miércoles, 29 de noviembre de 2017

Martirologio Romano 29 de noviembre


SAN SATURNINO
Mártir

† martirizado hacia el año 309 en la vía Salariana, Roma

Los hijos de este siglo son más sagaces,
en sus negocios, que los hijos de la luz.
(Lucas 16, 8)

  • En Roma, en la vía Salaria, el triunfo de los santos Mártires Saturnino, anciano, y Sisinio, Diácono, en el imperio de Maximiano; a los cuales, después de maltratarlos con larga prisión, ordenó el Prefecto de la ciudad suspender en el potro, estirar con nervios, azotar con palos y escorpiones, aplicar teas encendidas y, bajándolos del ecúleo, degollarlos.
  • En Tolosa de Francia, san Saturnino, Obispo, el cual, en tiempo de Decio, fue detenido por los Paganos en el Capitolio de aquella ciudad, y precipitado desde lo más alto de aquel alcázar por toda la gradería; con que rota la cabeza, saltados los sesos y destrozado todo el cuerpo, entregó su digna alma a Cristo.
  • Igualmente, el suplicio de los santos Paramón y trescientos setenta y cinco Compañeros, en tiempo del Emperador Decio y del Presidente Aquilino.
  • En Ancira de Galacia, san Filomeno, Mártir, el cual, en la persecución del Emperador Aureliano, siendo Presidente Félix, probado con el fuego, taladrados con clavos pies y manos, y últimamente la cabeza, consumó el martirio.
  • En Véroli de los Hérnicos, los santos Mártires Blas y Demetrio.
  • En Todi de Umbría, santa Iluminada, Virgen.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.





SAN SATURNINO
Mártir


San Saturnino fue detenido y arrojado en una prisión durante la persecución de Diocleciano. Después de haber sufrido mucho en su mazmorra, fue sacado de ella para ser extendido en el potro; pero como las torturas ordinarias no podían doblegarlo a sacrificar a los dioses, le machucaron el cuerpo a bastonazos y le quemaron los costados con antorchas ardientes. Por fin fue decapitado junto con el diácono Sisino, y sus cuerpos fueron enterrados a dos millas de Roma, en la vía Salariana, el año 309.


MEDITACIÓN
SOBRE LA VERDADERA PRUDENCIA DEL CRISTIANO

I. La verdadera prudencia del cristiano consiste en regular la vida según las máximas del Evangelio; hay que mirar las cosas de este mundo con los ojos de la fe. El hombre político, el médico, el orador siguen las reglas de su respectivo arte: ¡Sólo el cristiano quiere hacer profesión de cristianismo sin observar sus preceptos! Se declara discípulo del Evangelio no obstante vivir una vida contraria al Evangelio. Leen el Evangelio y se entregan a la impureza; se dicen discípulos de una ley santa y llevan una vida criminal (Salviano).

II. ¿De qué proviene que no obremos según las máximas del Cielo? Es que no meditamos lo suficiente. ¿Podríamos acaso amar las riquezas y los placeres, si pensásemos seriamente en la muerte que está próxima, en el juicio que le sigue, en la eternidad de dicha o de infelicidad que será nuestra herencia?

III. Sería menester meditar cada día una verdad del Evangelio y elegir una de ellas en particular con la que entretuviésemos nuestra alma, que fuera como nuestro lema y nuestro grito de guerra en nuestra lucha contra el demonio. Los santos tuvieron su divisa particular; San Francisco: Mi Dios y mi todo; Santa Teresa: O padecer o morir; San Ignacio de Loyola: A la mayor gloria de Dios; el cardenal de Bérulle: Nada mortal para un corazón inmortal. Siguiendo el ejemplo de estos grandes hombres, elige en la Escritura o en los Padres una palabra y no la pierdas de vista. ¿De qué sirve al hombre ganar todo el universo, si llega a perder su alma?

El deseo de la sabiduría
Orad por los prisioneros


ORACIÓN
Oh Dios, que nos concedéis la alegría de celebrar el nacimiento al cielo del bienaventurado Saturnino, vuestro mártir, concedednos la gracia de ser asistidos por sus méritos.
Por J. C. N. S.




Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo IV, Patron Saints Index.





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