domingo, 25 de diciembre de 2016

R.P. Leonardo Castellani: Evangelio del Nacimiento







En aquel tiempo, apareció un edicto del César Augusto, para que se hiciera el censo de toda la tierra. Este primer censo, tuvo lugar cuando Quirinio era gobernador de Siria. Y todos iban a hacerse empadronar, cada uno a su ciudad. Subió también José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Betlehem, porque él era de la casa y linaje de David, para hacerse inscribir con María su esposa, que estaba encinta. Ahora bien, mientras estaban allí, llegó para ella el tiempo de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la hostería.
Lucas, II, 1-7





Domingueras Prédicas I
R.P. Leonardo Castellani


Natividad de Nuestro Señor Jesucristo (1964)

Hoy dije en" el Tránsito" una homilía un poco malhumorada; en este manso convento y después de haber dicho una misa, puedo hablar más gentilmente. La Iglesia lee en estos días todo el capítulo 2 de San Lucas y parte del 3°; o sea, el Nacimiento, la Circuncisión, la Presentación al Templo del Niño Dios.

El Sermón de Navidad está hecho ya por la pintura, la poesía, la liturgia e incluso por los villancicos y los pesebres familiares y populares; incluso por las dos Radios oficiales, que después de estar trasmitiendo tilinguerías y esnobismo todo el año, trasmiten ahora cantos y glosas de Navidad -con mezcla de tilinguería, no lo negaremos; mostrando con eso que el pueblo argentino sigue siendo católico, o almenas conserva en sus costumbres una gran celebración católica, lo cual es algo. Mejor sería conservase también una cerebración católica. Pero eso puede venir: la semilla está.

La maravilla de Navidad no es que Dios se haya hecho Niño -aunque eso nos enternece- sino que se haya hecho hombre: ése es el misterio. Tal como aparece aquí, es un Niño, no puede hacer daño a nadie, es débil y amable: "apareció la benignidad y la humanidad de Dios" -dice San Pablo; "tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo Unigénito, no para que juzgue sino para que salve al mundo" -dice San Juan. "Dios podía salvar a los hombres de varias maneras; pero en ninguna tanto como, ésta podía mostrar su amor a los hombres" -dice Santo Tomás.

Un poeta griego dijo que estar enamorado y tener seso, eso no puede ser, anoser en Dios. Pero aquí parecería que Dios también cayó en la volteada, pues nos amó con locura, dice San Pablo: "propter nimiam caritatem suam qua dilexit nos" -o sea, por la caridad loca con que nos amó (101). Ese es el misterio.

Cuando nace, ya es un hombre santo; se verifican en él todas las Bienaventuranzas que más tarde había de enseñar Él, como, paradigma de la santidad; incluso la bienaventuranza de la persecución, a cargo del Rey Herodes: es manso y sumiso a todos, no sólo al Emperador de Roma sino a los posaderos de Belén; es pobre repobre; llora, es puro de corazón, y es pacíficador como cantaron los ángeles. Todo lo que va a seguir hasta la Cruz se deriva desto; y del estado del mundo cuando nació, el mundo, caído, Israel decaído. Si un sabio de Atenas o Roma hubiese estado allí con los Pastores, le hubiese dicho: "Linda nación has venido a escoger para nacer: esta nación es una historia viva de la decadencia. Hay algunos individuos buenos; pero la nación como nación es una ignominia". El Niño Dios hubiese contestado, "Lo que me interesa son los individuos: por estos dos que están a mi lado, yo hubiese nacido; y por el mismo Rey Herodes solo, hubiese muerto en la Cruz"-. Eso parece un poco de locura. El pueblo no se engaña con sus pesebres y sus crucifijos: en esas dos imágenes está indicado un amor incomprensible.

Los antiguos no comprendían el amor de Dios: nosotros tampoco por supuesto, pero sabemos existe. Los judíos comprendían el temor de Dios; los griegos comprendían sólo el agradecimiento -y el temor- a los dioses de la mitología, los cuales se amancebaban con hombres y mujeres mortales, no por amor sino por liviandad. Y los filósofos griegos no creían en los dioses de la mitología y no creían posible el amor de Dios; por lo menos Aristóteles. Dios está demasiado alto: el amor pide igualdad. Tenían un refrán que decía: "El amor busca iguales", "amor pares invenit", al cual San Agustín agregó dos palabras volviéndolo cristiano: "aut facit", ¡o los hace! "El amor busca iguales o los hace". Así Dios comenzó por igualarse a los hombres, haciéndose hombre "nacido de mujer, nacido bajo la Ley", y después trató de igualarnos con él, levantándonos al amor divino por medio de la gracia, hasta llevarnos a la unión perfecta con la Deidad; pues "seremos semejantes a Él porque Le veremos tal cual es" dice el Evangelista del Amor (102). Pero desde el instante del Bautismo comienza en el hombre ese proceso de asimilación a Dios; cuya continuación está en nuestras manos y también puede fracasar; y eso es tremendo. Porque ese amor es inmenso, perderlo para siempre es tremendo. El Infierno no es más que un amor perdido, rechazado. Por eso dice un villancico español: 


"Si dese temblar de Dios
Y o también la causa fui 
¡Mi Dios! ¿qué será de mí
cuando yo tiemble y no Vos?


En fin, hoy no hay que acordarse del Infierno, aunque Herodes, que es ellnfierno, anda cerca. "Gloria a Dios en lo alto y paz en la tierra a los hombres de fe" -que ése es el cántico de los ángeles: "tées eudokías": no dice" de buena voluntad" sino de buena doctrina, de fe: "paz a los bienenseñados" (103): ésa es la palabra.

Para el amor se precisan dos. El Hijo de Dios se preparó un amor para cuando naciera, el amor más común, más barato y más seguro, una madre -una familia; también un padre postizo; al cual Dios el Padre, que lo nombró su representante, le dio corazón de Padre. El amor de Dios es difícil, hay que empezarlo por lo más fácil, que es el amor de familia; porque el agradecimiento es más fácil y el temor a Dios todavía más, pero el amor de Dios es como subir al Aconcagua pasando antes por todos los faldeos. Y así hizo Cristo, acogiendo en sí todos los amores humanos, -contra lo que dice dél el "negro gordo", o sea nuestro poeta Pedro B. Palacios, Almafuerte:


"Corazón cuyo amor intangible
Sin ningún otro amor se dilata,
Cual se estrellan y esfuerzan flexibles
Sin lograr abatir la muralla,
Ya tenaces, ya febles, ya locos,
Bramando y silbando los vientos que pasan.
La invasora legión de cariños
Que a la vida real nos amarra
No logró reducirlo, siquiera,
Ni al sacro materno dogal de la patria.
Ni arrancó la mujer a sus labios
Nada más que un feliz epigrama
Y a sus pies en la Cruz, retorcióse
Con celos de Crimen, su madre olvidada ...

Jesús de Galilea
Para mí no eres Dios,
Eres sólo una idea
De la que corro en pos ...

Esto es poesía de negro gordo. Almafuerte no era negro, era blanco y flaco, pero como decía Ramón Doll: "hay negros de todos colores". (Una vez Ramón Doll estaba hablando de un individuo y lo nombraba a cada momento; "El gallego ése". Y le dijeron: "¡Qué gallego! Si ése no nació en Galicia, nació en la Boca". Y el retrucó: "¿ Y qué tiene que ver? Hay gallegos de todas las nacionalidades").

Contra lo que cree el negro blanco, Cristo acogió en su corazón todos los amores. ¿Y el amor carnal? Saltó ese amor, porque no lo necesitaba para llegar a la caridad, pero se guardó muy bien de condenarlo o denigrado, como hicieron y hacen después de él muchos filósofos y herejes. El amor carnal existe ¡y cómo! y se convierte o bien en caridad o bien en calamidad. Ese es su destino. Por suerte casi siempre o la mayoría de las veces se convierte en caridad, o sea, en amistad conyugal, que dice Aristóteles es la más firme de todas las amistades (la mayoría de las veces creo yo; no sé bien cómo anda el mundo). Cristo no podía atarse a la amistad conyugal, a una mujer, un hogar, unos hijos, porque tenía algo difícil que hacer y poco tiempo para hacerlo; pero algunas mujeres o alguna mujer tuvo hacia él no sólo amistad filial sino también amistad conyugal-no carnal. Y él con una mujer se portó como un caballero andante -como Don Quijote con Dulcinea- si no es irreverencia (104).

Así que "tanto amó Dios al mundo", con una caridad de chiflado, que le dió su Hijo Unigénito para que salvara al mundo -con el amor -con el Amor rectificado y santificado.



Notas

101. Efesios 2,4
102. I Jn. 3,2.
103. Le. 1,14.
104. "Juan es el evangelista del corazón de Cristo: él lo oyó latir. El interior de las personas y su carácter está mucho más profundizado en Juan que en los Sinópticos; y eso puede incluso dar la clave de muchas preguntas inciertas. ¿Son una o tres las "magdalenas", por ejemplo? Los intérpretes racionalistas, en su prurito de originalidad y su manía de negar la tradición, han inventado que son cuatro mujeres diferentes (o tres diferentes; lo mismo podían decir dos o cinco si quisieran): la "Adúltera" a la cual Jesús salvó de ser apedreada; la "Pecadora" que ungió sus pies en casa de Simón el Leproso y fue defendida y loada por el Salvador, y la María hermana de Marta y Lázaro que sentada a sus pies en su casa "eligió la mejor parte, la cual no le será quitada"; más la "Magdalena" que presenció aliado de la Madre la Crucifixión y fue agraciada con la primera Aparición. Cansados de discutir con argumentos librescos, los exégetas han concluído cómodamente por declararla "cuestión insoluble".

"Mas cualquiera que lee con un poco de intuición psicológica el Evangelio de Juan, tiene la impresión neta de que ésa es una misma mujer: sus" gestos" son iguales a sí mismos; que es la impresión que ha tenido durante siglos la Iglesia. Hay un exquisito drama discretamente velado detrás de esos episodios sueltos, y su hilo psicológico es visible. Cristo se dio el lujo de salvar a una mujer, que es la hazaña por antonomasia del caballero; no sólo salvarle la vida, como San Jorge o Sir Galahad, sino restablecerla en su honor y restituirla perdonada y honrada a su casa -con un nuevo honor que solamente Él pudiera dar. En la caballería occidental, los dos hechos esenciales del caballero son combatir hasta la muerte por la justicia y salvar a una mujer 


"defender a las mujeres
 y no reñir sin motivo", 


que dice Calderón -como en las cintas de "cowboys", reflejo pueril actual de una gran tradición perdida. Cristo hizo los dos; y siendo Él lo más alto que existe, su "dama" tuvo que ser lo más bajo que existe; porque sólo Dios puede levantar lo más bajo hasta la mayor altura; que es Él mismo". 

"Cristo ejerció la más alta caballería. Los románticos del siglo pasado y los delicuescentes del nuestro tienen una devoción morbosa por la Magdalena; pero no precisamente por la Penitente, que el Tintoretto pintó con toda la gama de los gualdas en su hórrida cueva de solitaria, sino por la otra, por la mujer 'perdida', por la 'traviata' o la 'dama de las camelias'; de la cual han hecho un tema literario bastante estúpido. Hasta nuestro Lugones se ensució con ese tema -que a veces llega a lo blasfemo- en una de sus "Filosofículas ".Pero todos estos filibusteros o fili-embusteros, de la Magdalena no saben mucho, de la caballería menos, y del amor a Cristo absolutamente nada." ¡Cristo se enamoró de una mujer!" -dicen muy contentos-" ¡Qué humano!" Sí, Cristo se enamoró "perdidamente" de la Humanidad perdida; y la vio como en cifra en una pobre mujer -sobre la cual vertió regiamente todas sus riquezas". (El Evangelio de jesucristo, "Breve Introducción a los Evangelios", V- Los Evangelios).






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...