jueves, 2 de noviembre de 2017

Martirologio Romano 2 de noviembre


CONMEMORACIÓN DE
LOS FIELES DIFUNTOS

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS

Bienaventurados los muertos
que mueren en el Señor.
(Apocalipsis 14, 13)


  • En este día, la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos; en la cual la Iglesia, piadosa y común Madre, después de haber procurado celebrar con debidos honores a todos sus hijos, que ya se regocijan en el cielo, cuida solícitamente de ayudar también con poderosos sufragios, ante su Señor y Esposo Cristo, a todos los que aun gimen en el Purgatorio, para que puedan cuanto antes llegar a la compañía de los ciudadanos del cielo.
  • En Pettau de Pannonia superior, el triunfo de san Victorino, Obispo de la misma ciudad, el cual, después de haber escrito muchos libros, según refiere san Jerónimo, en la persecución de Diocleciano fue coronado del martirio.
  • En Trieste, el suplicio de san Justo, que en la misma persecución, bajo el Presidente Manacio consumó el martirio.
  • En Sebaste de Armenia, los santos Carterio, Estiriaco, Tobías, Eudoxio, Agapio y Compañeros Mártires, en tiempo del Emperador Licinio.
  • En Persia, los santos Mártires Acíndino, Pegasio, Aftonio, Elpidíforo y Anempodisto, con muchísimos Compañeros.
  • En África, el triunfo de los santos Mártires Publio, Víctor, Kermes y Papías.
  • En Tarso de Cilicia, santa Eustoquio, Virgen y Mártir, la cual, en tiempo de Juliano Apóstata, después de crueles tormentos, puesta en oración, entregó su espíritu.
  • En Laodicea de Siria, san Teódoto, Obispo, que resplandeció, no sólo por su elocuencia, sino también por sus obras y virtudes
  • En Viena de Francia, san Jorge, Obispo.
  • En el monasterio de Acauno en Francia, san Ambrosio, Abad.
  • En Ciro de Siria, san Marciano, Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


CONMEMORACIÓN 
DE LOS FIELES DIFUNTOS


Un santo ermitaño se cruzó en el camino con un monje de Cluny y le rogó dijese a San Odilón, abad de ese monasterio, que los demonios se quejaban por el número de almas que sus oraciones y la de sus religiosos libraban del purgatorio. En cuanto lo supo, el santo abad ordenó a toda su Orden que consagrara el segundo día de noviembre para orar por la liberación de las almas del purgatorio. Esto fue en el año 998. Esta costumbre, adoptada enseguida por otros monjes y por la diócesis de Lieja en 1008, se extendió gradualmente en todo el Occidente.



MEDITACIÓN
SOBRE LAS ALMAS DEL PURGATORIO


I. Las almas del purgatorio sufren la pena de daño, porque están privadas de la vista de Dios. ¡Qué cruel es esta separación! La naturaleza y la gracia los impulsan violentamente hacia Dios, pero no pueden llegar hasta Él. Lo que les causa más pena es ver que su dicha es aplazada porque, en la tierra, gozaron de algunos leves placeres que les estaban prohibidos. Ten piedad de estas almas y, con tus mortificaciones, trabaja por retirarlas de esta triste morada.

II. Estas almas son atormentadas por el mismo fuego que atormenta a los condenados, su pena es la misma; la única diferencia está en que los condenados sufrirán toda la eternidad y las almas del purgatorio solamente un tiempo. Puedes abreviar este tiempo con tus oraciones, ayunos y limosnas. ¿Negarás esta caridad a tus padres, a tus hermanos cristianos que te la piden? Oye su queja: ¡Tened piedad de mí, tened piedad de mí, por lo menos vosotros que fuisteis mis amigos!

III. Estas santas almas, sin embargo, tienen consuelos en medio de sus suplicios, porque están resignadas a la voluntad de Dios que en ellas se cumple para purificarlas, y porque ven, por un lado, el infierno que evitaron, y por el otro, el cielo que las espera. Cristianos, aprended de ellas cómo hay que sufrir y pasad lo más que podáis vuestro purgatorio en esta vida; sufrid con la misma fortaleza y la misma esperanza que las almas del purgatorio. Señor, purificadme en esta vida, a fin de que después de esta vida escape de las llamas del purgatorio (San Agustín).


La devoción a las almas del purgatorio.
Orad por su liberación.


ORACIÓN
Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.



Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo IV, Patron Saints Index.









Sea todo a la mayor gloria de Dios.


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