CUESTIONES DISPUTADAS
SOBRE LA PERFECCIÓN EVANGÉLICA
CUESTIÓN IV. DE LA OBEDIENCIA
ARTÍCULO III
De la obediencia debida al Sumo Pontífice
Por último, se pregunta si pertenece a la religión cristiana el que todos obedezcan a uno. Y que esto es así, lo vemos, ya por el Antiguo Testamento, ya por el Nuevo, ya por el derecho canónico, ya por razones evidentes.
Digo, pues, en primer lugar, que se demuestra por el Antiguo Testamento de esta manera:
1. En el capítulo 17 del Deuteronomio: Si, estando pendiente ante ti una causa, hallares ser difícil y dudoso el discernimiento, y vieres que son varios los pareceres de los jueces, marcha y acude al lugar que habrá escogido el Señor Dios tuyo. Y quien se ensoberbeciere y no quisiere obedecer la determinación del sacerdote, ese tal será muerto; y en la Glosa, al comentario: «Aquí se concede el derecho de apelación». De este texto y de la Glosa se colige que en la ley antigua era uno solo el Sumo Pontífice, a quien todos habían de recurrir en los juicios y a quien todos debían mostrarse obedientes. Ahora bien, si esto tenía lugar en la ley figurativa, es claro que con mucha mayor razón debe tenerlo en la ley de la gracia. Lo cual se prueba por tres razones. Primera, porque mayor es la unidad ahora que entonces; luego con mucha razón el Pontífice debe ser uno solo. —Segunda, porque el pontificado es más digno y más sublime; luego con mucha más razón deben todos sujetarse a un solo Pontífice que en tiempo de la ley mosaica. —Y tercera, porque ahora debe ser mayor la obediencia, y la jerarquía más ordenada. De todo lo cual se deduce que, si en tiempo de la ley mosaica era obligación obedecer a un solo Sumo Pontífice, con mucha más razón debe serlo en tiempo de la ley de Cristo.
2. Además, el salmo: Los establecerá príncipes sobre toda la tierra. Consta que esto se dijo de los apóstoles; luego toda la tierra está sujeta a su principado; pero este principado es principado estable, según aquello del salmo: Su imperio ha llegado a ser sumamente poderoso; pero no es principado estable si no está unido, ya que todo reino dividido contra sí mismo será devastado; y no está unido si no tiene un solo príncipe primario; luego, según el testimonio profético, toda la tierra debe someterse a uno solo, que tenga principado universal.
3. Además, para confirmar esto viene al caso lo que dice San Bernardo en el libro III de su obra Al Papa Eugenio: «Tenía que salir del mundo el que tal vez deseaba explorar lo que se substrae a tucuidado. Tus padres fueron destinados a dominar, no algunas regiones, sino toda la redondez de la tierra; su sonido, en efecto, se ha propagado por toda la tierra», etc. Y a continuación: «Su imperio ha llegado a ser sumamente poderoso; los constituiste en príncipes sobre toda la tierra. Tú le has sucedido en las posesiones, y así tú eres heredero, y tu herencia es la redondez de la tierra». Por tanto, quédase manifiesto que, según el testimonio profético, universalmente todos deben rendir obediencia a uno solo.
En segundo lugar, esto mismo se demuestra por el Nuevo Testamento.
4. En el capítulo 16 de San Mateo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, etc., hasta las palabras será atado en los cielos; pero consta que aquel debe ser obedecido por todos que puede atar y desatar a todos; luego de tal manera instituyó Dios la Iglesia, que uno solo fuese obedecido por todos. Pero la Iglesia ha de regirse y gobernarse tal como fue instituida por el Señor; luego etc.
5. Además, en el capítulo último de San Juan: Apacienta mis ovejas, se dijo a San Pedro; pero ovejas de Cristo son todos los que van por el camino de la salvación; luego San Pedro fue antepuesto a todos ellos; luego uno sólo es el pastor de todas las ovejas de Cristo en la fundación de la Iglesia; luego también en el decurso y término de la misma se ha de obedecer a uno.
6. Además, San Bernardo, al tratar de las palabras citadas, dice en el libro II de su obra Al Papa Eugenio: «Tú eres aquel a quien se entregaron las llaves y se encomendaron las ovejas. No cabe duda en que hay otros porteros del cielo y otros pastores de la grey; pero tú heredaste ambos nombres de modo tanto más glorioso cuanto más excelentemente los recibiste respecto de los demás obispos. Tienen éstos rebaños asignados a su cuidado; cada uno el suyo. Pero tú solo tienes encomendada la universalidad de los mismos: una sola grey a ti solo. Y no sólo de las ovejas, sino también de los pastores eres el único pastor. Que ¿cómo lo demuestro? Por las palabras del Señor: Si me amas, Pedro, apacienta mis ovejas. Y ¿cuáles son éstas? ¿Las muchedumbres de esta o de aquella ciudad, de esta o de aquella región, de este o de aquel reino? Mis ovejas, dijo. ¿Quién no ve claro que no designó algunas, sino absolutamente todas? No cabe excepción donde no se pone distinción». Y después añade: «Queda inconcuso el privilegio exclusivamente tuyo en orden a las llaves y en orden a las ovejas que se te confiaron; queda en firme, repito, la singular autoridad pontificia de San Pedro, significado en alegoría, según la cual San Pedro se asumió, no el gobierno de una nave, como los demás apóstoles, que regían cada uno la suya propia, sino el gobierno de todo el mundo; de la misma manera, mientras los demás obispos guían cada uno su propia nave, tú tienes confiada a tu cuidado la conducción de una sola nave inmensa, integrada de las demás, es decir, el gobierno de la Iglesia universal, extendida por todo el mundo». De lo cual resulta claro que, según la divina institución, todos deben obedecer a uno solo, es decir, al Sumo Pontífice.
7. Además, San Agustín a Optato: «En la Iglesia romana siempre se mantuvo en vigor el
principado de la Cátedra Apostólica»; pero esto no se dice sólo respecto de la misma ciudad, pues en este sentido podría también decirse respecto de otros obispos y de otros lugares; luego se dice respecto de todo el mundo; luego, según esto, todo el mundo debe obedecer al Romano Pontífice como a príncipe de todos.





