martes, 2 de junio de 2015

Martirologio Romano 2 de junio

SANTOS MARCELINO1,
PEDRO2 Y ERASMO3,

1: Presbítero / 2: Exorcista / 3: Obispo
Mártires
1 y 2: † Decapitados en el año 304 en las afueras de Roma
3: † Martirizado (destripado) alrededor del año 303
en Formia, Italia

3: Patrono de los marineros; navegantes; mujeres en trabajo de parto; partos y alumbramientos. Protector contra los dolores abdominales; apendicitis; enfermedades y desórdenes intestinales y estomacales; cólicos; peligros del mar; dolores de parto; tormentas.


SANTOS MARCELINO, PEDRO Y ERASMO, Mártires

El reino de los cielos sufre violencia,
y los violentos se apoderan de él.
(Mateo 11, 12)


  • En Roma, el triunfo de los santos Mártires Marcelino, Presbítero, Pedro, Exorcista, los cuales, en tiempo de Diocleciano, por enseñar a muchos en la cárcel la doctrina cristiana, después de crueles prisiones y varios tormentos, fueron degollados por el Juez Sereno en un lugar, que se llamaba Selva Negra, y en adelante mudando el nombre, a honra de estos Santos, se llamó Selva Blanca. Sus cuerpos fueron sepultados en las catacumbas junto a san Tiburcio, y el Papa san Dámaso honró más tarde su sepulcro con un epitafio en verso.
  • En Campania, san Erasmo, Obispo y Mártir, que, en tiempo del Emperador Diocleciano, azotado primero con plomadas, después despiadadamente apaleado, y bañado luego con resina, azufre, plomo, pez, cera y aceite hirviendo, quedó ileso; más tarde, imperando Maximiano, fue nuevamente atormentado en Formio con diversos y atroces suplícios; pero conservole Dios la vida para que confortase a los demás; por último, llamándole a Sí el Señor, murió santamente con la corona de los Mártires. Su cuerpo fue más tarde trasladado a Gaeta.
  • En Lyon de Francia, los santos Mártires Potino, Obispo, Santo, Diácono, Vecio epágato, Maturo, Póntico, Átalo, Alejandro y Blandina, con otros muchos, cuyos esforzados y repetidos combates, en tiempo de Marco Aurelio Antonino y de Lucio Vero refiere una carta de la Iglesia de Lyon a las de Asia y Frigia. Entre estos santos, Blandina, de sexo más frágil, de cuerpo más débil y de condición más humilde, sufrió más largos y crueles tormentos, y, permaneciendo siempre constante, y siendo degollada, siguió a los demás, a quienes había animado al martirio.
  • En la isla de Proconeso de la Propóntide, san Nicéforo, Obispo de Conslantinopla, el cual, defendiendo acérrimamente las tradiciones paternas en favor del culto de las sagradas imágenes, se opuso constantemente a León Armenio, Emperador Iconoclasta, y por él relegado al destierro, allí mismo después de catorce años de un prolongado martirio, pasó al Señor.
  • En Roma, san Eugenio I, Papa y Confesor.
  • En Trani de la Pulla, san Nicolás, Peregrino Confesor, cuyos milagros fueron leídos en el Concilio Romano que presidió san Urbano II Papa.



Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SANTOS 
MARCELINO, PEDRO Y ERASMO

Pedro y Marcelino, encarcelados por orden de Diocleciano, convirtieron a la verdadera fe al guardián de la prisión, a su familia y a varias otras personas que habían acudido para ser testigos de una curación milagrosa que ellos habían obrado. El juez Sereno, para castigarlos, les infligió diversas torturas y los hizo decapitar.

Erasmo sufrió increíbles tormentos en la misma persecución de Diocleciano. Se le ajustó al cuerpo desnudo una coraza enrojecida al fuego; se le arrojó en seguida a una caldera llena de aceite hirviendo; pero un ángel lo transportó a la ciudad de Formia, donde murió a causa de sus heridas.



MEDITACIÓN
SOBRE LA DIFICULTAD QUE EXISTE PARA SALVARSE



I. Hay que combatir para ir al cielo; es una ciudadela difícil de tomar. El camino que a él conduce está regado del sudor, de las lágrimas y de la sangre de todos los héroes del cristianismo. Si quieres juntarte a ellos en el cielo, es preciso que camines sobre sus huellas. ¿Qué sufres tú para ganar el paraíso? ¿Qué te propones hacer en lo por venir? Bien poco estimas una eternidad de dicha, puesto que nada quieres sufrir para merecerla.

II. Hay que hacer violencia a todas las más dulces inclinaciones de la naturaleza. Amamos el honor, es preciso humillarse; buscamos el placer, es menester mortificarse; amamos las riquezas, hay que privarse de ellas. La vida de un cristiano de verdad es un estado de violencia continua para con la naturaleza; ¿estás en este estado? No te creas sin embargo que esta vida esté llena de tristeza, no; no hay placer más sólido que el de privarse, por amor de Dios, de todos los placeres (San Cipriano).

III. Ánimo, pues; la gracia de Dios supera las dificultades que la naturaleza creía insuperables. La virtud es muy conforme a la recta razón, aunque parezca contraria a la razón oscurecida por el pecado. No hace falta sino un poco de energía para querer ser santo; no deliberes, resuélvete prontamente y embiste las dificultades mayores; pronto despreciarás aquello que exitaba tus deseos y despertaba tus temores. Poco es menospreciar lo que te embelesaba, desprecia todo lo que te asustaba (San Agustín).



La mortificación.
Orad por la Patria.


ORACIÓN

Oh Dios, que todos los años nos dais un nuevo motivo de alegría con la solemnidad de vuestros mártires Marcelino, Pedro y Erasmo, haced, os lo suplicamos, que regocijándonos de sus méritos, nos decidamos a seguir sus ejemplos. Por J. C. N. S.




Fuentes: 
Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.




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