viernes, 1 de marzo de 2024

Martirologio Romano 1 de marzo

  

SAN ALBINO,
Obispo y Confesor

n. 469 en Bretaña, Francia; † hacia el año 554



No tenéis que pensar que Yo haya venido a traer la paz a la tierra;
no he venido a traer la paz, sino la guerra.
(Mateo 10, 34)


  • En Roma, doscientos sesenta santos Mártires, a quienes, por el nombre de Cristo, primeramente condenó Claudio a cavar arena fuera de la puerta Salaria, y después a morir asaeteados por los soldados en el anfiteatro.
  • Asimismo, el triunfo de los santos Mártires León, Donato, Abundancio, Nicéforo y otros nueve.
  • En Marsella de Francia, los santos Mártires Hermes y Adriano.
  • En Heliópolis, junto al Líbano, santa Eudocia, Mártir; la cual, en la persecución de Trajano, bautizada por el Obispo Teódoto y esforzada al combate, allí mismo, de orden del Presidente Vincencio, pasada a cuchillo, recibió la corona del martirio.
  • El mismo día, santa Antonina, Mártir, la cual, en la persecución de Diocleciano, por haberse mofado de los dioses gentílicos, después de varios tormentos, encerrada en un tonel, fue sumergida en la laguna de la ciudad de Cea.
  • En Roma, el tránsito de san Félix III, Papa, que fue tatarabuelo de san Gregorio Magno, y, según refiere este santo, se apareció a su nieta santa Tarsila, y la llamó al reino celestial.
  • En la ciudad de Kaiserwerdt, san Suitberto, Obispo, que en tiempo del P{apa san Sergio I predicó el Evangelio a los Frisones, Bávaros y otros pueblos de Alemania.
  • En Anjou de Francia, san Albino, Obispo y Confesor, varón de insigne virtud y santidad.
  • En Perusa, la traslación de san Herculano, Obispo y Mártir, que por orden de Totila, Rey de los Godos, fue degollado. Su cuerpo, según escribe san Gregorio Papa, se halló tan sano y unido a la cabeza cuarenta días después de cortado, como si no le hubiese tocado el cuchillo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.


R. Deo Gratias.



SAN ALBINO,
Obispo y Confesor

San Albino fue un generoso soldado de Jesucristo. Luchó contra el mundo, y para vencerlo abrazó la vida religiosa. Nombrado, posteriormente, obispo de Angers por inspiración del Cielo, usó de toda su influencia para combatir el vicio dondequiera lo encontraba. Tan venerado era en la corte del rey Childeberto que, cuando a ella iba, el rey mismo salía a su encuentro. Murió hacia el año 554.

jueves, 29 de febrero de 2024

Martirologio Romano 29 de febrero

 

SAN ROMÁN Y SAN LUPICINO,
Abades

(fiestas de los días 24 al 28 de febrero se desplazan un día en año bisiesto)


Haced penitencia,
porque está cerca el reino de los cielos.
(Mateo 3, 2)


  • En Roma, el triunfo de los santos Mártires Macario, Rufino, Justo y Teófilo.
  • En Alejandría, el martirio de los santos Cereal, Púpulo, Cayo y Serapión.
  • Allí mismo, la conmemoración de los santos Presbíteros, Diáconos y otros muchísimos, los cuales, en tiempo del Emperador Valeriano, como cundiese una peste asoladora, sirviendo a los contagiados de la enfermedad, arrostraron de muy buena voluntad la muerte, y la religiosa piedad de los fieles acostumbra venerarlos como Mártires.
  • En Roma, san Hílaro, Papa y Confesor.
  • En el territorio de Lyon, en el monte Jura, el tránsito de san Román, Abad, el primero que vivió allí vida eremítica, y, esclarecido en muchas virtudes y milagros, fue después Padre de muchísimos Monjes.
  • En Pavía, la Traslación del cuerpo de san Agustín, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia, desde la isla de Cerdeña, por obra de Luitprando, Rey de los Longobardos.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SAN ROMÁN,
Abad

San Román se había retirado, con su hermano Lupicino, al monte Jura, para hacer penitencia. Fue allí tan cruelmente tentado y atormentado por el demonio, que abandonó el yermo para volver al mundo; mientras lo hacía, dio en el camino con una dama venerable que lo exhortó a la perseverancia. Volvió sobre sus pasos y permaneció en esa soledad durante el resto de su vida, atrayendo a ella a muchos santos varones. Murió hacia el año 460. Sobreviviole su hermano unos 20 años.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Martirologio Romano 28 de febrero

 

SAN LEANDRO,
Obispo y Confesor

(fiestas de los días 24 al 28 de febrero se desplazan un día en año bisiesto)

n. hacia el año 534 en Cartagena, España;
† hacia el año 596 en Sevilla, España


Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón,
y con toda tu alma, y con toda tu mente.
(Mateo 22, 37)


  • En ísola del Abruzzo, san Gabriel de la Virgen Dolorosa, Clérigo de la Congregación llamada de la Cruz y Pasión del Señor, y Confesor; el cual, esclarecido con grandes méritos en el breve curso de su vida, y con milagros después de la muerte, fue puesto en el catálogo de los santos por el Papa Benedicto XV.
  • En Roma, el triunfo de los santos Mártires Alejandro, Abundio, Antígono y Fortunato.
  • En Alejandría, el suplicio de san Julián, Mártir, que, padeciendo de gota hasta el punto de no poder andar ni mantenerse en pie, fue presentado al Juez con dos criados suyos, que le llevaban en una silla; de éstos, el uno negó la fe; el otro, llamado Euno, perseveró con su amo en la confesión de Cristo. Ambos, Julián y Euno, puestos en sendos camellos, fueron paseados por toda la ciudad, cruelmente azotados, y por último, encendida una hoguera, quemados en medio del pueblo, que lo contemplaba.
  • En el mismo lugar, san Besa, soldado, el cual, como refrenase a los que insultaban a dichos Mártires, llevado al Juez y confesando constantemente la fe, fue decapitado.
  • En Sevilla de España, el tránsito de san Leandro, Obispo de la misma ciudad, hermano de los santos Isidoro Obispo y Florentina Virgen; el cual, con su predicación e industria, y con la ayuda del Rey Recaredo, convirtió a la nación Visigoda, de la impiedad Arriana a la fe católica.
  • En Constantinopla, los santos Confesores Basilio y Procopio, que en tiempo del Emperador León combatieron valerosamente por el culto de las sagradas Imágenes.
  • En Lyon de Francia, san Baldomero, Subdiácono, varón consagrado a Dios, cuyo sepulcro resplandece con frecuentes milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN LEANDRO,
Obispo y Confesor

De ordinario se representa a San Leandro teniendo en la mano un corazón envuelto en llamas, símbolo de su amor por Dios. Nombrado obispo de Sevilla, comunicó a su rebaño los ardores celestiales que consumían su alma e ilustró a los arrianos con sus sabios escritos. Sus elocuentes predicaciones convirtieron a la fe a Recaredo, que fue el primer rey católico de España. Murió en el año 596.

martes, 27 de febrero de 2024

IN MEMORIAM

  




MONSEÑOR MICHEL-LOUIS GUÉRARD DES LAURIERS, O.P.

 (25 DE OCTUBRE 1898 – 27 FEBRERO DE 1988) 


R.I.P


“Misereor super turbam”... “Misereor super sacrificium”... “Tengo compasión de esta muchedumbre, tengo compasión del sacrificio”. Estas palabras constituyen el epitafio de la tumba de Mons. Guérard des Lauriers O.P., defensor de la Santa Misa, de la “Oblatio munda”.





1988 - 2018: Mons. Michel-Louis Guérard des Lauriers O.P., In memoriam, 
30º aniversario de su fallecimiento


Padre Francesco Ricossa

Tu es sacerdos in æternum… El Sacerdote participa del Sacerdocio de Cristo, el cual permanece eternamente. Si nuestro sacerdocio permanece incluso en la eternidad, los pontífices y sacerdotes pasan ellos también de este mundo a la Vida eterna. El tiempo sobre esta tierra pasa y entonces poco a poco se extingue aquella primera generación de sacerdotes que conocieron la Iglesia en estado de orden, con toda su belleza, y que vivieron luego dolorosamente los terribles años de la crisis conciliar, decidiendo valerosamente permanecer fieles al Santo Sacrificio de la Misa que era desterrado y prohibido en todas las iglesias del mundo cristiano. Cuan tristes, pero al mismo tiempo dulces, son los recuerdos de estos sacerdotes que nos precedieron (y algunos, gracias a Dios, todavía nos acompañan: ¡ad multos annos!) y gracias a los cuales la Fe, el Sacrificio, los Sacramentos, han permanecido vivos entre nosotros. Este año nuestro Instituto conmemora los treinta años (¡ya!) de la muerte de uno de ellos, Mons. Michel-Louis Guérard des Lauriers, obispo católico y religioso dominico. Me permito compartir con ustedes un recuerdo personal.  Lo conocí en el seminario de Écône, donde enseñaba, el 8 de diciembre de 1974; pero cuando luego entré en dicho seminario, en octubre de 1977, el Padre Guérard, que había predicado el retiro de reingreso, acababa de ser alejado ‒para siempre‒ de Écône. Desde entonces, en el seminario fundado por Mons. Lefebvre, se hablaba con temor (temor de ser expulsados del seminario, temor de no poder recibir la ordenación sacerdotal) de “guérardianos” y “barbaristas”, los terribles “sedevacantistas” que seguían las tesis del Padre Guérard des Lauriers los unos, del Padre Barbara los otros… 

Las contradicciones sin solución llevarían a cuatro jóvenes sacerdotes italianos a dejar la Fraternidad San Pío X y a fundar, en Turín, el Instituto Mater Boni Consilii: era el 18 de diciembre de 1985. Sabíamos que la explicación de la crisis abierta por el Vaticano II que nos había dado la Fraternidad, y en la cual habíamos creído hasta entonces, no resistía la prueba de los hechos y no podía conciliarse con la doctrina de la Fe; pero ¿cuál otra explicación buscar? Esto, en efecto, no era para nada claro. He tenido ocasión de decirlo varias veces: nuestro Instituto nació en Turín en diciembre de 1985, pero no fue sino el 24 de septiembre de 1986, en Raveau, que encontró su verdadero camino. Dos de nosotros, en nombre de los demás, se trasladaron en efecto a Raveau, cerca de Nevers, donde vivía Mons. Guérard des Lauriers. Partimos el 22 de septiembre, llegando a Raveau el 24, fiesta de Nuestra Señora de la Merced. Allí celebré la Misa, y para mi gran sorpresa y emoción, fue Mons. Guérard mismo quien me ayudó en Misa. Volvimos a partir al día siguiente para Chémere-le-Roi, donde se encontraba el Padre de Blignières, que había dejado al Padre Guérard a causa de su consagración episcopal. El 29 de septiembre (luego de una estadía en París) regresábamos a Raveau: Mons. Guérard no creía que volvería a vernos, y fue con gran alegría que nos bendijo al día siguiente cuando salíamos para Nichelino. El camino estaba tomado, y este camino el Instituto nunca lo abandonó.

“Si alguien quiere ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Tal es la condición para ser verdaderos discípulos de Jesucristo, que nos lleve ‒a Su imagen‒ al sacrificio por amor. Recorriendo la vida del Padre Guérard des Lauriers, los momentos destacados de su existencia terrena, vemos cómo él supo ser verdadero discípulo de Jesucristo renunciándose a sí mismo y llevando la cruz siguiendo al Maestro. La primera vez, en Roma, en 1926, respondiendo al llamado de la Verdad, que llamaba al joven Michel a dejar el mundo, su querida familia, la perspectiva de una brillante carrera científica, para abrazar la vida religiosa como hijo de Santo Domingo. El estudiante de veinte años de la Escuela Normal Superior dejaba todo para convertirse en un humilde y pobre novicio. La segunda vez, el Padre Guérard abrazó la cruz por la defensa del Sacrificio de la Misa: redacta, en 1969, el Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missæ, lo que le valió el año siguiente ‒con el Rector Mons. Piolanti y otros profesores‒ ser alejado de la cátedra romana de la Pontificia Universidad Lateranense. Él, que, algunos años antes, había sido uno de los teólogos que sostuvieron al Papa Pío XII (del cual conmemoraremos también en 2018 los 60 años de la muerte) en su intención de completar los dogmas marianos con la definición de la Mediación y Corredención de María. No piensa en la carrera, en la reputación, en los honores, como por el contrario hicieran tantos otros, sino que abrazó la cruz testimoniando públicamente la fe en el Santo Sacrificio de la Misa. La tercera vez, cuando, en el otoño de 1977, fue despedido también por Mons. Lefebvre del seminario de Écône. Esta vez la cruz abrazada lo llevaba a rendir público testimonio en favor de la fe en la Iglesia y en el Papado, elaborando la tesis teológica llamada luego de Cassiciacum, por el nombre de los cuadernos que la publicaron por primera vez. En 1979, la Carta a los Amigos y Benefactores nº 16 publica una carta de Mons. Lefebvre a Juan Pablo II, en la cual el obispo de Écône proponía un vergonzoso acuerdo; la respuesta pública del Padre Guérard des Lauriers, Monseigneur, nous ne voulons pas de cette paix [Monseñor, no queremos esta paz], consuma la dolorosa fractura entre ambos. La cuarta vez, en 1981, cuando acepta el episcopado ‒más una carga que un honor‒ para que pudiesen continuar el sacerdocio católico y la Oblación pura. Los jóvenes sacerdotes que lo habían seguido hasta entonces lo abandonaron, mientras caían sobre él las “censuras canónicas” de los modernistas, que enunciaban, por una vez, una verdad: no puede haber comunión entre ellos y nosotros. Fue así que en 1986 el Instituto encontró a Mons. Guérard des Lauriers, quien nos acogió como un padre, y puso en el Instituto sus últimas humanas esperanzas. La última gran cruz abrazada, la última renuncia, fue sellada con la muerte, ocurrida en Cosne-sur-Loire el 27 de febrero de 1988. A pesar de su edad avanzada, Mons. Guérard des Lauriers no miraba con nostalgia al pasado, sino que volvía la mirada al futuro, siempre joven en Aquel “que alegra mi juventud”. Esperaba con ansias la compra de la nueva casa del Instituto (que sería la de Verrua) para encontrar a los jóvenes estudiantes de teología y 
vivir con nosotros, sin rechazar, según la expresión de San Martín, el trabajo. Y al mismo tiempo, estaba perfectamente dispuesto a dejarlo todo, hasta la vida, si tal era la voluntad del Señor.

Querido Monseñor, cómo quisiéramos tenerlo todavía con nosotros, poder tener cerca al Padre que Usted fue para quienes lo conocieron tan tarde y que habría sido ciertamente para los jóvenes que siguen sus pasos. Pero lo sabemos presente, guiados por la Fe que tiene por objeto lo que no se ve, y nos sentimos unidos a Usted en la comunión de los Santos. Mientras tanto, con este piadoso homenaje, recordamos a los católicos vuestra figura de religioso, de sacerdote, de teólogo y obispo católico, olvidada por muchos, ensuciada por otros, pero que nunca será olvidada por nosotros.








Sea todo a la mayor gloria de Dios.



Martirologio Romano 27 de febrero

    

SAN NÉSTOR,
Obispo y Mártir

† crucificado hacia el año 251


Si es preciso gloriarme de alguna cosa,
me gloriaré de aquéllas que son propias de mi flaqueza.
(2 Corintios 11, 30)



  • En Perga de Panfilia, el triunfo de san Néstor, Obispo; el cual, en la persecución de Decio, suplicando instantemente a Cristo día y noche que custodiase su grey, fue preso, y luego, por confesar con admirable libertad y alegría el nombre del Señor, fue atormentado cruelmente en el potro, de orden del Presidente Folión, y, por último, protestando constantemente que estaría siempre unido a Cristo, colgado de una cruz voló vencedor al cielo.
  • En la misma ciudad, el suplicio de los santos Papías, Diodoro, Conón y Claudiano, que precedieron a san Néstor en el martirio.
  • También los santos Mártires Fortunato, Félix y otros veintisiete.
  • En Alejandría, san Alejandro, Obispo, glorioso anciano, sucesor de san Pedro, Obispo de la misma ciudad, que, inflamado en el celo de la fe, arrojó de la Iglesia a su Presbítero Arrio, contaminado con la herética impiedad y convencido con la verdad divina; después, entre los trescientos dieciocho Padres del Concilio Niceno, condenó a dicho heresiarca.
  • En Bolonia, san Faustiniano, Obispo; el cual, con la virtud de su predicación, confirmó y acrecentó aquella Iglesia, vejada por la persecución de Dioclecianó.
  • En Gaza de Palestina, san Porfirio, Obispo, que, imperando Arcadio, echó por tierra el ídolo Marna y su templo, y, después de muchos tormentos, descansó en el Señor.
  • En Florencia, san Andrés, Obispo y Confesor.
  • En territorio de Arcis, en Francia, san Víctor, Confesor, cuyas alabanzas escribió san Bernardo.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SAN NÉSTOR,
Obispo y Mártir

Como supiese San Néstor que se le buscaba para ser martirizado, dijo adiós a todos sus servidores y se presentó a los soldados que iban a prenderlo. Le prometieron hacerle sumo sacerdote de los ídolos, si quería renunciar a la fe. Mas prefirió el oprobio de la cruz a todos los honores de la gentilidad. Se le extendió en el potro y se le puso en una cruz; en todas partes alababa a Dios, e invitaba a los demás a que lo reconocieran y lo adoraran con él.

lunes, 26 de febrero de 2024

Martirologio Romano 26 de febrero

   

SAN TARASIO,
Obispo y Confesor

† hacia el año 806


llevemos también la imagen del hombre celestial.
(1 Corintios 15, 49)


  • En Egipto, el triunfo de los santos Mártires Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudiano, Dióscoro, Serapión y Papías, en tiempo del Emperador Numeriano. Los dos primeros, sufridos constantemente, por la confesión de la fe, exquisitos géneros de tormentos, fueron degollados; Nicéforo, después de superar las parrillas encendidas y la hoguerá, fue cortado en menudos pedazos; Claudiano y Dióscoro fueron quemados; Serapión y Papías, pasados a cuchillo.
  • En África, los santos Mártires Donato, Justo, Herena y sus Compañeros.
  • En Constantinopla, san Tarasio, Obispo, insigne en doctrina y piedad, a quien el Papa Adriano I escribió una carta en defensa de las sagradas Imágenes.
  • En Nazianzo de Capadocia, san Cesáreo, que fue hijo de santa Norma y hermano de los santos Gregorio el Teólogo y Gorgonia, y de quien el mismo Gregorio atestigua que le vio entre los coros de los Santos.
  • En el monasterio de Heidenhem, diócesis de Eichstadt, en Alemania, santa Walburga, Virgen, que fue hija de san Ricardo, Rey de los Ingleses, y hermana de Villebaldo, Obispo de Eichstadt.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN TARASIO,
Obispo y Confesor

San Tarasio fue cónsul, secretario de Estado y, enseguida, arzobispo de Constantinopla. En este último cargo dio los más hermosos ejemplos de caridad y humildad. Con sus propias manos servía a los pobres, diciendo que quería imitar a Jesucristo, que había venido a la tierra para servir y no para ser servido. Fue el alma del Concilio segundo de Nicea que, en el año 786, anatematizó a los iconoclastas o destructores de imágenes. De inmediato hizo reponer las imágenes de los santos en toda la extensión de su patriarcado.

domingo, 25 de febrero de 2024

Cardenal Newman: Sermón "La Religión del Anticristo"

 






CUATRO SERMONES SOBRE EL ANTICRISTO

POR 

JOHN HENRY CARDENAL NEWMAN



SEGUNDO SERMÓN
LA RELIGIÓN DEL ANTICRISTO


San Juan nos enseña que “todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es el espíritu del Anticristo, que ya está en el mundo”(1). La característica del Anticristo será negar abiertamente que nuestro Señor Jesucristo es el Hijo de Dios venido en carne desde el Cielo. Esta descripción le conviene tan exacta y completamente, que negar a Cristo puede propiamente ser llamado el espíritu del Anticristo, e incluso puede decirse de sus negadores que poseen el espíritu del Anticristo, que son como el Anticristo, que son Anticristos. Lo  mismo se afirma en un capítulo posterior. “¿Quién es el Mentiroso, sino aquel que niega que Jesús es el Cristo? Él es el Anticristo, que niega al Padre y al Hijo. Quienquiera niega al Hijo  también niega el Padre”(2). De lo cual podría deducirse que el Anticristo será conducido del rechazo del Hijo de Dios al completo rechazo de Dios, tanto implícita como prácticamente.

Haré ahora algunas observaciones adicionales acerca de las señales características del predicho enemigo de la Iglesia, y como antes, me limitaré a la interpretación de la Escritura dada por los primeros Padres.

Mi razón para obrar de este modo es simplemente la siguiente; en una cuestión tan difícil como lo es una profecía incumplida, no me posible realmente tener una opinión propia, ni es deseable que la tenga, o por lo menos que la exprese de modo formal. La opinión de cualquier persona, aunque fuese la más para hacerlo, tendría casi ninguna autoridad, ni se justificaría el formularla por sí misma. Por el contrario, los juicios y perspectivas de la Iglesia primitiva merecen nuestra especial atención, puesto que, por lo que sabemos, pueden muy bien proceder de tradiciones de los Apóstoles y porque son expresados en forma mucho más consistente y unánime que los de cualquier otro conjunto de maestros. Por tanto estas opiniones tienen más derecho de reclamar nuestra atención que las de otros escritores, cualesquiera sean sus títulos: y si éstos son de poca monta, los de los otros son aún menores.

En rigor, solamente el claro cumplimiento de las profecías puede reclamar nuestra entera adhesión en esta materia. Si viésemos todos los signos de la profecía cumplirse en la pasada historia de la Iglesia, entonces sí podríamos dispensarnos de considerar la autoridad de aquellos que nos presentasen las pruebas. Esta condición, sin embargo, difícilmente puede satisfacerse, puesto que la venida del Anticristo es cercana a la venida de Cristo como juez; por consiguiente, el hecho ha tenido lugar bajo circunstancias que pueden ser invocadas como pruebas. Tampoco puede presentarse ningún hecho histórico que reúna todas las señales del Anticristo claramente, aunque algunas se hayan cumplido en ciertas ocasiones. Por tanto, sólo nos resta acudir al juicio de los Padres (si es que debemos seguir alguna opinión, y si debemos aprovecharnos de todas las advertencias que la Escritura nos ofrece concernientes al mal que se aproxima), sea que éste posea especial autoridad en este tema no. Ya he recurrido a ellos y lo volveré a hacer ahora. Continuemos, pues, con este tema, con los antiguos Padres como guías.


1

Parece claro que San Pablo y San Juan hablan del mismo enemigo la Iglesia, dada la similitud de sus descripciones. Ambos afirman que su espíritu ya estaba obrando en sus días.   “Ese espíritu del Anticristo -San Juan- ya está en el mundo”. “El misterio de iniquidad ya está obrando”(3), dice San Pablo. Y ambos describen al enemigo como caracterizado por el mismo pecado especial: la abierta infidelidad. San Juan que “él es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”(4); mientras que San Pablo habla de él similar modo, como “el adversario y el rival de todo lo que se dice Dios o es adorado”, y que “se sentará en el templo de Dios, proclamándose a sí mismo como Dios”(5). En ambos pasajes es descrita la misma negación blasfema de Dios y de la religión; mas San Pablo añade que se opondrá a toda religión existente, verdadera o falsa: “todo lo que se dice Dios o es adorado”.

Pueden citarse otros dos pasajes de la Escritura, prediciendo la misma temeraria impiedad. Uno pertenece al capítulo undécimo de Daniel: “El rey obrará conforme a su voluntad, y se  exaltará a sí mismo, se ensalzará por encima de todo dios, y hablará palabras arrogantes contra el Dios de los dioses, y prosperará hasta que se haya colmado la ira (...) No respetará al Dios de sus padres, ni tampoco a la [divinidad] predilecta de las mujeres, ni hará caso de ningún dios, puesto que se ensalzará por encima de todo”(6).

El otro pasaje no poseería más que un tenue matriz profético en sí mismo, si no fuese por el hecho de que todos los dichos de nuestro Salvador poseen significado profundo, y particularmente este último, de acuerdo a los Padres. “Yo he venido en Nombre de mi Padre, y vosotros no me habéis recibido; si otro bien en su propio nombre, a ese lo recibiréis”(7). Ellos consideran esto como una alusión profética del Anticristo, a quién los Judíos confundirán con el Cristo. En vendrá “en Su propio nombre”. El Anticristo no vendrá de Dios, sino en su propio nombre, sin pretender haber recibido misión alguna de Dios, por una blasfema asunción del poder divino. 

A los pasajes citados deben agregarse aquellos que hablan en general de las impiedades  de la última edad del mundo, impiedades que podemos creer prepararán la venida del Anticristo y se consumarán en él: “Muchos andarán errantes aquí y allá y el conocimiento se incrementará (...) Muchos serán purificados y blanqueados y probados pero los malvados seguirán obrando mal, y ninguno de los malvados entenderá, mas los sabios entenderán” (8).  “En los últimos días sobrevendrán tiempos peligrosos, pues los hombres serán amadores de sí mismos, codiciosos, jactanciosos, orgullosos, blasfemadores, desobedientes a sus padres, desagradecidos, malvados, desnaturalizados, implacables, calumniadores, incontinentes, despreciadores de los buenos, traidores, temerarios, infatuados, más amantes de sí mismos que Dios, con apariencia de piedad mas negando su eficacia”(9); “burladores guiados por sus propias pasiones, que dirán: ¿Dónde queda la promesa de Su venida?(10), “despreciadores de la autoridad, presuntuosos (...) autosuficientes, sin temor de insultar a las dignidades (…)  que prometerán libertad a los hombres, mientras que ellos serán esclavos de la corrupción”(11), y cosas por el estilo.


2

Ya hecho mención de los judíos; sería bueno establecer que se afirmaba en la primitiva Iglesia acerca su relación con el Anticristo. 

Nuestro Señor predijo que muchos vendrían en Su nombre, diciendo “Yo soy el Cristo”(12). El castigo de los Judíos es el de los incrédulos de todo tipo: habiendo rechazado al verdadero Cristo, recibirán a uno falso; el Anticristo será el perfecto y consumado seductor, en relación con el cual todos los anticristos previos son aproximaciones, de acuerdo con las palabras ya citadas: “Si otro viene en su propio nombre, a ese lo recibiréis”. Del mismo tenor son las palabras de San Pablo luego de describir el Anticristo: “cuya venida estará señalada (...) con todo tipo de prodigios engañosos y maldades que seducirán a lo que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la Verdad que les hubiera salvado. Y por esta causa Dios les enviará un poder seductor que les hará creer en la mentira, para que sean condenados todo cuántos no creyeron en la Verdad y prefirieron la iniquidad”(13).

Por consiguiente, considerando que el Anticristo pretenderá ser el Mesías, desde antiguo se admitió por tradición que él sería de raza judía y que observarán los ritos judíos.

Inclusive, San Pablo dice que el Anticristo “se sentará en el Templo de Dios”(14), esto es, de acuerdo con los antiguos Padres, en el Templo Judío. Las mismas palabras de Nuestro Salvador pueden ser empleadas, para apoyar esta doctrina puesto que Él habla de la “Abominación de la Desolación” (expresión que, sea cual sea el sentido que se le dé, denota en su sentido pleno al Anticristo), “instalada en el lugar santo”(15). Más aún, la persecución de los testigos de Cristo por el Anticristo realizará, es descrita por San Juan como teniendo lugar en Jerusalén. “Sus cadáveres yacerán en las calles de la gran ciudad (que es llamada espiritualmente Sodoma y Egipto), donde también nuestro Señor fue crucificado”(16).

Es necesario hacer ahora una observación. Supongo que, a primera vista, no podemos considerar que se pueda extraer demasiada evidencia de Texto Sagrado acerca de la relación del Anticristo con lo judíos o con su Templo. Es por eso algo remarcable que el emperador Juliano el Apóstata, quien fue un “tipo” del gran enemigo, haya tenido relación con judíos y haya comenzado a reconstruir su Templo. Así, la historia es una especie de comentario de la profecía, y sostiene y reivindica aquellas antiguas interpretaciones a las cuales me estoy refiriendo. Por supuesto, debe entenderse que esta creencia de la Iglesia de que el Anticristo estaría conectado con los judíos, fue expresada mucho tiempo antes de la época de Juliano, y todavía poseemos las obras que se refieren a ella. De hecho, poseemos los escritos de dos Padres, ambos obispos y mártires de la Iglesia, quienes vivieron por lo menos ciento cincuenta años antes de Juliano, y menos de cien años luego de San Juan.   Ambos refieren claramente la relación del Anticristo con los judíos. 

El primero de ellos, Ireneo, habla de este modo: “El adversario se sentará en el Templo que está en Jerusalén, intentando mostrarse a sí mismo como el Cristo”(17). 

El segundo, Hipólito: “El Anticristo será aquel que resucitará el reino de los Judíos” (18). 

Martirologio Romano 25 de febrero

     

SAN MATÍAS,
Apóstol

† lapidado hacia el año 80 en Colchis

Patrono de carpinteros; sastres; alcohólicos reformados. Protector contra la viruela y el alcoholismo.


Cayó la suerte a Matías,
con lo que fue agregado a los once Apóstoles.
(Hechos 1, 26)

  • En Judea, el nacimiento para el cielo de san Matías, Apóstol, al cual, después de la Ascensión del Señor, eligieron por suerte los Apóstoles en lugar de Judas el traidor, y, por la predicación del Evangelio, padeció el martirio.
  • En Roma, santa Primitiva, Mártir.
  • En Ruán, el suplicio de san Pretextato, Obispo y Mártir.
  • En Cesarea de Capadocia, san Sergio, Mártir, cuyos hechos preclaros se conservan escritos.
  • En África, los santos Mártires Montano, Lucio, Julián, Victórico, Flaviano y Compañeros, que fueron discípulos de san Cipriano, e imperando Valeriano consumaron el martirio.
  • En Tréveris, san Modesto, Obispo y Confesor.
  • Cerca de Stilo, en Calabria, san Juan, por sobrenombre Terestes, insigne por la observancia de la vida monástica y por la santidad.
  • En Inglaterra, san Edilberto, Rey de los Kantios, a quien San Agustín, Obispo de los Ingleses, convirtió a la fe de Cristo.
  • En Jérusalén, la primera Invención de la cabeza de san Juan Bautista, Precursor del Señor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SAN MATÍAS,
Apóstol

San Matías fue elegido por los apóstoles después de la Ascensión del Salvador para reemplazar al pérfido Judas. Congregados, los fieles oraron al Espíritu Santo para que les diese a conocer la persona que Él había destinado para este ministerio; enseguida, echaron suertes, y cayó la suerte a Matías. El nuevo Apóstol predicó el Evangelio a los pueblos de la Judea y de la Etiopía; su celo le atrajo el odio de los judíos, que lo lapidaron y le cortaron la cabeza.

sábado, 24 de febrero de 2024

IN MEMORIAM

   



MARIO FABIÁN VÁZQUEZ

1 DE DICIEMBRE DE 1967 - 24 DE FEBRERO 2015

R.I.P


Acompañamos en oración a su familia en un nuevo aniversario del fallecimiento de nuestro querido y recordado amigo. Dios en su misericordia nos conceda la gracia de encontrarnos nuevamente, en la patria celestial a los pies de nuestro Señor.






Sea todo a la mayor gloria de Dios.

Martirologio Romano 24 de febrero

    

SAN MATÍAS,
Apóstol

† lapidado hacia el año 80 en Colchis

Patrono de carpinteros; sastres; alcohólicos reformados. Protector contra la viruela y el alcoholismo.


Cayó la suerte a Matías,
con lo que fue agregado a los once Apóstoles.
(Hechos 1, 26)

  • En Judea, el nacimiento para el cielo de san Matías, Apóstol, al cual, después de la Ascensión del Señor, eligieron por suerte los Apóstoles en lugar de Judas el traidor, y, por la predicación del Evangelio, padeció el martirio.
  • En Roma, santa Primitiva, Mártir.
  • En Ruán, el suplicio de san Pretextato, Obispo y Mártir.
  • En Cesarea de Capadocia, san Sergio, Mártir, cuyos hechos preclaros se conservan escritos.
  • En África, los santos Mártires Montano, Lucio, Julián, Victórico, Flaviano y Compañeros, que fueron discípulos de san Cipriano, e imperando Valeriano consumaron el martirio.
  • En Tréveris, san Modesto, Obispo y Confesor.
  • Cerca de Stilo, en Calabria, san Juan, por sobrenombre Terestes, insigne por la observancia de la vida monástica y por la santidad.
  • En Inglaterra, san Edilberto, Rey de los Kantios, a quien San Agustín, Obispo de los Ingleses, convirtió a la fe de Cristo.
  • En Jérusalén, la primera Invención de la cabeza de san Juan Bautista, Precursor del Señor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SAN MATÍAS,
Apóstol

San Matías fue elegido por los apóstoles después de la Ascensión del Salvador para reemplazar al pérfido Judas. Congregados, los fieles oraron al Espíritu Santo para que les diese a conocer la persona que Él había destinado para este ministerio; enseguida, echaron suertes, y cayó la suerte a Matías. El nuevo Apóstol predicó el Evangelio a los pueblos de la Judea y de la Etiopía; su celo le atrajo el odio de los judíos, que lo lapidaron y le cortaron la cabeza.

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