martes, 19 de septiembre de 2017

El Apocalipsis y El Milenarismo





"La Iglesia Patrística y la Parusía"
Alcañiz- Castellani


Estos extractos de la obra del Padre Leonardo Castellani versan sobre la cuestion de si acaso ha sido o no condenado el milenarismo por la Iglesia. Tenga el lector, la bondad de leer el artículo y meditarlo antes de comentarlo si es que esa fuera su inclinación.

Cristo Vuelve


LA CONTROVERSIA
La controversia gira en torno a la interpretación de la siguiente perícopa, contenida en el Capítulo XX del Apocalípsis de San Juan:
Y vi un ángel que descendía del cielo y tenía en su mano la llave del abismo y una gran cadena. Y se apoderó del dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años, y lo arrojó al abismo que cerró y sobre el cual puso sello para que no sedujese más a las naciones, hasta que se hubiesen cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por un poco de tiempo. Y vi tronos; y sentáronse en ellos, y les fue dado juzgar, y vi a las almas de los que habían sido degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes de los muertos no tornaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección. ¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre éstos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual reinarán los mil años. (Apocalipsis XX, 1-6).
Este pasaje es misterioso y ha dado lugar a dos escuelas exegéticas principales:
1.- La Milenarista, o Milenista como la llama el Padre Castellani, enseñada de manera casi unánime por los Padres de la Iglesia de los primeros siglos, entre ellos San Papías, San Justino, San Ireneo y San Ambrosio;( Para profundizar ver "La Parusía y la Iglesia Patrística")
2.- La Alegórica, expuesta por San Agustín en el libro XX, capítulo 7 y siguientes de “La Ciudad de Dios”.

DIVISION DEL MILENISMO
En el milenismo pueden distinguirse tres clases, conforme se desarrolló en la historia:
1ª) el milenismo espiritual (exégesis patrística);
2ª) el milenismo craso, o carnal, o judaico (Kerinthos o Cerinto);
3ª) el mixto (muchos modernos).
El primero no fue llamado “milenismo espiritual” sino después de la aparición de la herejía de Cerinto o Kerinthos; pues no había de quién distinguirlo entonces y era simplemente la exégesis común.
Para entender la controversia, comenzamos el milenismo craso.
1.- La herejía de Cerinto, cuyo nombre técnico exacto es (o debería ser) “kiliasmo”, imaginó para los hombres justos después de su resurrección una vida de muchos siglos jubilosa, a la manera del Viejo Testamento (para no usar los epítetos feroces de San Jerónimo, al cual en nuestros días la Unesco llamaría antisemita); o sea con matrimonios, procreación de hijos, circuncisión, venganza contra los infieles, sacrificios de animales y demás prescripciones de la Ley de Moisés; en fin, una vida no muy diferente de la actual mortal, pero mucho más próspera y feliz. Además este milenismo interpreta en sentido literal crudo tanto la Ciudad de Jerusalén Nueva, que en San Juan y Ezequiel vemos, como todas las demás promesas de los Profetas, las colinas manando leche y miel, grandes banquetes y festoleras, y qué no. Todo eso se debería cumplir durante los Mil Años como compensación a los trabajos y dolores de los justos en este tiempo malo. Eso y no más es el Mesías. Como se ve, no defiere mucho del Reino de tierra terreno que los fariseos soñaban y que pretendieron tacataca de Cristo.

(Esto sabemos por las polémicas de los Santos Padres contra Cerinto. Deste heresiarca no nos queda ni un libro ni una sola palabra directa. San Jerónimo y otros Padres se desatan contra él en improperios y muestran máxima indignación: se ve que los pormenores de la herejía eran odiosos para los cristianos y quizás no muy decentes).
2.- El milenismo espiritual no atribuye a los justos resurrectos ni bodas ni francachelas ni nada de lo que mandaba la Ley Mosaica, ni banquetazos que fueran o premio o necesidad de sustento; y todo lo que la Escritura con tropos o imágenes orientales promete de felicidad en el paraíso o en la Nueva Jerusalén declara que ha de entenderse simbólicamente, exprimiendo todo lo que aparezca como incongruo y a los Santos ridículo, pueril, o indecoroso. Y esto lo expresa con máxima energía, aunque sostenga al mismo tiempo todo lo que resumido habemos como las líneas principales desta doctrina. De manera que este milenismo se constriñe a lo que llamamos “puntos capitales”, dejando todo lo que ha sido añadido a las palabras de la Escritura, y todo lo que suene a grosero o menos delicado.
(“Teología para negros… yanquis” llamaba un publicista argentino a una pequeña explosión de milenismo craso que hubo aquí – en la Argentina- en 1945. Imaginarse a Cristo sentado en un trono en Jerusalén y reinando sobre el mundo, con ministros de Agricultura y de Economía interinamente de Trabajo y Previsión, e incluso con ejércitos, eso no es milenismo espiritual, ni milenismo mitigado, sino milenismo craso; o quizás simple falta de educación. Este milenismo fue condenado (o mejor dicho disciplinariamente “prohibido”) en una carta del Santo Oficio del 22-IV-1940 dirigida al Arzobispo de Santiago de Chile, extendido cuatro años más tarde por decreto a toda América del Sur; el cual copiaremos y anotaremos en su propio lugar).
3.- La tercera suerte de milenismo, que llamamos “mixto” y otros llaman “mitigado”, no atribuye a los justos resurrectos ni bodas ni triunfos militares ni carnavales ni la restauración de los ritos del Antiguo Testamento; pero interpreta con literalismo la prosperidad terrena y los bienes temporales que describen los Antiguos Profetas y se complace como si dijéramos en la restauración del Paraíso Terrenal. En esta doctrina se pueden hallar muchos grados según lo más o menos que los autores sus adeptos emprestan de los otros dos milenismos polos, el espiritual y el craso.
El milenismo craso, que se atribuye a Cerinto, abrazaron muchos herejes durante el período patrístico; y parece haber constituido un peligro en tiempo de San Jerónimo y San Agustín.
El milenismo espiritual sostuvieron casi todos los Padres de los primeros siglos, hoy día muchos católicos, y siempre en toda la historia algunos teólogos, como veremos.
El milenismo mixto sostuvieron algunos Santos Padres, aunque pocos, de la primitiva Iglesia.
2.- LA EXÉGESIS ALEGÓRICA
Los antimilenistas —llamados aquí “alegoristas”, y por otros autores “amilenaristas” (Murray), “evolucionistas” (Van Rixtel) y “premilenistas” (Ironside Harry, Barhounse P. G., Case Shirley…)— son los que enseñan que el Milenio no es otra cosa que este tiempo, es decir, todo el “reinado” de la Iglesia desde la Ascensión de Cristo; y que así debe interpretarse el XX del Apocalipsis, es decir, corno una “alegoría” de la actual vida de la Iglesia, excepto tres versículos del medio (7 a 10) que ésos sí se refieren literalmente al fin del mundo. De donde no hay “resurrección primera y segunda”, como dice el texto, sino una sola.
Si se les dice cómo es posible que esa alegoría que debiera estar al comienzo, siendo como es según ellos una especie de resumen general, está al FIN DEL APK.: responden que es debido al fenómeno de la “recapitulación” (vuelta atrás o resumen) que es propio del Apk. Si se les pregunta cómo la misma palabra “éxesan” o “resucitar” tiene dos sentidos diversos en el mismo párrafo; cómo el feroz jinete blanco, espada desenvainada y salpicado de sangre puede representar al Niño Dios en el seno de María Virgen; o cómo se puede decir que ahora, cuando yo esto escribo, Satanás está ligado con cadenas y no puede tentarme a mí ni a ningún otro, maldita sea mi arma; —a éstas y otras preguntas responden que ése es el estilo alegórico propio del Apk.
No es nuestra intención en este libro ni impugnar ni defender esta sentencia sino decir lo que ellos dicen con toda fidelidad —”objetividad”, que dicen hoy día.
De modo que la interpretación deste pasaje (“esjatológico” según los Milenistas y según ellos solamente “mesiánico”) sería la siguiente:
El “Jinete Real” vestido de blanco es Cristo en su Encarnación (Cap. XIX).
Mirémoslo en el texto: es un guerrero con veste manchada de sangre, en un caballo que trae sangre hasta las verijas, y con una espada en la boca a la manera de un pez-espada, que se despeña con gran estruendo del cielo seguido de un ejército blanco a pisar el lagar de la ira del Dios Omnipotente; de modo que las aves del cielo tengan cadáveres para comer muchos días; esta alegoría representa al Niñito Jesús antes de nacer.
“Y fueron aprehendidos la Fiera y el Pseudoprofeta y echados al estanque” —significa la caída de la idolatría después de la muerte de Cristo.
“Y los demás fueron muertos por la espada del Jinete, que sale de su boca, y todas las aves de rapiña se saciaron de sus carnes” —significa la conversión de los idólatras e infieles.
“Y vi un Ángel bajando del cielo con la llave del Abismo y una cadena grande… y prendió a Satanás y lo encadenó por mil arios… y cerró y selló”…
Esto significa simplemente que ahora en este tiempo el diablo no puede tentarme a mí nada; o por lo menos, no tanto como me tentaría antes de la Encarnación de Cristo.
“Y después conviene sea soltado un poco de tiempo”.
(Esto será en los tiempos del Anticristo).
“Y vi sedes y se sentaron sobre ellas”.
(Esto significa los tronos de los Obispos cristianos).
“Y se les dio el poder de juzgar”.
(¡Los Obispos! No hay duda).
“Y las almas de los degollados por testimoniar a Jesús, y el Verbo de Dios, y los que no adoraron la Fiera, ni su imagen, ni aceptaron su marca en sus frentes o sus diestras, vivieron y reinaron con Cristo mil años…”.
Estos serían en esta exégesis los antiguos mártires que están en el cielo (las almas) reinando con Cristo MIL Años —o sea toda la eternidad (!).
“El resto de los muertos no vivieron hasta que se cumplan mil años. Y esta es la resurrección primera”. Aquí “resurrección” significa la vida invisible de la gracia de Dios en el alma y la “resurrección primera” es por tanto el bautismo. ¿Y por qué los llama “muertos”? ¡Muertos por el pecado! ¿Y quiénes son “el resto de los muertos que no resucitaron”? Todos los infieles.
“Dichoso y santo quien tiene parte en la resurrección primera; en estos no tiene poder la muerte segunda”. La muerte segunda es el infierno. Pero ¿no debería ser la tercera, dado que la primera es la muerte del pecado, la segunda Nuestra Hermana la Muerte Corporal, y el Infierno entonces la tercera? No hay que pedirle mucha aritmética a la Sagrada Escritura… (!).
“Y habiéndose cumplido los mil años…”
Lo que sigue hasta el versículo 10, como está dicho, debe interpretarse literalmente del Anticristo: el Profeta interrumpe no se sabe por qué su alegoría de la actual Iglesia Militante y se vuelve de nuevo esjatológico; es decir apokalíptico. Predice derechamente el Anticristo y el Fin del Mundo; después de lo cual continúa con su “recapitulatio”. Lo que sigue o “segunda resurrección” hasta el fin del asendereado capítulo significa el Juicio tanto Particular como Universal, y la gloria del Cielo, o su pérdida eterna. Aquí la palabra “resucitar” está tomada en sentido propio y no metafórico. Entonces ¿cómo se atribuye “segunda resurrección” a los condenados que no han tenido la primera, es decir la gracia? Es por sinécdoque, hendíadis y katakálasis; o alguna otra figura literaria.
Ver esta interpretación aunque no tan detallada en el libro del P. Bonsirven” L’ Apocalyse de Saint Jean”, Verbum Salutis XVI, Beauchesne, París 1951; como ejemplo de innumerables trataditos y manualitos y de muchísimas Biblias anotadas a la moda; como las editadas por Kraft en la Argentina.
Esta interpretación suele atribuirse a San Agustín; en su lugar veremos hasta donde puede decirse eso.
Lo único que añadiremos aquí son las palabras muy rectas de uno de estos “alegoristas”, el Pastor protestante Georges Murray de Boston, citando a Barnhouse D. G., que son como sigue:
“Todas esas promesas de los Profetas tienen que cumplirse; si no se cumplen ¿qué confianza podemos poner en la Biblia? Si este cambio en la tierra, el mar, los aires y sobre todo el hombre mismo no viniera, mejor nos fuera tirar nuestras Biblias por la ventana, pues no podríamos tener confianza alguna ni siquiera en lo que dicen acerca de nuestra inmortalidad personal, las promesas del Más Allá y el poder de Jesús Resucitado”. (Recte dixisti)
***
Debido a la expansión del milenarismo carnal se produjo entre varios Padres de la Iglesia especialmente San Jerónimo y San Agustín, una reacción adversa a la exégesis milenarista, sin diferenciar y muchas veces confundiendo al carnal con el espiritual. Lo que llevó a que la Iglesia se inclinara por la exégesis alegórica del capítulo XX del Apocalipsis sin llegar, en todo caso, resolver magisterialmente la controversia.
La exégesis Milenarista fue retomada y reintroducida en América gracias a la obra del sacerdote Jesuita chileno Manuel Lacunza, quien a fines del siglo XVIII escribió “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad”, obra impresa en España e Inglaterra y que tuvo gran difusión en la Argentina, hasta que el Santo Oficio prohibió, en 1819, su lectura colocándola en el Índice de libros prohibidos sin condenar la obra y a su autor. (Sobre este asunto puede el lector revisar lo escrito por Marcelino Menendez Pelayo en el Libro VI, Adición al Capítulo IV de su obra "Heterodoxos Españoles" N. de Cristo Vuelve)
En torno al primer centenario de las independencias americanas, en la la primera mitad del siglo XX, resurge el estudio del milenarismo, conociendo a numerosos estudiosos, tanto en la Argentina como en Chile, hasta que se volvió a “prohibir” su enseñanza a todo el continente según nos lo explica a continuación el Padre Castellani. Ahora bien, ¿en qué consistió exactamente dicha “prohibición” y a qué exégesis se aplica?
***
CONDENA DEL MILENISMO (cfr. La Iglesia Patrística y la Parusía, Alcañiz- Castellani, págs.. 349-353)
Otra cosa es forzoso aclarar.
Hallamos en muchos autores, incluso “serios”, el aserto de que “el milenismo ha sido condenado”. O “lo será”. O “debe serlo”. Eso es falso.
El milenismo carnal o “kiliasmo” SÍ, ha sido condenado.
¿Dónde?
No hay ningún decreto Conciliar o Pontifical condenatorio del que nosotros sepamos. En la recopilación del Denzinger se nombra ciertamente a Kerinthos pero no como milenista sino como negador de la divinidad de Cristo —como muchos judíos actuales, Kerinthos parece haber aceptado a Cristo como Mesías o Profeta, pero no como hijo de Dios— en la condena a los Ebionitas (“Ebionem, Cerinthum, Marcionem, Paulum Samosatenum, Photinum… qui… Jesum Christum Dominum Nostrum verum Deum esse negaverunt:…), en el Decreto para los Jacobitas del Concilio de Florencia, 1438, Denz. 710.
Los que hubieren leído los 12 tomos del Mansi, si acaso han hallado la condena expresa del milenismo camal, haríannos favor nos la indicando.
Pero el Kiliasmo Kerinthiano está seguramente condenado en los escritos de los Santos Padres; en lo que llaman “el magisterio ordinario”. Ni una sola línea de las que escribió Kerinthos nos ha llegado; lo cual puede explicar la ausencia de condena expresa y formal. No conocemos propriis terminis la herejía de Kerinthos.
Los Santos Padres se desencadenan contra ella, algunos con verdadera furia; por su afirmación de que habría bodas después de la resurrección (entre los resurgidos); contra la afirmación del Evangelio, Lc., XX, 27.
El milenismo espiritual por el contrario no ha sido condenado, ni jamás lo será: la Iglesia no va a serruchar la rama donde está sentada; es decir, la Tradición.
Hubo hace poco dos decretos disciplinares para la América del Sur de una Sacra Congregación Romana en que se prohíbe enseñar como “peligroso” (sin condenarlo como “erróneo”) una especie de milenismo. ¿Qué especie?
Aquel que sostiene que “Cristo reinará corporalmente en la tierra”, dice el primer decreto informativo al arzobispo de Santiago de Chile; “visiblemente”, corrige el 2° decreto, extendido a toda la América del Sur (11-VII-1940 y 28-VII-1944).
En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra. Resp.: El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad. (DZ 2296).
La corrección del adverbio “corporaliter” sustituido por “visibiliter” es fácil de comprender. El alegorista que redactó el primer decreto no advirtió quizá que sin querer se condenaba a sí mismo. En efecto, los alegoristas o antimilenistas sostienen como hemos visto que el profetizado Reino de Cristo en el universo Mundo es este de ahora, es la Iglesia actual tal cual. ¿Y cómo reina ahora Cristo en este reino? Reina desde el Santísimo Sacramento. ¿Está allí corporaliter? Sí.
Había que corregir rápidamente eso.
Está pues prohibido enseñar en Sudamérica que Cristo reinará visiblemente desde un trono en Jerusalén sobre todas las naciones; presumiblemente con su Ministro de Agricultura, de Trabajo y Previsión y hasta de Guerra si se ofrece.
Muy bien prohibido. Teología a la Fulton Sheen. “Teología para negros”, llama a esta fábula Ramón Doll. Con perdón de los negros.
Ningún Santo Padre milenista —y hay muchos, como hemos visto— o quier escritor actual serio, ha descripto así el Reino de Cristo. Simplemente no añaden nada de su cosecha, que sería temeridad, a lo que el Evangelista y los Profetas dicen; y ellos no dicen tal cosa.
Uno es libre de imaginar como quiera o pueda el futuro Reino; pero no de “enseñar” sus propias imaginaciones. Yo no enseño “ni huno ni hotro, ch’amigo”: ni a Kerinthos ni a San Ireneo: tengo otras cosas que enseñar. (Con pesar me veo obligado a hablar de mí, porque una persona que enseña, y por cierto con (cierta) autoridad, me ha difamado enseñando autoritativamente que yo soy milenista).
Quisiera ser San Ireneo de Lyon. No me da el cuero para tanto. No tengo talento suficiente para zanjar un problema tan difícil. Lo que en mi fuero interno para mí tengo, eso es cosa entre Dios y yo; que no le incumbe nada al desaprensivo difamador.
Dije arriba que la Iglesia NUNCA CONDENARÁ el milenismo espiritual; y he aquí mis razones:
La Iglesia enseña que las dos fuentes de la doctrina revelada son la Escritura y la TRADICIÓN. La tradición de la Iglesia Primitiva (la más importante de todas) durante cuatro siglos por lo menos ha sido milenista. Aunque fuese una tradición “dudosa” (como dicen y no parece) la Iglesia Romana no se arriesgaría a condenarla; incluso por simple “política”; quiero decir, buen gobierno. Condenarla sería como guadañarse los pies queriendo guadañar la cizaña.
Los Protestantes niegan la Tradición como fuente autoritativa. Cuando estalló el gran movimiento de la Reforma, dos doctores protestantes, Dallaeus y Dedóminis, argumentaron contra la Tradición diciendo: la Tradición primitiva se equivocó, pues sostuvo el milenismo, el cual es falso, según la Iglesia romana deste tiempo. Si la Iglesia romana condenara el milenismo espiritual haría bueno el argumento Dellaeus. Y ya no se podría saber seguro cuál cosa era “tradición”, y cuál no era tradición.
Y tampoco se podría saber cierto cómo interpretar la Escritura; porque si todo el Cap. XX del Apokalipsi es “mishdrash”, o sea, puro mito o alegoría ¿por qué no lo será todo el Apokalipsi? ¿Y por qué no toda la Escritura, si vamos a eso? ¿Por qué no la resurrección de Cristo? ¿Por qué no su nacimiento partcnogénico? Eso dicen hoy día los “Teólogos” modernistas y protestantes liberales. Dicen que son solamente símbolos o metáforas, no realidades.
Un último punto curioso deseo brevemente relevar: muchos de los actuales alegoristas, si no todos, son en el fondo milenistas carnales. En efecto, negando el postparusíaco Reino de Cristo, se ven obligados a reponer el cumplimiento de las profecías en un futuro gran triunfo temporal de la Iglesia antes de la Segunda Venida; o sea, en una “Nueva Edad Media” (ver Berdiacff y también R. H. Benson en “The Dawn of All”) con el Papa como Monarca Temporal Universal, comandando ejércitos de alegres “jocistas” en bicicleta y camiseta de sport… Coinciden con el sueño de la Sinagoga antes de la Primera Venida.
Coinciden también helás con la extraña visión de milenismo ateo de Carlos Marx; no menos que con las barrocas promesas de la muy extendida secta protestante judaizante llamada en Norteamérica “la Nueva Dispensación”. Son todos pájaros de la misma pluma. Lo último de lo último que debieran (o no debieran) hacer, es tacharme a mí de “milenarista”, como dicen ellos.

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