martes, 19 de diciembre de 2017

Martirologio Romano 19 de diciembre


SAN NEMESIO
Mártir

† martirizado en el año 307 en Alejandría, Egipto


Estoy persuadido de que los sufrimientos de la vida presente
no son de comparar con aquella gloria venidera,
que se ha de manifestar en nosotros.
(Romanos 8, 18)

  • En Mauritania, san Timoteo, Diácono, que, por la fe de Cristo, al cabo de dura prisión, arrojado al fuego, consumó el martirio.
  • En Alejandría, san Nemesio, Mártir, el cual, acusado primero falsamente de ladrón ante el Juez y vista su inocencia, quedó libre; después, en la persecución de Decio, delatado al Juez Emiliano como discípulo de Cristo, por el mismo Juez fue dos veces atormentado y finalmente quemado con unos ladrones, a semejanza del Salvador, que entre ladrones fue crucificado.
  • En Nicea de Bítinia, los santos Mártires Darío, Zósimo, Pablo y Segundo.
  • En Nicomedia, los santos Mártires Ciríaco, Pablito, Segundo, Anastasio, Sindimio y sus Compañeros.
  • En Gaza de Palestina, el martirio de las santas Méuris (o Maura) y Tea.
  • En Roma, el tránsito de san Anastasio I, Papa, varón de muy rica pobreza y celo apostólico; al cual, como dice san Jerónimo, no mereció Roma poseer mucho tiempo, porque tal Obispo no viese la ruina de la ciudad cabeza del mundo; pues a poco de su muerte Roma fue entrada a saco y destruida por los Godos.
  • En Auxerre, san Gregorio, Obispo y Confesor.
  • En Orleáns de Francia, san Adyuto, Abad, ilustre por el espíritu de profecía.
  • En Roma, santa Fausta, que fue madre de santa Anastasia, e insigne por su nobleza y piedad.
  • En Aviñón, san Urbano V, Papa, que, por haber restituido la Sedé Apostólica a Roma, llevado a cabo la unión de los Griegos con los Latinos y reprimido a los infieles, fue muy benemérito de la Iglesia. Su culto, ya muy antiguo, lo aprobó y confirmó el Sumo Pontífice Pío IX.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SAN NEMESIO
Mártir

San Nemesión o Nemesio, detenido como culpable de robo, probó su inocencia y ya estaba por ser puesto en libertad, pero fue inmediatamente acusado de nuevo como cristiano durante la persecución de Decio y confesó generosamente esta fe, de la que se le acusaba como de un crimen. Fue condenado a ser quemado con unos malhechores. Estimó una dicha terminar su vida como su divino Maestro en medio de facinerosos.

MEDITACIÓN
SOBRE LOS SUFRIMIENTOS

I. ¡Todos hemos ofendido a Dios y no queremos sufrir algo para apaciguar su cólera! Nuestros pecados nos han merecido el infierno, y cuando Dios, para evitarnos tormentos eternos, nos envía cortas y ligeras pruebas, nos derramamos en quejas y gemidos. ¿Qué condenado habría que no aceptase con placer el favor que con ello nos dispensa? Sufre, pues, con este pensamiento: Lo que yo sufro es poca cosa comparada con el infierno que he merecido.

II. Los sufrimientos de esta vida son poca cosa en comparación con los consuelos que Dios nos envía, cuando sufrimos animosamente por amor suyo. Estos consuelos son tan grandes, que embotan el aguijón del dolor; si los santos lloran en la soledad, lo hacen de gozo; si se quejan en el patíbulo, a menudo es porque la abundancia de los consuelos les impide gustar la hiel y la amargura del dolor.

III. ¡Cuán insignificantes son nuestros sufrimientos si los comparamos con la gloria que se nos promete en recompensa! ¡Por un momento de dolor, una eternidad de dicha! Además, el dolor nunca es universal, siempre va templado con algún consuelo; el gozo, por el contrario, será universal y sin mezcla de dolor alguno. Cuán leves parecerán nuestros dolores si pensamos en estas tres verdades. Los sufrimientos de esta vida nada son comparados con las faltas que hemos cometido, nada en comparación con los consuelos que se nos prodigan y de la gloria que se nos promete (San Bernardo).

La paciencia.
Orad por los afligidos.


ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado Nemesión, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. 
Por J. C. N. S.





Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo IV, Patron Saints Index.







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