domingo, 19 de marzo de 2017

R.P. Leonardo Castellani: Jesús y Beelzebul






En aquel tiempo: Estaba Jesús echando un demonio, el cual era mudo. Cuando hubo salido el demonio, el mudo habló. Y las muchedumbres estaban maravilladas. Pero algunos de entre ellos dijeron: “Por Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, requerían de Él una señal desde el cielo. Mas Él, habiendo conocido sus pensamientos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo, es arruinado, y las casas caen una sobre otra. Si pues, Satanás se divide contra él mismo, ¿cómo se sostendrá su reino? Puesto que decís vosotros que por Beelzebul echo Yo los demonios. Ahora bien, si Yo echo los demonios por virtud de Beelzebul, ¿vuestros hijos por virtud de quién los arrojan? Ellos mismos serán, pues, vuestros jueces. Mas si por el dedo de Dios echo Yo los demonios, es que ya llegó a vosotros el reino de Dios. Cuando el hombre fuerte y bien armado guarda su casa, sus bienes están seguros. Pero si sobreviniendo uno más fuerte que él lo vence, le quita todas sus armas en que confiaba y reparte sus despojos. Quien no está conmigo, está contra Mí; y quien no acumula conmigo, desparrama”. “Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, recorre los lugares áridos, buscando donde posarse, y, no hallándolo, dice: «Me volveré a la casa mía, de donde salí». A su llegada, la encuentra barrida y adornada. Entonces se va a tomar consigo otros siete espíritus aun más malos que él mismo; entrados, se arraigan allí, y el fin de aquel hombre viene a ser peor que el principio”. Cuando Él hablaba así, una mujer levantando la voz de entre la multitud, dijo: “¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que Tú mamaste!” Y Él contestó: “¡Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la conservan!”.
Lucas XI, 14-28



Domingueras Prédicas I
R.P. Leonardo Castellani


Domínica tercera de Cuaresma
Jesús y Beelzebul (1965)


La mayor diablura del Diablo es hacer creet que él no existe. La Iglesia lee hoy otro Evangelio sobre el Diablo. ¿No bastaba el Evangelio del otro domingo, sobre las tentaciones de Cristo? Parece que no.

Los dos errores de la gente acerca el Diablo son que algunos desconocen su poder y algunos exageran su poder.

Cristo respondió a estos dos errores por medio de tres pequeñas parábolas acerca el Diablo. Ellas fueron proferidas en la segunda gran discusión que tuvo Cristo con los fariseos en su camino de Jericó a Jerusalén, después que en la primera discusión habían amenazado con matarlo: la tercera discusión tuvo lugar en la semana de la Pasión. Aquí la discusión surge cuando ellos lo acusan de hacer milagros por virtud del Diablo, después que Cristo hubo curado a un endemoniado mudo (sordomudo) y ciego, al cual devolvió la vista, el oído y el habla. Cristo a su vez los acusa de cometer pecado contra el Espíritu Santo.

Ellos no habían nombrado para nada al Espíritu de Dios, aparentemente sólo habían insultado a Cristo. Pero era un insulto a Dios y un pecado de fariseísmo: porque ellos, aquello mismo que debía ser motivo de reconocer a Cristo como enviado de Dios, lo convierten en un tremendo crimen de Cristo, tener pacto con el Demonio. Este pecado "no tiene perdón ni en el cielo ni en la tierra", dijo Cristo. No que Dios no esté dispuesto a perdonar a todo el que se arrepienta, sino que estos se cierran el camino del arrepentimiento, haciendo uso de la religión como tapadera de sus pecados. Lo único que podría abrirles el arrepentimiento es la religión; y si ellos hacen de la religión un nuevo pecado ...

Los pecados contra el Espíritu Santo, según el Catecismo Astete son cuatro:

negar la verdad conocida,
desesperar de la salvación,
presumir de salvarse sin merecimientos,
tener envidia de la gracia de otros.

Son pecados contra la fe, la esperanza y la caridad. Están tomados de San Agustín; pero San Agustín en otro lugar enumera siete pecados diferentes destos. Es decir, simplemente, el pecado contra el Espíritu Santo es el fariseísmo; el cual tiene muchos efectos y diversas manifestaciones. Todos éstos de aquí proceden del fariseísmo.

Cristo refutó esta calumnia sobre sus milagros con la comparación de un Reino en guerra civil: si Satanás hace milagros contra Satanás, "si Yo arrojo demonios por virtud del Demonio", entonces el Reino de Beelzebul (el Rey de las Moscas) está dividido en sí mismo y se viene abajo. "Y si Yo hago milagros por poder del Demonio, entonces vuestros hijos ¿por poder de quién los hacen?" Entonces todos los discípulos deberían estar endemoniados, y además otros exorcistas independientes que arrojaban demonios nombrando a Jesús de Nazareth.

Cristo indicó pues el poder del Diablo, puesto que su reino no está dividido: hay cierto orden jerárquico en el Infierno, en virtud no del amor y la obediencia, sino en virtud del miedo a los demonios mayores, que pueden castigarlos; pero el poder del Infierno es limitado, pues los hombres pueden arrojar a los demonios.

La segunda parábola se apoya en este hecho de que el Diablo puede ser vencido: "cuando el Fuerte Armado custodia el atrio de su casa, en paz están todas las cosas que posee; pero si viene otro más fuerte, lo derrota y lo ata, se produce conmoción y el Vencedor distribuye los despojos". Cristo es el más fuerte y el más armado: el Demonio está siendo vencido y hay gran conmoción en Palestina. Otra vez Cristo señala el gran poder del Demonio: lo llama el Fortacho Armado" y en otra ocasión lo llamó el Príncipe des te Mundo"; y señala también su debilidad ante el poder de Dios, pues está siendo vencido.

La tercera parábola es rara: la del "hombre que echa de sí un demonio y después se descuida y vienen siete demonios y el estado desa alma se pára peor que antes". Siete demonios dice el Evangelio que echó de la Magdalena Cristo; mas aquí Cristo evidentemente alude al estado de los fariseos y del pueblo que los seguía: se habían librado del paganismo pero habían caído en algo siete veces peor, el fariseísmo. En otra ocasión Cristo les dijo que ellos estaban poseídos por el Demonio, eran "añamembuí", como dice el correntino, o sea hijos del Diablo, el Gran Asesino y el Gran Mentiroso-. No le dijo a uno en particular: "Tú estás poseído", sino a todo el grupo de los fariseos: "vosotros"; indicando que el Diablo puede poseer (en un cierto sentido) a grupos enteros y también a ciudades enteras y también a naciones enteras -como nos adoctrinó el padre domínico en su libro titulado El Diablo en la Nación.

¿Qué significa esa cosa rara que dijo Cristo, de que el diablo arrojado se va al desierto, anda vagando por allí, encuentra otros siete, y se vuelve a su casa primera? Esta pregunta derrotó a todos los exégetas menos a San Jerónimo; el cual vio que Cristo había tomado la imagen de lo que acontecía en Palestina con los criminales: salían o fugaban de la cárcel, no encontraban trabajo en poblado por su mala fama, iban al desierto, topaban con otros en la misma situación, y formaban gavillas de salteadores mucho más potentes y peligrosas. Eso prueba, entre paréntesis, cuán sabia es la práctica penal de los yanquis que ellos llaman "parole-boards".

Otra vez tenemos que el Diablo es poderoso y que el Diablo puede ser vencido; pues incluso a los siete juntos echó Cristo de la Magdalena.

¿Quiénes niegan esto? Los que niegan el poder del Diablo e incluso su existencia, son los naturalistas y los racionalistas modernos, a quienes el Diablo hace la gran diablura. Dejémoslos en paz hasta que se topen con el Diablo cara a cara. El de ellos, cuando paladinamente niegan la existencia del Diablo (y de Dios), es pecado contra el Espíritu Santo.

Los que exageran el poder del Diablo, haciéndolo mayor que el poder de Dios (explícita o implícitamente) son los llamados maniqueos, que tienen una larga historia, desde la religión de Zoroastro en Persia hasta los actuales calvinistas, pasando por los temibles albigenses del siglo XII: éstos nunca desaparecen. Decían entre otras cosas que el Diablo creó todas las cosas materiales y Dios solamente las cosas espirituales; contra los cuales se puso en el Credo de Nicea, que se canta en la misa: "visibilium omnium et invisibilium, Creador de todo lo visible y todo lo invisible". Los maniqueos decían todo lo visible era del Diablo, incluso el vino, la carne asada, la caña, la sidra y el matrimonio (la carne sin asar); lo mismo que los puritanos ingleses y los vegetarianos argentinos. Si quieren una muestra del maniqueísmo moderno, lean la novela de Asturias El Señor Presidente, donde pinta a su patria, Guatemala, como una nación infernal, realmente posesa del Demonio.

San Agustín cuenta que un maniqueo fue a visitar a un cristiano, el cual estaba muy impacientado por unas moscas bravas, como hay en África; y aprovechando la ocasión le preguntó: ¿Quién habrá creado estas moscas? -El Diablo creo yo las habrá creado- dijo el otro. -¿Y las langostas que son un poquito mayores?- También debe haber sido el Diablo. -¿Y las ratas? El otro vaciló un poco y dijo: Las ratas también -¿Y las víboras? ... Y así sucesivamente de menor a mayor lo fue llevando a conceder el Diablo había creado hasta los elefantes.

Éste es un cuentito inventado por San Agustín para enseñar a los hiponenses que el Diablo a veces nos va llevando de faltas pequeñas a faltas cada vez mayores: "cada vuelta má grande má grande, cada vuelta peore peore", como cantaban mis vecinos el Domingo pasado a altas horas de la noche. San Agustín en su tratado catequético aconseja que nunca prediquen sin contar un cuentito; y Cristo mismo, Uds. ven, hacía eso mismo. Pero el poder del Diablo no es un cuentito.

El poder del Diablo se ejerce por la astucia y por la violencia: a Cristo primero lo tentó por astucia, después lo hizo crucificar con violencia.

El Demonio como es tan astuto
Arrancó una piedra y rompió un farol,
Y lo vieron los Padres Franciscos
Y lo acogotaron contra un paredón.

Hoy día hay naciones enteras dominadas por la mentira astuta o por la violencia cruel; que serán las armas del Anticristo. Hay naciones en donde reina la crueldad; y la crueldad es netamente diabólica. Las hubo antes: el Imperio Romano, la Inglaterra de Isabel I, la Rusia Soviética, ahora ...

Pero la debilidad del Diablo es que no puede devorar sino al que se le arrima: es como un león encadenado: San Pedro dice que es un león que anda dando vueltas, haciendo círculos enderredor nuestro.

Al final desta discusión, una mujercita, que pudo haberse llamado Lola o Pepa, le dijo a Jesús: "Bendita sea tu mare".





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