domingo, 11 de febrero de 2018

Martirologio Romano 11 de febrero


NUESTRA SEÑORA
DE LOURDES

En cuanto a mí de nada me gloriaré,
sino de mis flaquezas.
(2 Corintios 12, 5)

  • En Lourdes de Francia, la Aparicion de la bienaventurada Virgen María Inmaculada.
  • En Andrinópolis de Tracia, los santos Mártires Lucio, Obispo, y sus compañeros, en tiempo de Constancio. Lucio, habiendo padecido muchísimo de loas Arrianos, consumó el martirio en la prisión; los otros, los más nobles de la ciudad, por no querer comunicar con los Arrianos anatematizados a la sazón en el Concilio Sardicense, fueron condenados a muerte por el Conde Filagrio.
  • En África, el triunfo de los santos Mártires Saturnino, Presbítero,Dativo, Félix, Ampelio y sus Compañeros; los cuales, en la persecución de Diocleciano, acudiendo, como de costumbre, a solemnizar el Domingo, presos por los soldados, padecieron el martirio por orden del Procónsul Anolino.
  • En Numidia, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que, apresados en la misma persecución, y no queriendo, conforme al edicto imperial, entregar las divinas Escrituras, con atrocísimos suplicios fueron atormentados y muertos.
  • En Roma, san Gregorio II, Papa, que resistió acérrimamente a la impiedad de León Isáurico, y envió a Alemania a san Bonifacio a predicar el Evangelio.
  • También en Roma, san Pascual I, Papa, que sacó de las criptas muchos cuerpos de santos Mártires, y los colocó honoríficamente en diversas Iglesias de la Ciudad.
  • En Ravena, san Calócero, Obispo y Confesor.
  • En Milán, san Lázaro, Obispo.
  • En Capua, san Castrense, Obispo.
  • En Castro-Landón de Francia, san Severino, Abad del monasterio de Acauno, por cuyas oraciones el piadoso Rey Clodoveo curó de una larga enfermedad.
  • En Egipto, san Jonás, Monje, esclarecido por sus virtudes.
  • En Viena de Francia, la Traslación del cuerpo de san Desiderio, Obispo y Mártir, desde el territorio de Lyon, en que había padecido el martirio el 23 de Mayo.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

El 11 de febrero de 1858, la Santísima Virgen dignose mostrarse por primera vez a Santa Bernardita Soubirous; la última aparición tuvo lugar el 16 de julio de ese mismo año. Desde entonces, las peregrinaciones se han sucedido procedentes de todas las partes del mundo, y, en multitud, los enfermos han acudido a implorar a María Inmaculada. Muchos han obtenido una milagrosa curación, muchos otros han recibido la gracia de soportar sus padecimientos con espíritu de fe y de ofrecerlos a Dios.

MEDITACIÓN
SOBRE CÓMO ES PRECISO SOPORTAR LAS ENFERMEDADES

I. La enfermedad es un presente de Dios que, a menudo, nos es más útil que la salud. Dios tiene sus designios cuando nos envía una enfermedad: quiere castigarnos por nuestros pecados, o apartarnos de ellos, o bien ejercitar nuestra paciencia y dar nos ocasión de adquirir méritos. Si seriamente buscases la razón de tus sufrimientos, encontrarías que Dios quiere acosarte para que renuncies a tus vicios y lleves una vida más santa. No nos quejemos de nuestras enfermedades, ellas pueden ser para nosotros fuente de grandes virtudes (Salviano).

II. Sufre pacientemente los dolores de tu enfermedad, súfrelos de buena gana y por el amor de Dios. Mas, como Dios te impone el deber de velar por tu salud, recurre a los medios humanos. Sigue las prescripciones del médico y obedece a los que te cuidan. El que sufre tiene muchas ocasiones de practicar la virtud: aprovecha diligentemente estas ocasiones.

III. No murmures, no te impacientes; persuádete de que estás en tu lecho como en una cruz, y mira con qué paciencia sufrió Jesús en la suya. Para imitarlo, piensa en todos los pobres enfermos abandonados y en los suplicios de las almas del purgatorio; y recuerda que en las adversidades y en los sufrimientos es donde se reconoce al hombre virtuoso. En la adversidad, el pecador se queja y su impaciencia se derrama en blasfemias; el justo sufre con paciencia (San Cipriano).

La paciencia.
Orad por los enfermos.


ORACIÓN
Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen habéis preparado un digno santuario a vuestro Hijo, concedednos, os suplicamos, que, celebrando la aparición de María Santísima, obtengamos la salud del alma y del cuerpo. Por J. C. N. S.





Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.





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