miércoles, 3 de junio de 2026

Santo Evangelio del Día 3 de junio

        

DE LA FERIA

Simple
(ornamentos verdes)




"Oh, Dios después de haber puesto mi confianza en tu misericordia.
Sea mi corazón el que se alegre por tu socorro; cante yo a Yahvé
por su bondad para conmigo."
(Salmos XII, 1)



Lección
¡Oh, profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios, y cuán insondables sus caminos! Porque ¿Quién ha conocido el pensamiento del Señor? O ¿Quién ha sido su consejero? O ¿Quién le ha dado primero, para que en retorno se le dé pago? Porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.
Romanos XI, 33-36


Evangelio
En aquel tiempo Dijo Jesús a sus discípulos: “Sed misericordiosos como es misericordioso vuestro Padre. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; absolved, y se os absolverá. Dad y se os dará; una medida buena y apretada y remecida y rebosante se os volcará en el seno; porque con la medida con que medís se os medirá”*. Les dijo también una parábola: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en algún hoyo? No es el discípulo superior al maestro, sino que todo discípulo cuando llegue a ser perfecto será como su maestro. ¿Cómo es que ves la pajuela que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, déjame que te saque la pajuela de tu ojo», tú que no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver bien para sacar la pajuela del ojo de tu hermano”.
San Lucas VI, 36-42



Catena Aurea

Crisóstomo, hom 1 in Epist. ad Col

El Señor había dicho que debemos amar a los enemigos. Para que no se crea que esto se dijo hiperbólicamente, pensando que sólo se les decía para aterrarlos, añade la razón de esto, diciendo: "Y si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?", etc. Muchas son las causas que producen el amor; pero el amor espiritual aventaja a todos los amores. Ningún miramiento humano puede producirle, ni la utilidad, ni el beneficio, ni la naturaleza, ni el tiempo, sino que baja del cielo. ¿Por qué te admiras si no necesita de favor para subsistir, y cuando no es pervertido por la enfermedad de los malvados? Un padre, cuando sufre injurias, rompe la alianza del amor; una consorte, después de la riña, abandona a su marido; un hijo, si ve a su padre muy anciano, se entristece; mientras que San Pablo iba a hacer bien a los que le apedreaban ( Hch 14) y Moisés, apedreado por los judíos, ora por ellos ( Ex 17). Respetemos, pues, las amistades espirituales, porque son indisolubles. Después, reprendiendo a los indolentes, añade: "Porque los pecadores también aman a los que los aman a ellos"; como diciendo: Porque quiero que vosotros hagáis algo más perfecto, no solamente os mando que améis a los amigos, sino también a los enemigos; hacer bien a los bienhechores, es común a todos. Da a conocer el Señor que pide un poco más que lo que acostumbran hacer los pecadores que sólo aman a sus amigos. De donde prosigue: "Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tendréis?".


San Gregorio Niceno, orat. 1 contra usurarios

El hombre debe evitar el celo que pueda dañar a otros y no debe exigir del que carece de riquezas aumentos de oro ni de plata, porque exigiría un fruto de metales, que son estériles; por lo que sigue: "Y dad prestado, sin esperar por eso nada", etc. Si alguno considera como robo, o como homicidio, la exagerada exigencia de los que prestan, no pecará. Porque ¿qué diferencia hay entre poseer un robo, horadando la pared, y poseer ilícitamente lo que la usura toma a los necesitados?


San Ambrosio

Tal es la recompensa de la misericordia, que da el derecho de la adopción divina. Pues sigue: "Y seréis hijos del Altísimo". Practica, pues, la misericordia para que merezcas la gracia. Inmensa es la benignidad de Dios: llueve sobre los ingratos; y la tierra fecunda no rehusa sus frutos a los malos. Por lo que prosigue, "Porque El es benigno para los ingratos y malos".


San Agustín, de quaest. evang. 2,8

Dice, pues, darán, porque sus discípulos recibirán la recompensa celestial por los méritos de aquellos a quienes hayan dado siquiera un vaso de agua en su nombre. Sigue: "Porque con la misma medida con que midiereis, se os medirá".


San Basilio

Con la misma medida con que cada uno de vosotros mide a los demás, obrando bien, o pecando, con la misma llevará los premios a los castigos.


San Cirilo

El Señor añadió a lo ya dicho una parábola muy necesaria; por lo que dice: "Y les decía también una semejanza". Sus discípulos habían de ser maestros de las generaciones venideras, por lo que convenía que ellos supiesen el camino de la conducta correcta, como teniendo la inteligencia iluminada por el brillo divino, a fin de que unos ciegos no guiasen a otros ciegos; y por esto añade: "¿Acaso podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el foso?". Mas si acontece que algunos llegan al mismo grado de virtud que los que la enseñan, deténganse en la medida de los que la enseñan y sigan sus huellas; de donde sigue: "No es el discípulo sobre el maestro". Por esto dice San Pablo: "Imitadme como yo imito a Jesucristo" ( 1Cor 4,16). No juzgando Jesucristo, ¿por qué juzgas tú? No vino al mundo a juzgar, sino a tener compasión.


Teofilacto

Si tú juzgas a otro, pecarás con los mismos defectos, ¿y entonces no te parecerás al ciego que guía a otro ciego? ¿Cómo enseñarás a obrar bien, si tú obras mal? El discípulo no es mejor que el maestro. Porque si tú, que te consideras como maestro y como guía, pecas, ¿Cómo obrará el que es enseñado y guiado por ti? Será perfecto el discípulo, cuando se parezca a su maestro.


San Cirilo

Esto es, purifícate tú primero de tus grandes pecados, y después verás el modo de salvar a tu hermano, que sólo comete pecados leves.


San Basilio

Parece, en verdad, que el conocimiento de sí mismo es el más difícil de todos. Ni el ojo que ve las cosas exteriores se ve a sí mismo, y hasta nuestro propio entendimiento, pronto para juzgar el pecado de otro, es lento para percibir sus propios defectos.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

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