerpo místico; Cristo, que mora en nosotros y que nos hace vivir de la fe y del amor, ¡he aquí el misterio que apenas vislumbraron los Patriarcas y Profetas, y que se nos revela, en el Nuevo Testamento, con una claridad incomparable! Mas el Misterio de Cristo no se completa verdaderamente sino en nosotros y con nuestra cooperación. Todas las riquezas puestas tan liberalmente por Dios a nuestra disposición, cuya fuente es Cristo: la Iglesia, los Sacramentos, la Eucaristía, tienen como único fin la santificación individual de cada una de nuestras almas. Por eso el Apóstol eleva a Dios una oración apremiante, rogándole que sus ansias de misericordia y de amor, no queden fallidas ante nuestra obstinada rebelión, que no se vean frustrados los esfuerzos realizados en el Calvario. Le hace una súplica solemne para que reine por completo en nosotros ese ser interior que se nos infundió en el bautismo, el hombre nuevo, el cristiano, el hijo de Dios, mediante la ruina del hombre viejo por una constante adhesión a Cristo, una real comunión de vida, que someta a El toda nuestra actividad. Entonces la caridad resplandecerá soberana en nosotros y la realización completa del plan divino será coronada por la felicidad eterna.



ACTO DE DESAGRAVIO
AL SAGRADO CORAZON DE JESUS

(Ordenado por el Papa Pío XI) 
¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago de los ingratos más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón. 
Mas, recordando que también nosotros alguna vez nos hemos manchado con tal indignidad, de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en: su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra Vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del Amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por Vos fundada.
¡Ojalá nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen, vuestra Madre, con la de los Santos y la de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que Vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Padre Eterno, y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos, para que vayan en vuestro seguimiento.
¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación. Concedednos la gracia de ser fieles a vuestros mandamientos y a vuestro servicio hasta la muerte, y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual llegemos felizmente a la gloria, donde, en unión con el Padre y el Espíritu Santo, vivís y reináis. Dios, por los siglos de los siglos. Amén.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.




Martirologio Romano 11 de junio

 


SAN BERNABÉ,
Apóstol

n. en Chipre; † alrededor del año 60 en Salamina

Patrono de Chipre. Invocado como conciliador. Protector contra las tormentas de granizo.

Buscad la paz con todos y la santidad,
sin la cual nadie verá a Dios.
(Hebreos 12, 14)

  • En Salamina de Chipre, el triunfo de san Bernabé, Apóstol, natural de Chipre, el cual, elegido con san Pablo por los discípulos Apóstol de los Gentiles, recorrió con él muchas provincias, ejerciendo el cargo recibido de predicar el Evangelio, y vuelto finalmente a Chipre, honró allí su Apostolado con glorioso martirio. Su cuerpo fue hallado por revelación del mismo Santo en tiempo del Emperador Zenón, juntamente con el Evangelio de san Mateo, copiado de su mano.
  • En Salamanca de España, el tránsito de san Juan de Sahagún, de la Orden de Ermitaños de san Agustín, Confesor, que fue esclarecido por el celo de la fe, por la santidad de vida y por los milagros. Su fiesta se celebra el día siguiente.
  • En Aquilea, el martirio de los santos Félix y Fortunato, hermanos los cuales, en la persecución de Diocleciano y Maximiano, fueron suspendidos en el potro y, quemándoles los costados con hachas encendidas, que por virtud divina súbitamente se apagaron, les abrasaron el vientre con aceite hirviendo, y al cabo, perseverando constantes en la confesión de Cristo, acabaron el curso de tan glorioso combate siendo decapitados.
  • En Bremen, el tránsito de san Remberto, Obispo de Hamburgo y Bremen.
  • En Treviso, san Parisio, natural de Bolonia, Confesor y Monje de la Orden Camaldulense.
  • En Roma, la Traslación de san Gregorio Nazianceno, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia, cuyo sagrado cuerpo, llevado antes de Constantinopla a Roma, habiendo estado mucho tiempo en la Iglesia de la santa Madre de Dios en el campo Marcio, fue despues trasladado por el Papa Gregorio XIII con grandísima, solemnidad a una capilla, ricamente adornada por él, en la Basílica de san Pedro, y el día siguiente colocado con debido honor debajo del altar.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SAN BERNABÉ,
Apóstol

San Bernabé fue discípulo de Jesucristo y compañero de trabajos de San Pablo. Habiendo meditado estas palabras del Salvador: Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, vendió lo que poseía y llevó el dinero obtenido a los Apóstoles. Predicó el Evangelio en Antioquía con San Pablo. Fue enseguida con el gran Apóstol a Seleucia, después a Salamina y a Pafos; y, después de haber evangelizado también a muchos otros pueblos, murió hacia el año 60.

jueves, 10 de junio de 2021

Juana Tabor 666 IX: El Rey de Israel

 






Juana Tabor 666 IX "El Rey de Israel"

La gran novela Apocalíptica de Hugo Wast Se trata de una novela profética, escrita en 1941 en Catamarca, Argentina. Los datos consignados sobre el estado de la iglesia claudicante, simbolizada en el monje gregoriano Fray Simón de Samaría, es impresionante. Describe la gran apostasía iniciada por el Concilio Vaticano II y los últimos Papas. Por otra parte la Iglesia Fiel, representada por los ancianos Fray Plácido y su compañero lego. Imperdible.

Narración de Fabián Vázquez


Fuente: Radio Cristiandad


Descargue el libro aquí





Sea todo a la mayor gloria de Dios.


Martirologio Romano 10 de junio

 


SANTA MARGARITA,
Reina de Escocia

n. alrededor del año 1045 en Hungría;
† 16 de noviembre de 1093 en el Castillo de Edimburgo, Escocia

Patrona de las familias numerosas; reinas; viudas; Escocia. Protectora contra la mortalidad infantil.

Salvaréis vuestras almas por la paciencia.
(Lucas 21, 19)


  • En Escocia, santa Margarita, viuda, Reina de Escocia, la cual el día 16 de Noviembre descansó en el Señor.
  • En Roma, en la vía Salaria, el martirio de san Getulio, esclarecidísimo y doctísimo varón, y padre de los siete santos hermanos Mártires habidos de su mujer santa Sinforosa; asimismo el de sus compañeros Cereal, Amancio y Primitivo. Todos ellos, de orden del Emperador Adriano, presos por el Consular Licinio, fueron primeramente azotados, después encarcelados, y por último entregados a las llamas; mas no recibiendo daño alguno del fuego, machacada a palos la cabeza, alcanzaron el martirio. Sus cuerpos fueron recogidos por la mujer de san Getulio, Sinforosa, y sepultados honoríficamente en el arenal de una heredad suya.
  • También en Roma, en la vía Aurelia, el triunfo de los santos Basílides, Trípodes, Mandales y otros veinte Mártires, en tiempo del Emperador Aureliano y siendo Prefecto de Romá Platón.
  • En Nápoles de Campania, san Máximo, Obispo y Mártir, que, por confesar valerosamente la fe de Nicea, arrojado por el Emperador Constancio al destierro, murió allí consumido de trabajos.
  • En Brussa de Bitinia, san Timoteo, Obispo y Mártir, el cual, en tiempo de Juliano Apóstata, por no querer renegar de Cristo, de orden del mismo Emperador, fue degollado.
  • En Colonia, San Maurino, Abad y Márti.
  • En Nicomedia, San Zacarías, Mártir.
  • En España, los santos Mártires Críspulo y Restituto.
  • En África, los santos Mártires Aresio, Rogato y otros quince.
  • En Petra de Arabia, san Asterio, Obispo, el cual, habiendo padecido, por la fe católica, muchos trabajos de los arrianos, y desterrado a África por el Emperador Constancio, restituido finalmente a su Iglesia, murió glorioso Confesor.
  • En Auxerre, san Censurio, Obispo.



Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SANTA MARGARITA,
Reina de Escocia

Tan santamente educó esta reina a sus hijos, que varios abrazaron el estado religioso. No se sentaba a la mesa sin antes haber dado de comer a nueve huérfanos y a veinticuatro pobres; durante el Adviento y la Cuaresma, alimentaba hasta a trescientos necesitados. Después de haber pasado el día en la práctica de la caridad, pasaba la noche en oración. Estando moribunda, se le quiso ocultar la muerte del rey su esposo y de su hijo, acaecida en la guerra. Exclamó: “Sé lo ocurrido. Os agradezco, omnipotente Dios, que enviándome un dolor tan grande en la última hora de mi vida, me purifiquéis de mis pecados, como espero, por vuestra misericordia”. Murió cuatro días después de su esposo, el 16 de noviembre de 1093.
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