martes, 27 de marzo de 2018

Martirologio Romano 27 de marzo


SAN JUAN,
Ermitaño

n. hacia el año 305 en Assiut, Egipto;
† hacia el año 394

Si alguien habla, que sea como si hablase Dios.
(1 Pedro 4, 11)

  • San Juan Damasceno, Presbítero, Confesor y Doctor de la lglesia y cuyo tránsito se conmemora el día 6 de Mayo.
  • En Drisípara de Panonia, san Alejandro, soldado, el cual, imperando Maximiano, después de haber tolerado por Cristo muchos suplicios y hecho muchos milagros, cortada la cabeza consumó el martirio.
  • En el Illírico, los santos Fileto, Senador, Lidia, su mujer, y sus hijos Macedón y Teoprepio; asimismo, Anfiloquio, Capitán, y Crónidas, Alcaide de la cárcel; los cuales, por la confesión de Cristo, superados muchísimos tormentos, alcanzaron la corona de la gloria.
  • En Persia, los santos Mártires Zanitas, Lázaro, Marolas, Narsetes y otros cinco, los cuales, por orden de Sapor, Rey de Persia, cruelísimamente muertos, merecieron la palma del martirio.
  • En Salzburgo de Nórico, san Ruperto, Obispo y Confesor, que propagó maravillosamente el Evangelio entre los Bávaros y Nóricos.
  • En Egipto, san Juan Ermitaño, varón de gran santidad, que entre otras señales de sus virtudes, lleno de espíritu profético, predijo al Emperador Teodosio sus victorias contra los tiranos Máximo y Eugenio.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.




SAN JUAN,
Ermitaño

San Juan guardó silencio casi continuo durante los 50 años que pasó sobre la roca que había elegido para su retiro. Sanaba a los enfermos dándoles aceite bendito, a fin de que se atribuyese el milagro a Dios por medio de este aceite más bien que a Dios por medio de sus oraciones. Decía que cuanto más se alejaba de los hombres, más gustaba del placer de estar con Dios. Predijo al emperador Teodosio las victorias que habría de obtener. ¿Es para asombrarse que conociese lo por venir? Dios manifiesta sus secretos a aquellos que larga y familiarmente conversan con Él.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS PALABRAS

I. Un cristiano jamás debe pronunciar una mala palabra; debe evitar con el mayor esmero las palabras deshonestas, las conversaciones demasiado libres, las blasfemias y las detracciones. Nada más fácil que pecar con palabras; difícil es, a menudo imposible, curar las heridas que se infieren con la lengua y reparar el perjuicio que se causa al prójimo con ella, ¿Te gustaría que se hablase de ti como hablas tú de los demás?

II. Evita aun las chanzas y las palabras inútiles. Si te habitúas a las burlas, muy pronto se deslizarán en tus conversaciones las palabras de doble sentido y las contrarias a la caridad; y, no pocas veces, preferirás herir la caridad o la modestia antes que callar una agudeza. Rendirás cuenta, en el día del juicio, hasta de la menor palabra inútil que hayas dicho. Concededme, Señor, la gracia de gobernar mi lengua; guardad mis labios (Salmo).

III. Para evitar todos estos defectos no has de hablar a menudo ni mucho. Si hablas mucho llegarás a ofender a Dios o al prójimo. Sabio te manifestarás si te callas; hombre de poco juicio si hablas mucho. Muy frecuentemente te arrepentirás de haber hablado, nunca de haber guardado silencio. Habla cuando tengas que decir algo bueno preferible al silencio; mas, cuando sea mejor callar que hablar, cállate (San Gregorio).

El silencio.
Orad por los religiosos.


ORACIÓN
Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis nuevo motivo de gozo con la fiesta del bienaventurado Juan, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos la que vivió en la tierra. Por J. C. N. S.




Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.



Visto en Tradición Católica



Sea todo a la mayor gloria de Dios.


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