SANTA JULIANA,
Virgen y Mártir
† martirizada hacia el año 305
Patrona de los enfermos.
El cielo y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán.
(Lucas 21, 33)
- En Roma, san Onésimo, de quien escribe el Apóstol san Pablo a Filemón, y a quien después de san Timoteo consagró Obispo de Éfeso, y encomendó la predicación del Evangelio. Conducido preso a Roma, y apedreado por la fe de Cristo, fue primero sepultado allí mismo; mas luego fue trasladado su cuerpo al lugar donde había sido ordenado Obispo.
- En Egipto, san Julián, Mártir, con otros cinco mil.
- En Cesarea de Palestina, los santos Mártires Egipcios Elías, Jeremías, Isaías, Samuel y Daniel; los cuales, habiendo servido espontáneamente a los Confesores de Cristo condenados a las minas de Cilicia, presos al volver de allí, fueron cruelmente atormentados por el Presidente Firmiliano, en el imperio de Galerio Maximiano, y, finalmente, pasados a cuchillo. Después de ellos, san Porfirio, criado del Mártir Panfilo, y san Seleuco de Capadocia, que habían muchas veces vencido en repetidos combates, fueron de nuevo atormentados, y el uno en el fuego y el otro por la espada recibieron la corona del martirio.
- En Nicomedia, santa Juliana, Virgen y Mártir; la cual, imperando Maximiano, fue primero azotada cruelmente por su padre Africano, después atormentada de varias maneras por el Prefecto Evilasio, con quien había rehusado casarse, y luego encerrada en una cárcel, donde visiblemente luchó con el demonio; últimamente, habiendo vencido el suplicio del fuego y el de una caldera hirviendo, degollada consumó el martirio. Su cuerpo fue más tarde trasladado a Cumas, en Campania.
- En Brescia, san Faustino, Obispo y Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.
SANTA JULIANA,
Virgen y Mártir
Santa Juliana, considerando el orden admirable del universo, reconoció que era la obra de un Dios único y soberanamente poderoso, y abrazó la religión cristiana. Evilacio, prefecto de Nicomedia, pidió su mano, pero Juliana le respondió que no quería por esposo a un adorador de los falsos dioses. Evilacio, pasando entonces del amor al odio, la hizo azotar, cargar de cadenas y encerrar en una prisión. Mientras estaba en oración en su calabozo, el espíritu de las tinieblas se le apareció transformado en ángel de luz para persuadirla a renegar de su fe. Juliana deshizo el artificio haciendo la señal de la cruz, y para burlarse del demonio, lo cargó con sus propias cadenas. La condenaron a ser quemada viva, pero como las llamas no obraban con suficiente actividad, le cortaron la cabeza.




