SAN MARTINIANO,
Confesor
n. hacia el año 350 en Cesarea;
† hacia el año 398 en Atenas, Grecia
Nosotros no ponemos la mira en las cosas visibles,
sino en las invisibles. Porque las que se ven son transitorias;
mas las que no se ven son eternas.
(2 Corintios 4, 18)
- En Antioquía, el nacimiento para el cielo de san Agabo, Profeta, de quien escribe san Lucas en los Hechos de los Apóstoles.
- En Todi de la Umbría, san Benigno, Presbítero y Mártir; el cual, en tiempo de los Emperadores Diocleciano y Maximiano, como no cesase de predicar, con la palabra y el ejemplo, la fe cristiana, fue preso por los idólatras, y atormentado con varios suplicios, coronó el ministerio sacerdotal con la gloria del martirio.
- En Melitina de Armenia, san Polieuto, Mártir, que en la persecución de Decio, a costa de muchos tormentos, alcanzó la corona del martirio.
- En Atenas, en Grecia, san Martiniano, que había abrazado la vida eremítica cerca de Cesarea, en Palestina (c. 398).
- En Lyon de Francia, San julián, Mártir.
- En Ravena, las santas Fusca, Virgen, y Maura, su nodriza; las cuales, en el imperio de Decio, habiendo padecido muchas penalidades por orden del Presidente Quinciano, finalmente, traspasadas con una espada, consumaron el martirio.
- En Lyon de Francia, san Esteban, Obispo y Confesor.
- En Rieti, san Esteban, Abad, varón de admirable paciencia, a cuyo tránsito, como refiere san Gregorio Papa, asistieron los santos Ángeles, que fueron vistos de los circunstantes.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.
SAN MARTINIANO,
Confesor
San Martiniano se retiró al desierto a la edad de 18 años. Llegose allí el demonio a tentarlo. Estaba a punto de sucumbir y abandonar su celda, cuando fue detenido por este pensamiento: ¡Desdichado, Dios te ve! Rechazó la tentación y volvió a emprender, con mayor ardor, sus ejercicios de piedad. Redobló el demonio sus esfuerzos para arrancarlo de la soledad y arrojarlo al mundo, donde esperaba hacerlo abandonar el servicio de Dios: pero San Martiniano triunfó de sus ataques por medio del ayuno, la mortificación y la oración.

