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jueves, 30 de julio de 2020

San Buenaventura: De la Obediencia debida al Sumo Pontífice




CUESTIONES DISPUTADAS

SOBRE LA PERFECCIÓN EVANGÉLICA

CUESTIÓN IV. DE LA OBEDIENCIA

ARTÍCULO III

De la obediencia debida al Sumo Pontífice


Por último, se pregunta si pertenece a la religión cristiana el que todos obedezcan a uno. Y que esto es así, lo vemos, ya por el Antiguo Testamento, ya por el Nuevo, ya por el derecho canónico, ya por razones evidentes.

Digo, pues, en primer lugar, que se demuestra por el Antiguo Testamento de esta manera:

1. En el capítulo 17 del Deuteronomio: Si, estando pendiente ante ti una causa, hallares ser difícil y dudoso el discernimiento, y vieres que son varios los pareceres de los jueces, marcha y acude al lugar que habrá escogido el Señor Dios tuyo. Y quien se ensoberbeciere y no quisiere obedecer la determinación del sacerdote, ese tal será muerto; y en la Glosa, al comentario: «Aquí se concede el derecho de apelación». De este texto y de la Glosa se colige que en la ley antigua era uno solo el Sumo Pontífice, a quien todos habían de recurrir en los juicios y a quien todos debían mostrarse obedientes. Ahora bien, si esto tenía lugar en la ley figurativa, es claro que con mucha mayor razón debe tenerlo en la ley de la gracia. Lo cual se prueba por tres razones. Primera, porque mayor es la unidad ahora que entonces; luego con mucha razón el Pontífice debe ser uno solo. —Segunda, porque el pontificado es más digno y más sublime; luego con mucha más razón deben todos sujetarse a un solo Pontífice que en tiempo de la ley mosaica. —Y tercera, porque ahora debe ser mayor la obediencia, y la jerarquía más ordenada. De todo lo cual se deduce que, si en tiempo de la ley mosaica era obligación obedecer a un solo Sumo Pontífice, con mucha más razón debe serlo en tiempo de la ley de Cristo.

2. Además, el salmoLos establecerá príncipes sobre toda la tierra. Consta que esto se dijo de los apóstoles; luego toda la tierra está sujeta a su principado; pero este principado es principado estable, según aquello del salmo: Su imperio ha llegado a ser sumamente poderoso; pero no es principado estable si no está unido, ya que todo reino dividido contra sí mismo será devastado; y no está unido si no tiene un solo príncipe primario; luego, según el testimonio profético, toda la tierra debe someterse a uno solo, que tenga principado universal.

3. Además, para confirmar esto viene al caso lo que dice San Bernardo en el libro III de su obra Al Papa Eugenio: «Tenía que salir del mundo el que tal vez deseaba explorar lo que se substrae a tucuidado. Tus padres fueron destinados a dominar, no algunas regiones, sino toda la redondez de la tierra; su sonido, en efecto, se ha propagado por toda la tierra», etc. Y a continuación: «Su imperio ha llegado a ser sumamente poderoso; los constituiste en príncipes sobre toda la tierra. Tú le has sucedido en las posesiones, y así tú eres heredero, y tu herencia es la redondez de la tierra». Por tanto, quédase manifiesto que, según el testimonio profético, universalmente todos deben rendir obediencia a uno solo.

En segundo lugar, esto mismo se demuestra por el Nuevo Testamento.

4. En el capítulo 16 de San MateoTú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, etc., hasta las palabras será atado en los cielos; pero consta que aquel debe ser obedecido por todos que puede atar y desatar a todos; luego de tal manera instituyó Dios la Iglesia, que uno solo fuese obedecido por todos. Pero la Iglesia ha de regirse y gobernarse tal como fue instituida por el Señor; luego etc.

5. Además, en el capítulo último de San Juan: Apacienta mis ovejas, se dijo a San Pedro; pero ovejas de Cristo son todos los que van por el camino de la salvación; luego San Pedro fue antepuesto a todos ellos; luego uno sólo es el pastor de todas las ovejas de Cristo en la fundación de la Iglesia; luego también en el decurso y término de la misma se ha de obedecer a uno.

6. Además, San Bernardo, al tratar de las palabras citadas, dice en el libro II de su obra Al Papa Eugenio: «Tú eres aquel a quien se entregaron las llaves y se encomendaron las ovejas. No cabe duda en que hay otros porteros del cielo y otros pastores de la grey; pero tú heredaste ambos nombres de modo tanto más glorioso cuanto más excelentemente los recibiste respecto de los demás obispos. Tienen éstos rebaños asignados a su cuidado; cada uno el suyo. Pero tú solo tienes encomendada la universalidad de los mismos: una sola grey a ti solo. Y no sólo de las ovejas, sino también de los pastores eres el único pastor. Que ¿cómo lo demuestro? Por las palabras del Señor: Si me amas, Pedro, apacienta mis ovejas. Y ¿cuáles son éstas? ¿Las muchedumbres de esta o de aquella ciudad, de esta o de aquella región, de este o de aquel reino? Mis ovejas, dijo. ¿Quién no ve claro que no designó algunas, sino absolutamente todas? No cabe excepción donde no se pone distinción». Y después añade: «Queda inconcuso el privilegio exclusivamente tuyo en orden a las llaves y en orden a las ovejas que se te confiaron; queda en firme, repito, la singular autoridad pontificia de San Pedro, significado en alegoría, según la cual San Pedro se asumió, no el gobierno de una nave, como los demás apóstoles, que regían cada uno la suya propia, sino el gobierno de todo el mundo; de la misma manera, mientras los demás obispos guían cada uno su propia nave, tú tienes confiada a tu cuidado la conducción de una sola nave inmensa, integrada de las demás, es decir, el gobierno de la Iglesia universal, extendida por todo el mundo». De lo cual resulta claro que, según la divina institución, todos deben obedecer a uno solo, es decir, al Sumo Pontífice.

7. Además, San Agustín a Optato: «En la Iglesia romana siempre se mantuvo en vigor el
principado de la Cátedra Apostólica»; pero esto no se dice sólo respecto de la misma ciudad, pues en este sentido podría también decirse respecto de otros obispos y de otros lugares; luego se dice respecto de todo el mundo; luego, según esto, todo el mundo debe obedecer al Romano Pontífice como a príncipe de todos.

martes, 11 de julio de 2017

Sedevacante: Nadie Juzga al Papa






NADIE JUZGA AL PAPA

R.P. Nicolás Despósito


Prima Sedes a nemine judicatur, se traduce: La Sede primera (Roma) no es juzgada por nadie, o, lo que es lo mismo: nadie juzga al Papa.


Lo que el Papa representa para todo católico, el principio de unidad de la Iglesia, la autoridad infalible, el padre espiritual por excelencia, el vicario de Jesucristo, todas esas cosas, están implícitas en el axioma latino: prima Sedes a nemine judicatur. Tan así es, que la reverencia debida al Papa va más allá de pronunciamientos solemnes, documentos autoritativos y condenas. Nuestra obediencia al Papa se basa en nuestro amor a Dios. Al Papa hay que mirarlo como al mismo Dios en la tierra, la fuente viva de verdad y de bien al que hay escuchar como a Dios mismo. El Señor comunicó esta sabiduría a Santa Catalina de Siena: “Como sabes, el Verbo dejó esta dulce llave de la obediencia a su vicario, Cristo en la tierra, al que todos estáis obligados a obedecer hasta la muerte. El que está fuera de su obediencia, está en estado de condenación.” (Diálogos, P.V. C.1)

¿Quién osaría juzgar a Dios? ¿Quién llegaría a un grado de soberbia tal, como para decirle a Dios: “yo pienso diferente, no estoy de acuerdo con esto o aquello que mandas o enseñas”? El Papa católico, en cierta medida, es Dios. Los no-creyentes y los infectados por el jansenismo y neo-galicanismo, no pueden comprender la actitud del católico para con el Papa. El Papa es el dulce Cristo en la tierra, como dice Santa Catalina. Repito, ¿quién puede llamarse a sí mismo católico y al mismo tiempo juzgar al Papa o desobedecerle? Si el Papa enseña algo a los fieles, es Cristo quien enseña por medio del Papa. Si el Papa condena alguna doctrina o idea, es Cristo quien condena tal doctrina o idea. No hay que pasar juicio, valorar, medir, razonar. Hay que escuchar, aprender y obedecer. Somos las ovejas que necesitan ser guiadas, el Romano Pontífice apacienta, rige y gobierna a toda la Iglesia. Somos hombres que no pueden vivir sólo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor. El Papa es el Supremo Doctor infalible de la Iglesia, cuyo oficio es definir y defender las verdades de la fe. Por ende él siempre habla de manera clara y precisa:

Tocamos ahora, dice el Papa Gregorio XVI, otra causa ubérrima de males, por los que deploramos la presente aflicción de la Iglesia, a saber: el indiferentismo, es decir, aquella perversa opinión que, por engaño de hombres malvados, se ha propagado por todas partes, de que la eterna salvación del alma puede conseguirse con cualquier profesión de fe, con tal que las costumbres se ajusten a la norma de lo recto y de los honesto… Y de esta de todo punto pestífera fuente del indiferentismo, mana aquella sentencia absurda y errónea, o más bien, aquel delirio de que la libertad de conciencia ha de ser afirmada y reivindicada para cada uno (1).



El Papa Gregorio XVI


Nadie juzga al Papa. Si el Papa ha condenado la libertad religiosa y ha enseñado que sólo la Iglesia Católica es exclusivamente la religión verdadera, ¿quién se atreverá a contradecir la enseñanza del Papa? Nadie que se considere católico.


El Papa Eugenio IV en el Concilio de Florencia (1438-1441):

La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro (…) firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica (2).



El Papa Eugenio IV


Nadie juzga al Papa. Si el Papa ha condenado el ecumenismo y ha enseñado que la Iglesia Católica es exclusivamente la religión verdadera a la que hay que adherir para salvarse, ¿quién se atreverá a contradecir esta enseñanza del Papa? Nadie que sea verdadero católico.

Y aquí es donde el célebre axioma cobra importancia capital. Nos ayuda a distinguir entre los católicos verdaderos y los católicos de nombre solamente.

Sólo quienes poseen la virtud infusa de la fe son capaces de amar sobrenaturalmente y obedecer de la misma manera. Una característica propia de la virtud de la fe es que ésta sólo puede existir de manera íntegra. Es decir, que si fuésemos a incluso dudar de alguna verdad de fe, perderíamos esta virtud completamente. Las citas seleccionadas arriba son evidencia irrefutable de que no podemos aceptar el Concilio Vaticano II sin negar nuestra santa fe. El Concilio Vaticano II ha enseñado doctrinas que los papas han condenado, como, por ejemplo, la libertad religiosa y el ecumenismo.  La obediencia perfecta es un efecto de la caridad, y ésta presupone la fe. La fe exige de su naturaleza que rechacemos toda herejía (error en materia de fe). Luego, la obediencia perfecta sólo es posible en aquellos que rechacen los errores del Concilio Vaticano II. Nadie juzga al Papa: la última palabra sobre lo que debemos creer o no creer, pertenece sólo al Papa. El católico integral no juzga sino que obedece al Papa.


*  *  *


¿No es mucho tiempo más de medio siglo sin papa? Sí, es mucho tiempo, y lo estamos sufriendo los católicos. Mas, no importa cuánto se tarde Dios en restaurar el orden en la Iglesia. “La señal de que posees esta virtud (de la obediencia) es la paciencia. Por el contrario, la impaciencia te demuestra que no la tienes”. Palabras de Dios a Santa Catalina.

¡Quién lo diría! En el presente estado de cosas, la verdadera y perfecta obediencia puede encontrarse solamente en quienes reconocen que la Sede de Pedro está vacante.


Notas

(1) Denzinger, 1613. (2) Ibid., 704.


Fuente: Blog Symbolum






martes, 5 de julio de 2016

San Bernardo: Consideraciones sobre el Oficio del Pontífice


S.S. Eugenio PP. III



Libro III
San Bernardo de Claraval





 CONSIDERACIÓN DE LO QUE ESTÁ DEBAJO DE TI


Capítulo 1

§ 1    

Al terminar ya el libro anterior te indicaba la materia con la que pensaba comenzar el siguiente. Para cumplir lo prometido, vamos a considerar lo que está por debajo de ti. Espero que el buen papa Eugenio, el mejor de los sacerdotes, no tenga que preguntarse a qué ámbito se circunscriben las realidades que están bajo su poder. Porque más bien deberías preguntarte cuáles son las que no están.

§ 2    

Tendría que salir de este mundo el que pretenda encontrar algo que esté exento de tu jurisdicción. No fueron asignados a tus antecesores unos países determinados, sino el orbe entero. Id por todo el mundo, se les dijo. Y ellos vendieron sus túnicas para comprarse, como si fueran espadas, las armas poderosas de Dios: sus palabras, ardientes como viento del desierto. ¿Adónde no llegaron estos ínclitos vencedores, los hijos de la Juventud? ¿Qué baluartes dejaron ¿sin someter las flechas de aquellos valientes, afiladas con ascuas de retama? A toda la tierra alcanza su pregón y basta los límites del orbe su lenguaje. Todo lo invadían y abrasaban con sus palabras encendidas en el fuego que el Señor vino a encender sobre la tierra. A veces perecieron como heroicos guerreros, pero nunca sucumbieron; aun muriendo triunfaban. Por su poderío los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. Harás memorable su nombre, Señor.

§ 3    

Tú les has sucedido como heredero. Tu herencia es también el orbe entero. Pero debes sopesar mediante prudente consideración bajo qué condiciones recibiste, tú como ellos, la heredad que te corresponde: Pienso que no puedes disponer de ella absolutamente, pues creo que no te la han dado en propiedad, sino para administrarla. Si te empeñas en usurparla, te saldrá al paso el que dijo: El orbe y todo lo que encierra es mío.

§ 4    

Está claro que no puedes aplicarte aquellas palabras del profeta: La tierra entera será su posesión. El único que puede reclamar para sí este dominio absoluto es Cristo, pues le pertenece como creador lo mereció como redentor y se lo concedió su Padre como don. ¿a quién sino a él se le pudo decir: Pídemelo, te daré en herencia las naciones; en posesión los confines de la tierra. Reconócele su dominio y posesión. Tú adminístraselo; es lo que te corresponde. No te propases en nada.


Capítulo 2

§ 1    

Entonces -me replicarás- ¿me concedes la autoridad y me niegas el mando?  Exactamente. Hasta el extremo de que no mandaría con justicia el que sólo se preocupa de su autoridad. ¿Y no dispone de la granja su mayordomo? ¿No está sometido a su  receptor el príncipe todavía niño? Sí. Pero la granja no es de  mayordomo ni el preceptor es amo del príncipe. También tú gozas de una autoridad; mas para velar, servir, dirigir y mirar por el bien de todos. Presides la Iglesia para servirla. La gobiernas como un empleado fiel y cuidadoso, encargado por el amo. ¿para qué? Para dar a su servidumbre la comida a sus horas, es decir, para que te desvivas por ella, no para dominarla. Haz justamente eso y no pretendas, hombre como eres, avasallar a los hombres, no sea que termine dominándote la maldad. Pero de todo esto ya hemos tratado lo suficiente y con profundidad cuando analizábamos quién eres tú. He vuelto a insistir en ello, pues lo más  que me aterra es que llegues a ser víctima de este veneno y  de este puñal: la pasión de dominar. Por mucho que te valores a ti mismo, a no ser que te hayas alucinado, nunca te atreverás a creer que tú eres más que los santos apóstoles.

§ 2


QUE CORRIJA A LOS HEREJES, CONVIERTA A LOS GENTILES Y REPRIMA 
A LOS AMBICIOSOS

Recuerda aquellas palabras: Estoy en deuda con sabios e ignorantes. Y si piensas que puedes aplicártelas justamente, recuerda también que el título molesto de deudor le corresponde más al siervo que al Señor. Escucha lo que en el Evangelio se le dice a un siervo: ¿Cuánto debes a mi señor? Luego si te reconoces no como señor, sino como deudor de sabios e ignorantes, considéralo atentamente y cuídate de que lleguen a ser sabios los que no lo son y vuelvan a serlo quienes lo fueron. Y no hay ignorancia más grave que la infidelidad. Por eso te debes también a los infieles, judíos, griegos y gentiles.


Capítulo 3

§ 1    

Es fundamental que te afanes cuanto puedas por la conversión de los incrédulos a la fe. Que los convertidos no se desvíen de esa fe y los que se desviaron la recuperen. Por otra parte, los perversos necesitan volver a la rectitud; los seducidos por el error han de recobrar la verdad y a los seductores que demostrarles su engaño con sólidos argumentos para que se enmienden, si es posible, y si no, que se desprestigie su autoridad y su influencia para engañar a los demás.

§ 2    

De ninguna manera puedes descuidarte ante la peor clase de incrédulos. Me refiero a los herejes y cismáticos, que están engañados e inducen a otros al error. Son como perros que se tiran a desgarrar, como zorros astutos para ocultarse. Estos, te repito, deben preocuparte especialmente para corregirlos y salvarlos o para reprimirlos, no sea que lleven a otros a la perdición. Pero en cuanto a los judíos, quedas excusado: está ya determinado el día de su conversión y no es posible adelantarlo. Primero tienen que convertirse todos los gentiles.
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