viernes, 24 de noviembre de 2017

Martirologio Romano 24 de noviembre


SAN JUAN
DE LA CRUZ

Confesor y Doctor de la Iglesia
n. 24 de junio de 1542 en Fontiveros (Ávila), España;
† 14 de diciembre de 1591 en Úbeda, España

Patrono de místicos; teología mística; vida contemplativa; poetas españoles.

La caridad no tiene envidia,
no obra precipitada.
(1 Corintios 13, 4)

  • San Juan de la Cruz, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia. compañero de santa Teresa en la reforma de los Carmelitas; de cuya muerte se hace mención el 14 de Diciembre.
  • El mismo día, el triunfo de san Crisógono, Mártir, el cual, después de prolongadas prisiones y cárceles sufridas por confesar constantísimamente a Cristo, de orden de Diocleciano fue conducido a Aquilea, y finalmente, cortada la cabeza y arrojado al mar, consumó el martirio.
  • En Roma, san Crescenciano, Mártir, de quien se hace mención en el martirio de san Marcelo Papa.
  • En Corinto, san Alejandro, Mártir, que en tiempo de Juliano Apóstata y del Presidente Salustio, combatió por la fe de Cristo hasta la muerte.
  • En Perusa, san Felicísimo, Mártir.
  • En Ameria de Umbría, santa Fermina, Virgen y Mártir, la cual, en la persecución del Emperador Diocleciano, después de varios tormentos, suspendida y quemada con hachas encendidas, entregó su inmaculado espíritu a Dios.
  • En Córdoba de España, las santas Vírgenes y Mártires Flora y María, que en la persecución Arábiga, al cabo de una larga prisión, fueron pasadas a cuchillo.
  • En Milán, san Protasio, Obispo, que en el Concilio Sardicense, delante del Emperador Constante, defendió la causa de san Atanasio, y habiendo pasado muchos trabajos por la Iglesia que se le había confiado y por la religión, finalmente pasó a gozar de Dios.
  • En el territorio de Auvernia, san Ponciano, Abad, que reinando Teodorico resplandeció en milagros. De él tomó su nombre, así el monasterio que el Santo gobernó, como el pueblo que más tarde se levantó en aquel lugar.
  • En Blaye de Francia, san Román, Presbítero, cuya santidad es atestiguada por la gloria de los milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN JUAN DE LA CRUZ
Confesor y Doctor de la Iglesia

San Juan de la Cruz, de la Orden Carmelitana y émulo de Santa Teresa, tenía tal amor por Dios, que bastaba la vista de un crucifijo para fundirlo en lágrimas y hacerlo caer en éxtasis. Tres cosas pedía frecuentemente al Señor: la primera, no pasar día sin sufrir; la segunda, no morir siendo superior, y la tercera, acabar su vida en la humillación, el desprecio y la soledad. Fue escuchado. Las odiosas persecuciones de que fue objeto durante mucho tiempo, hasta la misma prisión, no hicieron sino aumentar su dicha. A punto de morir exclamó ¡Gloria a Dios! y, después, apretando el crucifijo sobre su corazón, extinguiose dulcemente el 14 de diciembre de 1591, a la edad de 49 años.

MEDITACIÓN
SOBRE LA ENVIDIA

I. Nada hay que el cristiano deba evitar más que la envidia, porque allí donde ella reina no hay caridad, ni humildad, ni tranquilidad de espíritu. La envidia nos hace enemigos de Dios, de nuestro prójimo y de nosotros mismos. Lo más raro es que el envidioso se hace más mal a sí mismo que a los demás. La dicha del prójimo tórnalo miserable y lo condena; se aflige a sí mismo sin poder hacer mal a los otros. El envidioso es el enemigo de su salvación más todavía que del prójimo (San Cipriano).

II. Tiénese envidia de los bienes del espíritu y de los bienes del cuerpo, de los bienes de la naturaleza y de los bienes de gracia. ¡Qué locura envidiar en tu prójimo aquello que Dios, en su liberalidad, le concedió, o aquello que él adquirió mediante su trabajo! Los bienes de la tierra muy poca cosa son para que sean objeto de tu envidia; en cuanto a los dones y favores de Dios, si los deseas, eres un insensato envidiando a los demás, porque éste es el medio, precisamente, con que no los obtendrás.

III. Para corregirte de este vicio, hay que buscar las fuentes, que son la vanidad y la falta de caridad. Considera, además, las penas que te causa la envidia y los pecados que te hace cometer; arruina tu salud y tu reputación. ¡Desdichado! ¡Imita el bien que ves en los demás, y no tendrás motivo para envidiarlos! Si no puedes imitarlos, alégrate de que practiquen la virtud y sigan el camino del cielo; es la manera de participar de sus méritos. Imita a los buenos, si puedes; si no puedes, alégrate con ellos (San Cipriano).

La modestia en la Iglesia
Orad por los sacerdotes


ORACIÓN
Oh Dios, que habéis hecho de San Juan de la Cruz, vuestro confesor y Doctor, un amante apasionado de la Cruz y de la perfecta abnegación de sí mismo, concedednos la gracia de llegar, caminando por sus huellas, a la gloria eterna.
Por J. C. N. S.



Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo IV, Patron Saints Index.






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