SAN ROMUALDO,
Abad
n. hacia el año 951 en Rávena, Italia;
† 19 de junio de 1027 en Val-di-Castro, Italia
Velad y orad para que no caigáis en la tentación.
El espíritu en verdad está pronto, pero la carne es flaca.
(Marcos 14, 38)
- San Romualdo, Abad, Padre de los Monjes Camaldulenses, cuya muerte se conmemora el día 19 de Junio, pero su fiesta, por la Traslación de su cuerpo, se celebra principalmente en este día.
- En Augusta de Bretaña, que ahora se llama Londres, el triunfo desan Áugulo, Obispo, el cual, coronando con el martirio el curso de su vida, mereció recibir los premios eternos.
- En Frigia, san Adauco, Mártir, de esclarecido linaje italiano, a quien los Emperadores honraron con casi toda suerte de dignidades; y por fin, desempeñando aún el oficio de Cuestor, fue ennoblecido, por defender la fe, con la corona del martirio.
- Allí mismo, el triunfo de muchísimos santos Mártires, todos conciudadanos, cuya cabeza era el mismo Adauco; los cuales, siendo todos Cristianos y persistiendo constantes en la confesión de la fe, fueron consumidos en las llamas por el Emperador Galerio Maximiano.
- En Heraclea del Ponto, san Teodoro, jefe del Ejército, el cual, imperando Licinio, después de muchos tormentos, cortada la cabeza, voló vencedor al cielo.
- En Egipto, san Moisés, Obispo venerable, que primero hizo en el yermo vida solitaria, y después, creado Obispo a petición de Mauvia, Reina de los Sarracenos, convirtió en gran parte a la fe aquella gente ferocísima, y, glorioso en méritos, descansó en paz.
- En Luca de Toscana, el tránsito de san Ricardo, Rey de los Ingleses, que fue padre de san Villebaldo, Obispo de Eichstadt, y de santa Walburga Virgen.
- En Bolonia, santa Juliana, Viuda.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.
SAN ROMUALDO,
Abad
San Romualdo, fundador de los camaldulenses, vivió desordenadamente sus primeros años; empero, habiendo acompañado a su padre a un duelo, la muerte del adversario, que era un pariente, tan hondamente lo impresionó, que se retiró a un monasterio y persuadió a su padre a hacer otro tanto. Al trabajo manual unía rigurosos ayunos e increíble fervor de oración. No podía soportar que se rezase con tibieza. “Es mejor –decía– recitar con fervor un solo salmo, que no cien con indolencia”. Murió en el año 1027.