Presentamos aquí la refutación de uno de los grandes “argumentos” de los enemigos de la Iglesia y de la infalibilidad, falso tanto doctrinal como históricamente. No existe un “magisterio papal erróneo” (“conciliar”, “amazónico”, o como se lo quiera llamar) que el católico deba rechazar, a no ser el de una “autoridad” sólo con apariencias de legitimidad.
LA CUESTIÓN DEL PAPA HONORIO
(Revista Integrismo, n° 27, Octubre del 2019)
Dejamos hablar directamente a los autores católicos ortodoxos. Ante todo, el historiador, P. Bernardino Llorca S.J., explica los hechos sobre “El monotelismo y el Concilio VI ecuménico, III de Constantinopla, 680-681”:
(…) “a) Principio del monotelismo. El Papa Honorio. El autor de la nueva herejía fue Sergio, Patriarca de Constantinopla (610-638). Según él, a consecuencia de la unión personal en Cristo, existía en él una sola energía, una sola voluntad. Por esto se llamó a esta doctrina monotelismo (de μόνος y θέλημα). Con esto creía Sergio que se satisfacía a los católicos, pues se admitían las dos naturalezas, y se complacía a los monofisitas [herejes que admitían una sola naturaleza en Cristo, n.d.r.], pues esta única energía y voluntad de Cristo era el símbolo de la perfecta unidad que en El existe.
El emperador Heraclio (610-641) inició inmediatamente una campaña para obligar a todos a aceptar la nueva fórmula de concordia. Pero ni los monofisitas rígidos, ni menos los católicos, le dieron buena acogida. Por otra parte, entre los católicos, se levantó inmediatamente el monje palestinense Sofronio. Éste tuvo noticia de la nueva doctrina, y sin saber de dónde provenía, dirigióse al mismo Sergio para llamarle la atención sobre el peligro que contenía. Sergio se alarmó e hizo lo posible para acallarlo; pero Sofronio inició una ardorosa polémica.
Entonces Sergio trató de atraerse al Papa Honorio (625-638), para lo cual le escribió exponiéndole el estado de la cuestión y proponiéndole a Sofronio como un perturbador de la paz. Por desgracia, el Papa Honorio cayó en el lazo de Sergio, y así, entendiendo que toda aquella cuestión era más bien de palabra, escribió las dos célebres cartas a Sergio, en las cuales trataba de inducir a unos y otros a que no se trataran aquellas cuestiones, dando de paso su opinión sobre ellas. Estas dos cartas son la base de la cuestión del Papa Honorio. Con estas cartas, Sergio y los suyos quedaron sumamente envalentonados. En cambio, Sofronio quedó lleno de preocupación. Por esto envió a Roma a un hombre de su confianza con el objeto de informar debidamente al Papa. Pero al llegar éste a Roma, Honorio había muerto.
b) El monotelismo en su mayor apogeo. Entretanto, Sergio y la nueva doctrina seguían su carrera triunfal. En 638 el emperador Heraclio publicó el edicto llamado Ekthesis, compuesto por Sergio, en que se proponía claramente el monotelismo. Mientras en Oriente lo suscribieron casi todos, los occidentales lo rechazaron con toda decisión y unanimidad. Nueva complicación trajo a este asunto el emperador Constante II (641-668). Instigado por el nuevo Patriarca de Constantinopla Paulo, publicó en septiembre de 647 un nuevo edicto, el Typos, en el que se prohibía que se hablara de una o de dos voluntades. El Papa Martin I (649-655) en un sínodo de Roma de 649 rechazó expresamente la Ekthesis, el Typos y el monotelismo, excomulgando juntamente a sus más significados defensores, Sergio, Pirro y Paulo. El Emperador se enfureció, hizo prender al Papa Martín I y llevarlo a la isla Naxo, donde padeció lo indecible durante año y medio; luego fue conducido a Constantinopla, acusado de toda clase de crímenes, maltratado y por fin arrojado a Querson, donde murió en 655, mártir de los sufrimientos. Semejantes atropellos y mayores crueldades tuvo que sufrir S. Máximo, gran defensor de la verdadera doctrina en todo este período, y sus discípulos los dos Anastasios.
c) El VI Concilio ecuménico. Sólo con la muerte del Patriarca Paulo y del emperador Constante fue calmándose el fanatismo. Su sucesor, Constantino IV Pogonato (668-685), de convicciones ortodoxas, terminó por fin tan enconada contienda. Inmediatamente invitó al Papa a enviar legados para un Concilio. El Papa Agatón (678-681) celebró un sínodo en Roma y compuso un documento dogmático para que sirviera de pauta en las discusiones del Concilio.
Celebróse, pues, el VI Concilio ecuménico, III de Constantinopla. (…) Duró desde noviembre de 680 a septiembre de 681. Asistieron ciento setenta y cuatro prelados, presididos por los legados del Papa. La base de la discusión fue el documento pontificio, y así, se declaró solemnemente la doctrina de las dos voluntades, condenando el monotelismo. Fuera de esto, el Concilio condenó a Sergio, Paulo y otros representantes de la herejía, y finalmente al Papa Honorio. Esta condenación del Papa Honorio, hecha por el Concilio, forma la segunda parte de la cuestión sobre este Pontífice. Con esto terminó el Concilio y poco a poco se fueron calmando los ánimos”. (…) (P. B. Llorca, “Manual de Historia Eclesiástica”, ed. Labor, Barcelona, 1951, págs. 173-175).
