viernes, 17 de julio de 2015

Martirologio Romano 17 de julio

SAN ALEJO,
Confesor
† a principios del siglo V

Patrono de los mendigos; peregrinos; viajeros; enfermeros; fabricantes de cintos y cinturones.


Quienquiera haya dejado casa o hermanos, o hermanas,
o padre, o madre, o esposa, o hijos, o heredades, por causa
 de mi nombre, recibirá el ciento por uno y poseerá la vida eterna.
(Mateo 19, 29)


  • En Roma, san Alejo, Confesor, hijo del Senador Eufemiano, el cual la primera noche de sus bodas, dejando intacta a su esposa, se retiró de su casa, y después de una larga peregrinación volvió a Roma, donde, engañando al mundo con una nueva invención, estuvo desconocido por espacio de diecisiete años, hospedado como pobre en casa de sus padres; pero después de muerto y conocido por una voz que se oyó por las Iglesias de Roma, y por un papel escrito de su mano, fue trasladado con solemne pompa, en tiempo del Papa Inocencio I, a la Iglesia de san Bonifacio, donde resplandeció con muchos milagros.
  • En Cartago, el tránsito de los santos Mártires Escilitanos Esperado, Narzal, Citino, Veturio, Félix, Acilino, Letancio, Jenara, Generosa, Vestina, Donata y Segunda; los cuales, por orden del Prefecto Saturnino, después de su primera confesión de la fe, fueron encarcelados, clavados en maderos y por fin degollados. Las reliquias de san Esperado, junto con los huesos de san Cipriano y la cabeza de san Pantaleón Martir, fueron trasladadas de África a Lyon de Francia, y colocadas religiosamente en la Basílica de san Juan Bautista.
  • En Amastris de Paflagonia, san Jacinto, Mártir, el cual, habiendo padecido, de orden del Prefecto Castricio, muchos tormentos, murió en una cárcel.
  • En Tívoli, san Generoso, Mártir.
  • En Constantinopla, santa Teódota, Mártir, en tiempo de León Iconoclasta.
  • En Roma, el tránsito de san León IV, Papa.
  • En Pavía, san Ennodio, Obispo y Confesor.
  • En Auxerre, san Teodosio, Obispo.
  • En Milán, santa Marcelina, Virgen, hermana de san Ambrosio Obispo; la cual en Roma, en la Iglesia de san Pedro, recibió el sagrado velo de mano del Papa Liberio; de su santidad da testimonio en sus escritos el mismo san Ambrosio.
  • En Venecia, la Traslación de santa Marina, Virgen.
  • En Compiègne, Francia, 16 Beatas Carmelitas, Vírgenes y Mártires.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SAN ALEJO,
Confesor


San Alejo dejó a su esposa el mismo día de su casamiento y se retiró a la ciudad de Édesa, donde distribuyó sus bienes entre los pobres y mendigó por espacio de 17 años, hasta que sus milagros lo dieron a conocer. Embarcóse entonces para Sicilia; pero una tempestad lo arrojó al puerto de Ostia. Recibido como extraño en la casa de su padre, vivió en ella 17 años, desconocido de todos, sufriendo las afrentas de sus propios sirvientes, y oyendo a toda hora los lamentos con que lo recordaban sus padres y su esposa. Una esquela que se encontró con él después de su muerte, dio a conocer su nombre y la historia de su vida. Murió en los comienzos del siglo V.


MEDITACIÓN
SOBRE SAN ALEJO


I. Alejo dejó su esposa y todas las ventajas de una gran fortuna, para vivir en la pobreza y en la castidad. ¿Puedes esperar tú iguales riquezas, placeres y honores? ¿De dónde, pues, procede que no tengas la misma estima y el mismo amor por la pobreza? Es que, sumergido por entero en las cosas de la tierra, no piensas ni en el paraíso ni en el infierno. Si meditases estas grandes verdades, sin pena dejarías los placeres de este mundo para encontrar otros más puros y duraderos en el cielo. Abandonemos los placeres y no los extrañaremos (Tertuliano).


II. San Alejo volvió a la casa paterna para triunfar del amor de las riquezas, de los honores y de los placeres, no ya mediante su huída, sino en franca lucha. ¡Qué cruel fue este combate! ¡Qué difícil hubiera sido obtener victoria, si Dios, que le había inspirado ese proyecto, no le hubiese proporcionado la fuerza para vencer! Tú, que estás en el mundo, no te excuses alegando sus tentaciones ni sus ocasiones. ¿Qué son tus tentaciones comparadas con las de San Alejo? Avergüénzate más bien de tu flaqueza.

III. ¡Cuál no habrá sido la alegría de Alejo, en la hora de la muerte, por haber vencido al mundo, al demonio y a la carne! ¡Ah! ¡cuánto más consuelo habrá tenido de morir pobre, casto y desconocido, que de morir después de haber gozado de los bienes que su mismo nacimiento le aseguraba! ¿Quieres morir como San Alejo? Imítalo e implora a menudo su socorro. Vive santamente, y la muerte perderá para ti todo su horror. No se ha de mirar la muerte como un mal cuando ha sido precedida de una buena vida (San Agustín).



El desprecio del mundo.
Orad por los agonizantes.


ORACIÓN
Oh Dios, que todos los años nos dais un nuevo motivo de alegría con la fiesta del bienaventurado Alejo, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos la que vivió
en la tierra. Por J. C. N. S.



Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo III; Patron Saints Index.



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