viernes, 14 de agosto de 2020

Martirologio Romano 14 de agosto


SAN EUSEBIO,
Confesor

† hacia el año 357 en Roma


Mirad qué amor nos ha testimoniado el Padre,
concediendo que nos llamemos hijos de Dios,
¡y que lo seamos!.
(1 Juan 3, 1)

  • La Vigilia de la Asunción de la bienaventurada Virgen María.
  • En Roma, el triunfo de san Eusebio, Presbítero y Confesor, a quien Constancio, Emperador arriano, por la defensa de la fe católica, mandó encerrar en un aposento de su casa, donde, perseverando constantemente siete meses en oración, durmió en el Señor. Su cuerpo lo recogieron los Presbíteros Gregorio y Orosio, y lo sepultaron en el cementerio de Calixto, en la vía Apia.
  • En Apamea de Siria, san Marcelo, Obispo y Mártir, que por haber derribado el templo de Júpiter fue asesinado por los Gentiles, enfurecidos contra él.
  • En Todi de Umbría, san Calixto, Obispo y Mártir.
  • En Iliria, san Ursicio, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Maximiano y del Presidente Arístides, al cabo de muchos y diversos tormentos, fue por el nombre de Cristo degollado.
  • En África, san Demetrio, Mártir.
  • En la isla de Egina, santa Atanasia, Viuda, ilustre por la observancia monástica y el don de milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.




SAN EUSEBIO,
Confesor

San Eusebio, presbítero romano, resistió valientemente a los arrianos. Para castigarlo por su fidelidad a Dios, el emperador Constancio lo hizo encerrar en una cárcel tan estrecha que apenas podía moverse en ella. Desde el fondo de su mazmorra, elevó al Cielo su corazón, rogando salir pronto de este destierro. Lo escuchó el Señor y lo llamó después de siete meses de prisión. Sobre su tumba se escribió este epitafio: Aquí yace Eusebio, varón de Dios.

jueves, 13 de agosto de 2020

Martirologio Romano 13 de agosto


SANTOS HIPÓLITO 
Y CASIANO,
Mártires

No queráis amar al mundo, ni las cosas mundanas.
Si alguno ama al mundo, no habita en él la caridad del Padre.
(1 Juan 2, 15)


  • En Roma, san Hipólito, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Valeriano, para gloria de su confesión, después de otros tormentos, atado por los pies a los cuellos de caballos indómitos, arrastrado cruelmente por entre cardos y abrojos y despedazado todo el cuerpo, entregó su espíritu al Señor. Padecieron también el mismo día santa Concordia, su nodriza, la cual, antes que él herida con plomadas, pasó al Señor; y además otros diecinueve de su familia, que fueron degollados fuera de la puerta Tiburtina, y junto con él sepultados en el campo Verano.
  • En Forzila, el triunfo de san Casiano, Mártir, que como no quisiera adorar a los ídolos, el tirano, llamando a los muchachos, a quienes el Santo, por instruirlos, se había hecho aborrecible, les dio licencia para quitarle la vida; con que fue su martirio tanto más penoso cuanto más largo lo hicieron las débiles manos que lo ejecutaban.
  • En Todi de Umbría, san Casiano, Obispo y Mártir, en tiempo del Emperador Diocleciano.
  • En Burgos de España, las santas Centola y Elena, Mártires.
  • En Constantinopla, san Máximo, Abad, insigne por su doctrina y celo de la verdad católica; al cual, por combatir acérrimamente contra los Monotelitas, el Emperador Constante Hereje, mandó cortar las manos y la lengua y lo desterró al Queroneso, donde esclarecido por su gloriosa confesión, entregó el espíritu a Dios. Entonces también, dos discípulos suyos, por nombre Anastasio, y otros muchos, padecieron diferentes tormentos y penosos destierros.
  • En Frizlar de Alemania, san Wigberto, Presbítero y Confesor.
  • En Roma, la dichosa muerte de san Juan Berchmans, escolar de la Compañía de Jesús y Confesor, insigne por la inocencia de vida y por la observancia de la disciplina regular, a quien el Sumo Pontífice León XIII decretó los honores de los Santos.
  • En Poitiers de Francia, santa Radegunda, Reina, cuya vida resplandeció en virtudes y milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SANTOS HIPÓLITO
Y CASIANO,
Mártires

San Hipólito, presbítero de la Iglesia romana, a principios del siglo III, era ilustre por su ciencia y por su resistencia a la herejía. Fue desterrado a Cerdeña, con el Papa San Ponciano., durante la persecución de Maximino, y allí murió mártir del clima malsano, hacia el año 238.

San Casiano, maestro de escuela, el mismo día sufrió el más cruel suplicio. Le ataron las manos detrás del cuerpo y lo entregaron a los niños, a quienes enseñaba, para que lo mataran a estiletazo. Tanto o más prolongado fue su suplicio cuanto menos fuerza tenían sus verdugos, y más gloriosa fue así su victoria.

MEDITACIÓN
SOBRE TRES PELIGROS QUE SE
ENCUENTRAN EN EL MUNDO

I. Las máximas del mundo son tan contrarias a las de Jesucristo, que no hay que asombrarse de ver en él al vicio honrado y a la virtud despreciada. Dice Jesucristo que hay que despreciar las riquezas, el mundo pretende que hay que valerse de todo para adquirirlas; recomienda el Salvador que se perdone a los enemigos, el mundo declara que un hombre que se precie de serlo no debe sufrir una afrenta sin vengarse: como si no fuese honorable obedecer a Jesucristo e imitarle. Considera una por una las máximas del mundo, y verás que son el polo opuesto de las máximas de Jesucristo.

II. A máximas peligrosas, une el mundo malos ejemplos. En el mundo, cada uno busca los placeres, los honores, la fortuna; pocos piensan seriamente en su salvación. En el mundo, exhíbese el vicio sin embozo y sin vergüenza, mientras que la virtud se esconde para escapar de las burlas y del odio de los malvados. Quien no imita a los malvados, los ofende (San Cipriano).

III. En fin, en el mundo, no se obedece ni a la razón ni al Evangelio, no se sigue sino la costumbre cobarde; ésta es la que glorifica al vicio y denigra a la virtud. Cuídate de estos tres peligros, y regula tu vida según el Evangelio y no según los usos del mundo, donde los buenos son tan raros y los malos tan numerosos. Excepto algunos cristianos que huyen del mal, ¿qué es el resto de los hombres, sino la sentina de los vicios? (Salviano).

La devoción.
Orad por los que se consagran a la enseñanza.


ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad de vuestros bienaventurados mártires Hipólito y Casiano aumente en nosotros la devoción y el amor de la salvación. Por J. C. N. S.



Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo III; Patron Saints Index.











Sea todo a la mayor gloria de Dios.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Martirologio Romano 12 de agosto


SANTA CLARA DE ASÍS,
Virgen

n. 16 de julio de 1194 en Asís, Italia;
† 11 de agosto de 1253

Patrona de los ojos; joyeros que trabajan el oro; lavanderos; telégrafo, teléfono y televisión. Protectora contra las enfermedades de los ojos. Se la invoca para pedir buen tiempo.

Mientras tenéis luz, creed en la luz,
para que seáis hijos de la luz.
(Juan 12, 36)


  • Santa Clara, Virgen, primera planta de las Señoras Pobres de la Orden de Menores; la cual, tal día como ayer, fue llamada a las bodas eternas del Cordero.
  • El mismo día, los santos Mártires Porcario, Abad del monasterio de Lerins, y quinientos Monjes Compañeros suyos, que, muertos por los bárbaros en odio de la fe católica, fueron coronados del martirio.
  • En Catania de Sicilia, el triunfo de san Euplio, Diácono, que, imperando Diocleciano y Maximiano, habiendo sido por la confesión del Señor muchísimo tiempo atormentado, finalmente al filo de la espada consiguió la palma del martirio.
  • En Augsburgo de Baviera, santa Hilaria, que fue madre de santa Afra Mártir, y velando delante del Sepulcro de su hija, fue allí mismo, en odio a la fe de Cristo, echada en el fuego por los perseguidores juntamente con Digna, Euprepia y Eunomia, sus criadas. Padecieron también el mismo día y en la misma ciudad Quiriaco, Largión, Crescenciano, Ninmia y Juliana, con otros veinte.
  • En Siria, los santos Mártires Macario y Julián.
  • En Nicomedia, los santos Mártires Aniceto, Conde, y Fotino, su hermano, con otros muchos, en tiempo del Emperador Diocleciano.
  • En Faleria de Toscana, el suplicio de los santos Graciliano y Felicísima, Virgen, a quienes primero, por la confesión de la fe, deshicieron con piedras la boca, y por último, degollados, recibieron la deseada palma del martirio.
  • En Milán, el tránsito de san Ensebio, Obispo y Confesor.
  • En Brescia, san Herculano, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SANTA CLARA DE ASIS, 
Virgen

Santa Clara, a ejemplo de San Francisco de Asís, su conciudadano, distribuyó todos sus bienes a los pobres, y formó, bajo la dirección de este gran santo, una sociedad de vírgenes decididas como ella a vivir en el recogimiento y en la penitencia. Habiendo los moros atacado su monasterio, los puso en fuga presentándose ante ellos precedida por el Santísimo Sacramento. Ayunaba a pan y agua todo el Adviento y la Cuaresma; durante mucho tiempo, pasó sin tomar alimento alguno los lunes, miércoles y viernes de cada semana. Siempre llevaba un cilicio, andaba descalza y acostábase sobre sarmientos tirados en el suelo. Murió en 1253.

martes, 11 de agosto de 2020

Magisterio Pontificio: Sobre el Sacramento de la Eucarístia



SACROSANTO, ECUMÉNICO Y GENERAL
CONCILIO DE TRENTO

Esta es la fe del bienaventurado san Pedro, y de los Apóstoles; 
esta es la fe de los Padres; esta es la fe de los Católicos



EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA 

(SESIÓN XIII)


Que es la III celebrada en tiempo del sumo Pontífice Julio III 


(11 de octubre de 1551)




DECRETO SOBRE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA


Aunque el sacrosanto, ecuménico y general Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo, y presidido por los mismos Legado y Nuncios de la santa Sede Apostólica, se ha juntado no sin particular dirección y gobierno del Espíritu Santo, con el fin de exponer la verdadera doctrina sobre la fe y Sacramentos, y con el de poner remedio a todas las herejías, y a otros gravísimos daños, que al presente afligen lastimosamente la Iglesia de Dios, y la dividen en muchos y varios partidos; ha tenido principalmente desde los principios por objeto de sus deseos, arrancar de raíz la zizaña de los execrables errores y cismas, que el demonio ha sembrado en estos nuestros calamitosos tiempos sobre la doctrina de fe, uso y culto de la sacrosanta Eucristía, la misma que por otra parte dejó nuestro Salvador en su Iglesia, como símbolo de su unidad y caridad, queriendo que con ella estuviesen todos los cristianos juntos y reunidos entre sí. En consecuencia pues, el mismo sacrosanto Concilio enseñando la misma sana y sincera doctrina sobre este venerable y divino sacramento de la Eucaristía, que siempre ha retenido, y conservará hasta el fin de los siglos la Iglesia católica, instruida por Jesucristo nuestro Señor y sus Apóstoles, y enseñada por el Espíritu Santo, que incesantemente le sugiere toda verdad; prohibe a todos los fieles cristianos, que en adelante se atrevan a creer, enseñar o predicar respecto de la santísima Eucaristía de otro modo que el que se explica y define en el presente decreto.


Cap. I. De la presencia real de Jesucristo nuestro Señor en el santísimo sacramento de la Eucaristía.

En primer lugar enseña el santo Concilio, y clara y sencillamente confiesa, que después de la consagración del pan y del vino, se contiene en el saludable sacramento de la santa Eucaristía verdadera, real y substancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo las especies de aquellas cosas sensibles; pues no hay en efecto repugnancia en que el mismo Cristo nuestro Salvador este siempre sentado en el cielo a la diestra del Padre según el modo natural de existir, y que al mismo tiempo nos asista sacramentalmente con su presencia, y en su propia substancia en otros muchos lugares con tal modo de existir, que aunque apenas lo podemos declarar con palabras, podemos no obstante alcanzar con nuestro pensamiento ilustrado por la fe, que es posible a Dios, y debemos firmísimamente creerlo. Así pues han profesado clarísimamente todos nuestros antepasados, cuantos han vivido en la verdadera Iglesia de Cristo, y han tratado de este santísimo y admirable Sacramento; es a saber, que nuestro Redentor lo instituyó en la última cena, cuando después de haber bendecido el pan y el vino; testificó a sus Apóstoles con claras y enérgicas palabras, que les daba su propio cuerpo y su propia sangre. Y siendo constante que dichas palabras, mencionadas por los santos Evangelistas, y repetidas después por el Apóstol san Pablo, incluyen en sí mismas aquella propia y patentísima significación, según las han entendido los santos Padres; es sin duda execrable maldad, que ciertos hombres contenciosos y corrompidos las tuerzan, violenten y expliquen en sentido figurado, ficticio o imaginario; por el que niegan la realidad de la carne y sangre de Jesucristo, contra la inteligencia unánime de la Iglesia, que siendo columna y apoyo de verdad, ha detestado siempre como diabólicas estas ficciones excogitadas por hombres impíos, y conservado indeleble la memoria y gratitud de este tan sobresaliente beneficio que Jesucristo nos hizo.


Cap. II. Del modo con que se instituyó este santísimo Sacramento.

Estando, pues, nuestro Salvador para partirse de este mundo a su Padre, instituyó este Sacramento, en el cual como que echó el resto de las riquezas de su divino amor para con los hombres dejándonos un monumento de sus maravillas, y mandándonos que al recibirle recordásemos con veneración su memoria, y anunciásemos su muerte hasta tanto que el mismo vuelva a juzgar al mundo. Quiso además que se recibiese este Sacramento como un manjar espiritual de las almas, con el que se alimenten y conforten los que viven por la vida del mismo Jesucristo, que dijo: Quien me come, vivirá por mí; y como un antídoto con que nos libremos de las culpas veniales, y nos preservemos de las mortales. Quiso también que fuese este Sacramento una prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y consiguientemente un símbolo, o significación de aquel único cuerpo, cuya cabeza es él mismo, y al que quiso estuviésemos unidos estrechamente como miembros, por meido de la segurísima unión de la fe, la esperanza y la caridad, para que todos confesásemos una misma cosa, y no hubiese cismas entre nosotros.

Martirologio Romano 11 de agosto


SANTA SUSANA,
Virgen y Mártir

† decapitada hacia el año 295 en Roma

Digo a las personas no casadas y viudas:
bueno les es si así permanecen, como también permanezco yo.
(1 Corintios 7, 8)


  • En Roma, entre los dos Laureles, el triunfo de san Tiburcio, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por sentencia del Juez Fabiano, como confesase con mayor constancia a Cristo mientras andaba sobre ascuas con los pies desnudos, fue conducido a tres millas de la ciudad y allí degollado.
  • En Roma igualmente, santa Susana, Virgen, la cual, siendo de noble linaje y sobrina del Papa san Cayo, en tiempo de Diocleciano, cortada la cabeza, mereció la corona del martirio.
  • En Asís de Umbría, el tránsito de santa Clara, Virgen, primera planta de las Señoras Pobres de la Orden de Menores; la cual, célebre por su vida y milagros, fue puesta por el Papa Alejandro IV en el número de las santas Vírgenes. Su fiesta se celebra el día siguiente.
  • En Comana del Ponto, san Alejandro, Obispo, por sobrenombre el Carbonero, que de elocuentísimo filósofo, llegó a alcanzar la eminente ciencia de la humildad cristiana, y elevado por san Gregorio Taumaturgo a la sede de aquella Iglesia, fue ilustre, no sólo por la predicación, sino también por haber consumado en el fuego su martirio.
  • En el mismo día, el martirio de los santos Rufino, Obispo de los Marsos, y sus Compañeros, en tiempo del Emperador Maximino.
  • En Evreux de Francia, san Taurino, Obispo, el cual, ordenado Obispo de aquella ciudad por el Papa san Clemente, propagó la fe Cristiana con la predicación del Evangelio, y padecidos por esta causa muchos trabajos, esclarecido por la gloria de los milagros, descansó en el Señor.
  • En Cambray de Francia, san Gaugerico, Obispo y Confesor.
  • En la provincia de Valeria, san Equicio, Abad, de cuya santa vida da testimonio san Gregorio Papa.
  • En Todi de Umbría, santa Digna, Virgen.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SANTA SUSANA, 
Virgen y Mártir

Tiburcio fue convertido con Cromacio, su padre. Intimado por el juez Fabiano a sacrificar a los ídolos o a caminar con los pies descalzos sobre carbones encendidos, hizo él la señal de la cruz y, pisando las brasas: “Aprende –dijo al juez– que el Dios de los cristianos es el solo Dios verdadero. Estos carbones inflamados me parecen flores”. Fabiano, atribuyendo este prodigio a la magia, lo hizo decapitar.

Susana, virgen romana, el mismo día rehusó, por guardar su virginidad, aceptar por esposo a Galerio Máximo, hijo del emperador Diocleciano; fue sometida a crueles tormentos; y, al fin, decapitada en su palacio, hacia el año 295.

lunes, 10 de agosto de 2020

Martirologio Romano 10 de agosto


SAN LORENZO,
Diácono y Mártir

n. en Huesca, España; † martirizado hacia el año 258

Patrono de los comediantes; archivistas; bibliotecarios; bibliotecas; carniceros; cocineros; diáconos; cristaleros; lavanderos; indigentes; seminaristas; niños escolares; viticultores.



El que ama su vida, la perderá,
mas el que aborrece su vida en este mundo,
la conservará para la vida eterna.
(Juan 12, 25)

  • En Roma, en la vía Tiburtina, el triunfo de san Lorenzo Arcediano, el cual, en la persecución de Valeriano, después de muchísimos tormentos de cárcel, varios azotes, varas, plomadas y láminas candentes, por último asado en unas parrillas de hierro, consumó el martirio. Su cuerpo fue sepultado por san Hipólito y el Presbítero Justino en el cementerio de Ciríaca, en el campo Verano.
  • En España, la Aparición de santa María Virgen, llamada de la Merced, que con este título instituyó la Orden de Redención de Cautivos. Su fiesta se celebra el 25 de Septiembre.
  • En Roma, el suplicio de ciento sesenta y cinco santos soldados Mártires, en tiempo del Emperador Aureliano.
  • En Alejandría, la conmemoración de los santos Mártires que, en la persecución de Valeriano, de orden del Presidente Emiliano, atormentados por mucho tiempo con varios y refinados suplicios, lograron con diversos géneros de muerte la palma del martirio.
  • En Bérgamo, santa Asteria, Virgen y Mártir, en la persecución de los Emperadores Diocleciano y Maximiano.
  • En Cartago, las santas Vírgenes y Mártires Basa, Paula y Agatónica.
  • En Roma, san Diosdado, Confesor, el cual, cuanto ganaba en la semana con el trabajo de sus manos, lo repartía el sábado a los pobres.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SAN LORENZO, 
Diácono y Mártir

San Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma, viendo al Papa San Sixto marchar a la muerte, le dijo con tristeza: “Oh padre mío, ¿adónde vas sin tu hijo?” “No te abandono –respondiole el pontífice–, me seguirás dentro de tres días”. En efecto, Lorenzo fue prendido; y como le pidiesen los tesoros de la Iglesia, llevó ante el tirano a los pobres a quienes se los había distribuido, diciendo: “He aquí los tesoros de la Iglesia”. Fue colocado sobre una parrilla ardiente, y, poco después, dijo al perseguidor: “Dadme vuelta, estoy bastante cocido de este lado”. Lo dieron vuelta, y añadió poco después: “Está bastante cocido; podéis comer”. Murió en el año 258, bajo Valeriano, dando gracias a Dios por la merced que le concedía de poder sufrir por Él.


domingo, 9 de agosto de 2020

R.P. Leonardo Castellani: Parábola del Fariseo y el Publicano





"Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de Justos y despreciaban a los demás esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: el uno fariseo y el otro publicano. El fariseo, estando en pie, oraba en su interior de esta manera: Dios, gracias te doy porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, así como este publicano. Ayuno dos veces en la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. Mas el publicano, estando lejos, no osaba ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho diciendo: Dios, muéstrate propicio a mí, pecador. Os digo que éste, y no aquél, descendió justificado a su casa; porque todo hombre que se ensalza, será humillado, y el que se humilla, será ensalzado".

Lc. XVIII, 9-14.



Domingo décimo después de Pentecostés

R.P. Leonardo Castellani
"El Evangelio de Jesucristo"



Este domingo décimo después de Pentecostés se lee la conocida parábola del Fariseo y el Publicano, conocida incluso por los poetas que la han glosado en diversas formas -recuerdo una novela amarga de heterodoxos de John Galswrthy llamada El Primero y el Último, de la que sacaron un film los yanquis-.


"Lejos del tabernáculo que ceñían de un velo.
De humo espeso. diez lámparas de cobre desde el suelo
lejos de tabernáculo que ceñían de un velo;
estaba el paralítico y estaba el Publicano
y el hidrópico estaba e buen samaritano
estaba el paralítico y estaba el Publicano...
Más allá sobre un lecho de mullidas alfombras
y entre un brillo de sedas y lejos de las sombras,
más allá de un lecho de mullidas alfombras,
estaba el Fariseo, que ante el Señor se exalta
rezando los versículos de David en voz alta
estaba el Fariseo, que ante el Señor se exalta...",


etcétera. Esto es de un poeta argentino, Horacio Caillet-Bois.

Como está colocada después de la parábola de la Viuda Molesta, San Agustín y otros muchos dicen que versa sobre la oración y que recomienda la humildad de orar.

Es eso; hay eso desde luego; pero hay otra cosa: hay un retrato de la soberbia religiosa, que había de ser, y ya era, el principal enemigo de Cristo; retrato breve pero enérgicamente incisivo, como un medallón o un aguafuerte. Jesucristo no vaciló en contraponer entre sí a la clase social más respetada con la más repelida, ni en nombrar a por su nombre a esa clase social eminente, al denunciarla como infatuada religiosamente: Fariseo y Publicano. Si nos preguntaran cómo habría que traducir hoy en día esas palabras para que sonaran parecido a aquellos tiempos, habría que decir la parábola del Sacerdote y el Ciruja, o algo por el estilo: o, hablando con perdón la parábola del Sacristán y la Prostituta.

La palabra fariseo no significaba entonces o que significó después de Cristo, así como la palabra sofista no significaba en el siglo de Platón lo mismo que significó después -y por obra- de Platón. Los fariseos eran los separados -eso significa la palabra en arameo- los puros, los distinguidos. No existe hoy un grupo social enteramente idéntico a los fariseos -aunque existe mucho fariseísmo desde luego-, por lo cual no se pueden definir con una sola palabra. Si digo que los fariseos eran el alto clero, los clericales los jesuitas, los nazis, los oligarcas, los devotos, los puritanos, los ultramontanos, miento; aunque tenían algo de eso. Algunos los han comparado son los Sinn-feiners de Irlanda; otros con los Puritanos de Oliver Cromwell. Eran a la vez una especie de cofradía religiosa, de grupo social y cofradía religiosa, de grupo social y poder político; es todo lo que se puede decir brevemente; pero lo formal y esencial en ellos era lo religioso: el culto, el estudio y el celo de la Torah, de la Ley de Moisés, que había proliferado en sus manos como un pedazo de gorgonzola. Preguntando a un ham-harées (hombre del pueblo) israelita, hubiera dicho: " Son unos hombres muy religiosos, muy sabios y muy poderosos", más o menos lo que cree el pueblo hoy en día de los frailes.  El Evangelista al principio de la parábola los define. "Unos hombres que se tenían a sí mismos por santos y despreciaban a los demás"; es decir soberbia religiosa. Queda entendido que no siempre fueron así los fariseos: fue un ceto social que se corrompió. En tiempo de Jesucristo eran así. Antes de Jesucristo, habían sido la fracción política que mantuvo la tradición nacionalista y antihelenística de los Macabeos. Después de Cristo, fueron el espíritu que inspiró el Talmud y organizó a religión judaica acual: puesto que la destrucción y la Diáspora, que acabó con los Saduceos,, no acabó con los fariseos. Estos son indestructibles.

Dom Gueranger: San Juan María Vianney






SAN JUAN MARÍA VIANNEY, 
CONFESOR


"El Año Litúrgico"
Dom Gueranger


LA POPULARIDAD DE LOS SANTOS

"Es un hecho que la Iglesia, después que ha pronunciado con previo, largo y minucioso conocimiento de causa, que tal o cual de sus hijos practicó en grado heroico las virtudes del Evangelio y que Dios le ha recompensado con el privilegio auténtico de hacer milagros, cuando inmediatamente es invocado, amado, aclamado, por desconocido que haya sido antes a las naciones extranjeras, y a pesar de sus esfuerzos por ocultarse a los demás e ignorarse así mismo.

"Aunque no haya sido más que un humilde cura de una parroquia de 200 almas, como fué la de Ars, a pesar de eso, los católicos del universo saben su nombre y quieren saber los detalles de su biografía. Si juzgamos a los santos con miras humanas, sería necesario declararles como los más astutos de todos los demás hombres, ya que ellos se dirigen, como por instinto, hacia esa celebridad mundial que muchos envidian sin poder nunca obtener.

"Nada, fuera de este aspecto, es atractivo en el espectáculo de su vida. Porque, ¡qué variedad en sus caminos y en sus métodos! ¡Qué diversidad, por no decir que contraste de caracteres y de obras! Unos permanecen extraños al mundo y solitarios; éstos, desbordantes de iniciativa, dejan sobre una sociedad, sobre un país o sobre su época la impronta de su acción; aquellos caminan en medio de tinieblas y a través de continuos matorrales de espinas que les hacen sangrar, mientras que otros muchos saltan por encima de los obstáculos y se ciernen en medio de la luz más brillante.

"Se ha creído mucho tiempo en la monotonía de los Santos. Mas en nuestros días van adquiriendo fama por todas partes. Escritores de valía han notado que la interesante ascensión de un genio es inferior a la emoción más fuerte de ver a un cristiano ascender hacia la perfección'".


UN CURA DE ALDEA

¿Qué encontramos hoy en el Calendario Litúrgico? Un cura de aldea: un pobre cura tan poco dotado intelectualmente que aún sus superiores dudaron permitirle ascender a las Ordenes. Le negaron por mucho tiempo el oficio de confesar y después le enviaron a una parroquia de las más, pequeñas y de las más pobres de la Diócesis de Lyon: de aspecto tan enclenque y de aire tan campesino que sus feligreses, que no eran exigentes, no se mostraron muy contentos; de memoria tan rebelde, que le eran necesarias siete u ocho horas de esfuerzos para aprenderse sus sermones; de una pobreza tan extrema que no tenia más que una sotana raída, un sombrero viejo, zapatos burdos claveteados, y que por toda herencia no pudo dejar a su parroquia más que su cuerpo extenuado por los ayunos, las disciplinas y el Cilicio.


LA CONVERSIÓN DE UNA PARROQUIA

sin embargo de eso, este pobre sacerdote haría que pronto se hablara de él. Al enviarle a Ars, el Vicario General le dijo: "No hay mucho amor de Dios en esa parroquia. Implántale tú, si puedes." Nunca fué observada mejor una consigna. Mas esto no sucedió sin sufrimientos, y más tarde el santo cura dirá: "Si yo hubiese sabido lo que debía sufrir aquí, hubiera muerto repentinamente." No perdonó nada para alcanzar de Dios la conversión de su parroquia. Se levantaba a la una o a las dos de la mañana, y pasaba una gran parte del día ante el Santísimo Sacramento; todas las tardes se daba disciplina hasta derramar sangre; jamás usaba de calefacción; su caridad le llevaba hacia todas las miserias de las almas a él confiadas, hacia los enfermos a quien el reconfortaba y salvaba.

Sus feligreses debieron pronto reconocer los méritos del cura que la Providencia les había enviado. Cuando le vieron transfigurado en el altar en que celebraba el Santo Sacrificio, cuando oyeron sus sermones muy sencillos, pero ardientes de amor de Dios y más todavía sus catequesis que ilustraba tanto a los grandes como a los más pequeños, cuando se dieron cuenta de las mortificaciones, que se imponía por ellos, cuando oyeron al demonio perseguirle, su estima aumentó y no tardaron en proclamar su santidad.


CONVERSIÓN DE LAS MULTITUDES

Su fama se extendió pronto por doquier y pronto las muchedumbres se agolpaban para ver a aquel cura que leía en las almas, predecía el futuro, curaba a los enfermos y tranquilizaba a las conciencias dándolas la luz y el perdón de parte de Dios. Mientras que en la otra extremidad de la diócesis de Belley, en otra aldea llamada Ferney, se veía a algunos admiradores esforzarse por sostener el prestigio de Voltaire, las muchedumbres cansadas ya de tanta duda, corrían hacia un humilde sacerdote, hacia una pobre aldea, hasta entonces desconocida, y allí comenzaban de nuevo a creer, esperar y amar. Dios realizaba una vez más la palabra del Apóstol San Pablo: "confundía con la necedad de la cruz la sabiduría de los sabios" 1 . Durante muchos años hubo un afluir de gente hacia Ars, comparable al que, en la Edad Media, conducía a las muchedumbres hacia los santuarios más renombrados.

Fácilmente se puede imaginar uno la fatiga, el martirio que causaría al santo sacerdote una
tal afluencia, las 17 horas pasadas cada día en el confesonario, el ayuno y las maceraciones. Hasta la tarde del 29 de Julio de 1859 continuó su ministerio sobrehumano. Por fin se vió obligado a quedarse en cama para no levantarse más. Los peregrinos forzaron la entrada de su habitación, y él, con valor heroico, prodigó sus bendiciones, sus consejos y sus absoluciones. Finalmente, en la mañana del 4 de Agosto se durmió en dulce paz, obedeciendo alegre al Señor que le llamaba para la recompensa.


VIDA

S. Juan María-Vianney nació en Dardilly, cerca de Lyon, el 8 de Mayo de 1786. Muy joven todavía aprovechaba del trabajo de los campos o de la guarda de las ovejas para pasar largas horas en el recogimiento y la oración. Gustaba reunir junto a sí a los niños de su edad y les enseñaba a amar a Dios y a rezar el rosario. Deseando ser sacerdote, fué conducido al cura de Ecully para que le enseñara el latín. Mas como encontraba grandes dificultades en el estudio, marchó en peregrinación a pedir a S. Francisco Regis, en Louvesc, la gracia de aprender lo suficiente para ser sacerdote. En efecto, se ordenó presbítero en 1815 y fué nombrado vicario de Ecully. Permaneció allí unos tres años viviendo en medio de una gran austeridad. Luego fué nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias heroicas, como por su predicación. El demonio envidioso de un tal resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesonario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la gracia de la conversión. Acabado por las fatigas murió el 4 de Agosto de 1859 a la edad de 73 años. San Pío X le beatificó en 1905 y le nombró patrono de todos los sacerdotes de Francia que tienen el cuidado de las almas y Pío X I le canonizó el 31 de Mayo de 1925.


LA CRUZ

Pasaron ya los primeros años de tu ministerio de los que decías: "Esperaba de un momento a otro ser suspendido y condenado a terminar mis días en las prisiones. En aquel tiempo se olvidaban de comentar el Evangelio en los púlpitos y se predicaba sobre el pobre cura de Ars. ¡Oh, cuánta cruz debía yo sobrellevar!... ¡Me abrumaba tanto que casi no lo podía soportar! Comencé a pedir el amor de las cruces; entonces fui feliz."

Para ti ha terminado ya el trabajo; mas desde el seno de tu reposo escucha a los obreros de la salvación implorar tu patrocinio; sosténles en tu misión cada día más ingrata, más llena de amarguras. A aquellos a quienes la paciencia amenaza doblegarse ante la persecución y las calumnias, repíteles las palabras que tu decías a uno de tus predecesores: "Amigo mío, haz como yo. Me enfadaría si Dios fuese ofendido; más por otra parte, me alegro en el Señor de todo aquello que él permite se diga contra mí, porque las condenaciones del mundo son bendiciones de Dios. Las contradiciones nos colocan al pie de las cruces y las cruces a la puerta del cielo. ¿Acaso el que huye de la cruz, no huye de Aquel que quiso ser clavado en ella y morir por nosotros? ¡Qué la cruz haga perder la paz! Es ella la que ha dado la paz al mundo, y la que debe llevarla a nuestros corazones."


LA SANTIDAD

Elevado a la Silla apóstolica en el día aniversario de tu entrada en la gloria, San Pío X que te insertó en el código de los Bienaventurados, escogió precisamente ese mismo día 4 de Agosto para dirigir al clero católico la exhortación solemne (1) que inspiraban a su corazón de Pontífice nuestros tiempos malvados y repletos de peligros. Ayuda con tus súplicas ante el pie del trono del Señor las recomendaciones que el sucesor de Pedro sacaba de vuestro ejemplo, cuando decía a los sacerdotes: "Sola la santidad puede hacer de nosotros lo que exige nuestra divina vocación, a saber, hombres crucificados al mundo y en los cuales esté crucificado el mismo mundo', que no miran hacia el cielo más que en lo que Ies concierne, y no perdonan esfuerzos para llevar a los demás." Hombres de Dios (2) ¿es necesario que se muestren únicamente aquellos que son la luz del mundo (3) la sal de la tierra (4) los embajadores (5) de Aquel que se digna llamarles sus amigos (6) que les hace dispensadores de sus dones? 7 No serán ellos fuente de santidad como tienen que serlo para los demás, si en primer lugar no son ellos mismos santos en el secreto de la faz del Señor; en la medida en que ellos se den a Dios, Dios se dará por su medio al pueblo.

¡Oh Juan María! Ojalá puedan decirse a sí mismos y decir a los demás contigo: "Fuera de Dios, no hay nada que sea sólido. La vida pasa; la fortuna se derrumba; la salud se destruye, la reputación es atacada. Nosotros caminamos como el viento. El paraíso, el infierno y el purgatorio tienen un gusto anticipado desde esta vida. El paraíso reside en el corazón de los perfectos que están muy unidos con nuestro Señor; el infierno está en el de los impíos; y el purgatorio en las almas que no están muertas a ellas mismas. El hombre ha sido creado para el amor: por eso está tan dispuesto para amar; por otra parte es tan grande que nada puede contenerle sobre la tierra. No está contento más que cuando se dirige hacia el cielo."




Sea todo a la mayor gloria de Dios.



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