martes, 31 de julio de 2018

Martirologio Romano 31 de julio


SAN IGNACIO DE LOYOLA,
Confesor

n. 1491 en Loyola, España;
† 31 de julio de 1556 en Roma, Italia

Patrono de los jesuitas y de la Compañía de Jesús;
retiros espirituales; soldados.

Haced todo a gloria de Dios.
(1 Cor. 10, 31)

  • En Roma, el nacimiento para el cielo de san Ignacio, Presbítero y Confesor, Fundador de la Compañía de Jesús, varón esclarecido en santidad y milagros, y celosísimo de propagar la religión católica por todo el mundo. El Sumo Pontífice Pío XI le constituyó en celestial Patrono de todos los Ejercicios espirituales.
  • En Milán, san Calimerio, Obispo y Mártir, el cual, en la persecución de Antonino, preso, acribillado de heridas, atravesada la cabeza con una espada y precipitado en un pozo, acabó la carrera de su martirio.
  • En Cesarea de Mauritania, el suplicio de san Fabio, Mártir, que, rehusando llevar las banderas del Presidente, fue primero encarcelado durante algunos días, y examinado después una y otra vez, como perseverase inconmovible en la confesión de Cristo, fue por el Juez condenado a pena capital.
  • En Sínada de Frigia Pacaciana, los santos Mártires Demócrito, Segundo y Dionisio.
  • En Siria, el martirio de trescientos cincuenta santos Monjes, que por defender el Concilio de Calcedonia, fueron muertos por los herejes.
  • En Ravena, el tránsito de san Germán, Obispo de Auxerre, muy esclarecido por su nacimiento, fe, sabiduría y gloriosos milagros, el cual libró enteramente la Gran Bretaña de las herejías de los Pelagianos.
  • En Tagaste de África, san Firmo, Obispo, ilustre por la gloria de su confesión.
  • En Sena de Toscana, la dichosa muerte de san Juan Columbino, que fue Fundador de la Orden de Jesuatos, y resplandeció en santidad y milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SAN IGNACIO DE LOYOLA, 
Confesor

La lectura de la vida de los santos inspiró a San Ignacio el amor a la santidad. Renunció a la gloria de las armas para alistarse bajo el estandarte de Cristo, y para trabajar por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Se retiró a la gruta de Manresa, en la que llevó una vida muy austera. Fue allí donde compuso su admirable libro de los Ejercicios espirituales. Comenzó a estudiar la lengua latina a la edad de 33 años, y durante su permanencia en la Universidad de París, atrajo a varios compañeros con los que echó las bases de la Compañía de Jesús. Murió en el año 1556.


MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE SAN IGNACIO

I. San Ignacio, en la soledad de Manresa, había trazado el plano del edificio espiritual que debía edificar durante toda su vida. Su libro de los Ejercicios espirituales es un resumen de lo que debe hacerse y de lo que él mismo hizo para llegar a la perfección. Comenzó por llorar sus pecados y expiarlos mediante ruda penitencia. Es el primer paso: lavar nuestros pecados con lágrimas. Así procedieron todos los santos; ¿los imitamos nosotros? Aunque no hubiésemos cometido sino un solo pecado mortal, sería suficiente para llorar hasta la muerte.

II. El segundo paso hacia la perfección, dice San Ignacio, es la imitación de Jesús que obra y sufre para la gloria de Dios y la salvación de los hombres. San Ignacio ha seguido paso a paso a este Modelo de los predestinados: después de su conversión llevó primero una vida escondida como Él; después se consagró por entero a la salvación del prójimo, sufriendo a causa de esto injurias, calumnias y prisión. ¿Cómo imitamos nosotros la vida oculta de Jesús, sus trabajos y sus sufrimientos? Sigamos la divisa de San Ignacio: Todo para la mayor gloria de Dios.

III. El tercer paso hacia la perfección, que tan alto elevó la santidad de San Ignacio, es la unión perfecta con Dios. Para llegar a ella, hay que desasirse del temor de todo lo que no sea Dios y darse enteramente a Él. Tenemos amor para las cosas de este mundo y no lo tenemos para Dios. ¡Todo amamos, todo buscamos, sólo Dios nada vale ante nuestros ojos! (Salviano).

El celo por la gloria de Dios.
Orad por las órdenes religiosas.


ORACIÓN
Oh Dios, que, para la mayor gloria de vuestro Nombre, habéis dado por el bienaventurado Ignacio un nuevo socorro a vuestra Iglesia militante, haced, que después de haber combatido en la tierra, siguiendo su ejemplo y bajo su protección, merezcamos ser coronados con él en el cielo.
Por J. C. N. S.



Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo III; Patron Saints Index.










Sea todo a la mayor gloria de Dios.

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