lunes, 9 de marzo de 2015

Martirologio Romano 9 de marzo

SANTA FRANCISCA
ROMANA,
Viuda
n. 1384 en Roma, Italia; † 1440 en Roma, Italia

Patrona de automovilistas; taxistas; laicos; viudas; personas ridiculizadas por su piedad. Protectora contra la mortalidad infantil.

SANTA FRANCISCA ROMANA, Viuda

Jesucristo se humilló a sí mismo
haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
(Filipenses 2, 8)


  • En Roma, santa Francisca, Viuda, célebre por la nobleza del linaje, santidad de vida y don de milagros.
  • En Sebaste de Armenia, el triunfo de cuarenta santos soldados de Capadocia, que, imperando Licinio y presidiendo Agricolao, después de las cadenas y horribles cárceles, después que les hirieron con piedras los rostro, fueron condenados, en lo más crudo del invierno, a pasar la noche desnudos al raso, en un estanque helado, donde, ateridos de frío, se despedazaban los cuerpos; al fin, quebradas las piernas, consumaron el martirio. Eran, entre ellos, Cirión y Cándido los más ilustres; pero de todos ensalzan en sus escritos los esclarecidos triunfos san Basilio y otros Padres. La festividad de estos Mártires se celebra el día siguiente.
  • En Nisa, el tránsito de san Gregorio, Obispo, hijo de los santos Basilio y Emmelia, y hermano de los santos Obispos Basilio Magno y Pedro de Sebaste, y de la Virgen Macrina; el cual, insigne en santidad y saber, por la defensa de la fe católica, en tiempo de Valente Emperador Arriano, fue arrojado de su ciudad.
  • En Barcelona de España, san Paciano, Obispo, ilustre en santidad de vida y en la predicación; el cual, en la última vejez, cuando imperaba Teodosio, acabó su vida.
  • En Bolonia, santa Catalina, Virgen, de la segunda Orden de san Francisco, ilustre en santidad de vida, cuyo cuerpo se venera con gran devoción en la misma ciudad.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.

SANTA FRANCISCA ROMANA,
Viuda

Santa Francisca Romana veía siempre a su lado al ángel custodio. Éste se avergonzaba y se apartaba cuando ella cometía una falta, o cuando escuchaba conversaciones profanas. Jesús y María conversaban familiarmente con ella. ¿Admiras estas mercedes? Sin embargo, hay algo más admirable en la vida de Santa Francisca: su humildad y su obediencia. Por obedecer a su marido, en el acto abandonaba sus ejercicios de devoción. “Es –decía– dejar a Dios por Dios”. Murió en 1440.


MEDITACIÓN
SOBRE LA OBEDIENCIA

I. Cuarenta años vivió Santa Francisca con su marido sin que hubiera entre ellos la menor disensión, porque no tenía ella otra voluntad que la de él. ¿Quieres conservar la paz en tu familia y en tu conciencia? Obedece a los superiores que Dios te ha dado. Ve en ellos la persona de Jesucristo; deja tus placeres, tus pasatiempos, para hacer su voluntad en todo lo que no sea contrario a la ley de Dios. Tu obediencia será siempre recompensada.

II. Estás con frecuencia melancólico, nunca está tu espíritu tranquilo; ¿sabes la causa? Es porque no obedeces, o porque lo haces de mala gana; no sometes tu voluntad a la de aquellos que tienen derecho a mandarte. Para adquirir esta virtud, debes renunciar a tu voluntad propia; cosa difícil es, pero puedes lograrlo. ¡Qué feliz será tu vida, si no tienes otra voluntad que la de tus superiores!

III. Es preciso, además, que sometas tu juicio al del que te manda: no es cosa de los inferiores el discutir las órdenes de los superiores, a menos que tengas razones para creer que son contrarias a la ley de Dios. Jesús obedecía a María y a José, ¿y tú no puedes someter tu juicio al juicio de tus superiores? Nunca estarás contento, tu obediencia carecerá de vigor y de mérito, si no te habitúas a obedecer sin discutir lo que se te ordena. Aquél que aprendió a obedecer bien, no discute las órdenes que recibe (San Gregorio).

La obediencia.
Orad por la paz.


ORACIÓN
Oh Dios, que entre otros dones de tu gracia, habéis concedido a la bienaventurada Francisca, vuestra sierva, la merced de conversar familiarmente con su ángel custodio, haced, benignamente, que, por el auxilio de su intercesión, merezcamos entrar un día en la sociedad de estos espíritus bienaventurados. Por J. C. N. S.




Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.



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