SANTA BERTA,
Viuda
n. s. VII en Francia;
† alrededor del año 725 en Artois, Francia

No andéis acongojados por el día de mañana;
el día de mañana harto cuidado traerá por sí:
a cada día le basta su malicia.
(Mateo 6, 34)
- En Blangy, en la región de la Galia Atrebatense, santa Berta, abadesa, la cual, habiendo ingresado junto con sus hijas Gertrudis y Deotila en el monasterio que ella misma había fundado, pasados unos años se encerró en una celda, donde vivió en completa clausura (c. 725).
- En Extremoz de Portugal, el tránsito de santa Isabel, Viuda, Reina de Portugal, esclarecida en virtudes y milagros, a quien el Papa Urbano VIII puso en el catálogo de los Santos. Su fiesta se celebra el día 8 de Julio por disposición del Papa Inocencio XII.
- Los santos Profetas Oseas y Ageo.
- En el territorio de Bourges, san Laureano, Obispo de Sevilla y Mártir, cuya cabeza fue trasladada a Sevilla en España.
- En África, el triunfo de san Jucundiano, Mártir, que fue, por Cristo, sumergido en el mar.
- En Sirmio, los santos Mártires Inocencio y Sebastia, con otros treinta.
- En Madaura de África, san Nanfanión, Mártir, y sus Compañeros, a quienes él animó al combate y condujo a la corona.
- En Cirene de Libia, san Teodoro, Obispo, el cual, en la persecución de Diocleciano, de orden del Presidente Digniano, azotado con plomadas y cortada la lengua, por último, Confesor murió en paz.
- En Augsburgo de la Recia, san Uldarico, Obispo, esclarecido por su maravillosa abstinencia, liberalidad y vigilancia pastoral, y por el don de milagros.
- En Tours de Francia, la Traslación de san Martín, Obispo y Confesor, y la Dedicación de su Basílica, en este mismo día, en el cual, algunos años antes él había sido ordenado Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.
SANTA BERTA,
Viuda
Santa Berta se casó con Sigfredo, pariente cercano del rey Clodoveo. Tuvieron cinco hijas que se distinguieron, todas, por su piedad. Muerto Sigfredo, Berta pudo dedicarse de lleno a la vida piadosa y las buenas obras. Emitió sus votos monásticos al mismo tiempo que dos de sus hijas, Gertrudis y Deotila. Sintiendo que se acercaba su fin, quiso unirse más estrechamente con el Señor. Hizo practicar una abertura en el coro de la iglesia del monasterio, y se construyó en ella una celda en la que pasó el resto de sus días orando y meditando.








