SAN EULOGIO,
Mártir
† decapitado hacia el año 859 en Córdoba, España
Patrono de carpinteros y trabajadores del cobre.
No resistas al que te maltrate;
antes, si alguno te hiriere en la mejilla derecha,
vuelve también la otra.
(Mateo 5, 39)
- En Cerdeña, san Eutimio, Obispo, que, por el culto de las sagradas Imágenes, de orden del Emperador Miguel Iconoclasta, fue desterrado, y, por último, en el imperio de Teófilo, bárbaramente azotado con nervios de buey, consumó el martirio.
- En Córdoba de España, san Eulogio, Presbítero y Mártir; el cual, en la persecución de los Sarracenos, por su preclara e intrépida confesión de Cristo, azotado y abofeteado, y, por fin, degollado, mereció ser agregado a los Mártires de aquella ciudad, cuyos gloriosos combates por la fe había emulado en sus escritos.
- En Cartago, los santos Mártires Heraclio y Zósimo.
- En Alejandría, el martirio de los santos Cándido, Pipenón y otros veinte.
- En Laodicea de Siria, los santos Mártires Trófimo y Talo; los cuales, en la persecución de Diocleciano, después de muchos y crueles tormentos, consiguieron las celestiales coronas.
- En Antioquía, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, los cuales, por orden del Emperador Maximiano, puestos unos sobre parrillas candentes, no para que al punto muriesen, sino para que, asados poco a poco, padeciesen más, y otros atormentados con varios y cruelísimos suplicios, alcanzaron todos la palma del martirio.
- Asimismo, los santos Mártires Gorgonio y Firmo.
- En Jerusalén, san Sofronio, Obispo.
- En Milán, san Benito, Obispo.
- En territorio de Amiens, san Fermín, Abad.
- En Cartago, san Constantino, Confesor.
- En Babuco de los Hérnicos, san Pedro, Confesor, insigne por la gloria de sus milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.
SAN EULOGIO,
Mártir
Mientras se conducía a San Eulogio para martirizarlo, recibió una bofetada; ofreció el santo la otra mejilla para cumplir el consejo del Evangelio. Había antes dejado la espada para aceptar el episcopado en lo más recio de la persecución. Resistió valerosamente al rey de los moros. Se le amenazó con los azotes, pero él pidió que, más bien, se le hiciese morir, pues los látigos eran tan impotentes para arrancarle la fe del corazón como para separar su alma de su cuerpo. Se le hizo decapitar en el año 859.



